miércoles, 19 de agosto de 2015

Koné estaba triste


Miguel Pedrajo y Koné entrenando
ya con el Real Oviedo

La historia de Koné en el Racing es una larga historia de desencuentros. Una historia que a vuelapluma cuenta tres descensos, un ascenso a 2ª en el que tiene mucha culpa, un reguero de expulsiones absurdas y unos cuantos pulsos con sucesivas directivas para forzar su salida a Osasuna, al Betis, a donde fuere pero siempre lejos de Santander y la lluvia fina de La Albericia.

En la temporada de máxima intensidad choricera, allá por el 2013, le pregunté a Koné si la mítica y justificada pitada del minuto 13 le descentraba y le sacaba del partido. Me contestó que no pero que tampoco sabía muy bien por qué pitaban ni a qué venia todo ese jaleo. Así es Koné y así son muchos futbolistas, centrados en el prao y en sí mismos, ajenos a lo que se dice o se comenta fuera. Tan ajeno que difícilmente logró medir las consecuencias de sus decisiones o de sus chantajes durante estos dos años.

A Koné se le ha consentido mucho porque el gol siempre es caro. Pasaporte, molestias…todos los síntomas del futbolista que está triste. Y mejor no tenerlo que tenerlo descontento. Por eso y por los ingresos económicos impropios para un jugador aún en proceso de recuperación de una lesión muy grave (con el apoyo un readaptador físico muy profesional como Miguel Pedrajo), la operación para el Racing es excelente, inesperada, milagrosa. Ayer no valía nada, hoy se lo rifan con compra encubierta a través de cesión. Sobresaliente Manolo Higuera, pulso con Botas incluido. 

Koné rompe el mercado de Segunda y veremos si el buen rollo en el vestuario del Oviedo. Dios quiera que no. Eso sí, el delantero marfileño no se ha ido del todo. Sigue ligado al Racing y cabe la posibilidad de un regreso a Santander y su lluvia fina dentro de un año.

La grada tiene memoria, pero también perdona, como el costamarfileño, que a su vez perdonaría el 15% de un futuro traspaso, una nómina y media y una prima por goles. Una forma de compensar los desencuentros con una afición que siempre le ha dado cariño cuando él estaba triste.


Pierre Mahe

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