viernes, 7 de agosto de 2015

Los que no saben


Hubo un tiempo feliz, descaradamente feliz, en lo que de verdad importaba era que la pelotita entrase. Un tiempo de difícil recuerdo, incluso para los más jóvenes, en que lo importante era que el delantero rival fallara, y no que fallara el juzgado de lo mercantil, la sala segunda, el TSJ, el TAD y el TUS.

Recuerdo, o mejor dicho, trato de recordar la última vez que fui al Sardinero sin preocuparme por la propiedad, el accionariado, el consejo, AUPA, la APR, el bar de la Gradona, el chiringuito de Tebas, el tugurio de Cardenal. No lo consigo. Algunos tratan de remediar lo imposible. “Ojalá que volvamos a hablar de fútbol…” i¡Hipócritas! Se os ve a la legua.

Estáis deseando una nueva polémica para tener algo consistente que comentar porque sabéis, como yo, que en lo deportivo la conversación no os duraría ni lo que tardáis en vaciar la primera mini-caña (con el ridículo añadido de hacer creer a vuestra pareja que os estáis cuidando…. tomarse 17 mini-cañas no es cuidarse…no lo es).

El racinguismo se ha convertido en un formidable vivero de expertos de todo tipo. Paco sabe un montón de derecho mercantil, Manu es un lince de Hacienda sin haber rellenado nunca una declaración de la renta por sí solo, y si escucháis atentamente a Pepe, él fue quien inspiro el control económico a Tebas. Hay tanto experto suelto y desaprovechado que ciertamente el nivel de paro en la región es un caso para Cuarto Milenio.

¿Quién nos robó la santa inocencia de los domingos para siempre reflejada en estas ingenuas y patéticas palabras “HOMBRE, CLARO QUE HOY GANAMOS”? ¿Quién fue? ¿Pernia, Harry, Ali, los tres jinetes de la apocalipsis? ¿O fue el propio fútbol y su tremendo sopor quien nos apartó del prao para centrarnos en las Salesas?

No tengo respuestas. Sin embargo, desde mi tribuna castigada por el sol los menos días y al resguardo del viento traicionero, sigo escuchando gente sensata. Aficionados, socios, que vienen a ver fútbol. Pobres diablos, pensé en un principio. Estaba equivocado. Viven en la ignorancia feliz del que viene a ver a su equipo y no a una mercantil. Están contentos si ganamos, están tristes si perdemos, “éste jugó bien, el árbitro fue un cabrón, oye, tú, que nos vemos en dos semanas”. Pasan de dimes y diretes, de luces y taquígrafos, de la equipación fea o bonita, de cien indiscreciones y de mil polémicas.

Pero sé que podremos contar con ellos el día que haya que plantarse nuevamente. Porque no son tontos. Simplemente pasan.

En realidad, los que no saben…sí que saben.

Pierre Alain Mahe

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