lunes, 10 de agosto de 2015

Tulismo



Una niña con carita angelical y con su bufanda del Racing al cuello mira a su padre con esos ojitos que presagian la llegada de una pregunta embarazosa. Aprieta un poco más fuerte la mano de su progenitor y dispara: “Papá, ¿dónde está la vaca?”. El padre, abonado del club desde hace muuuuuchos años se queda unos segundos en blanco. No es la primera vez que su hijita le incomoda con la misma cuestión. Es igual que cuando van de viaje y le martillea con el cansino “cuánto falta, papá” en el coche. Siempre que la lleva a El Sardinero la chiquita le pregunta por la maldita Tula y al padre se le rompe el corazón. Duda si contarle la vedad y hablarle de Pernía, de Jose Campos, del concurso de acreedores y de la liberación del club. Fantasea con inventarse una burrada, que a Tula la despiezaron y se la comió a la brasa un madrileño seboso cuando vino de vacaciones a sanear las cuentas regionales. Que la atacó el Babazorro del Alavés y que el Racing todavía no ha cobrado la subvención como les pasa a los ganaderos de Liébana. Se siente en un episodio de 'Mentes Criminales'. Un poco psicópata. Ve a la cría gritando horrorizada: “¡Nooooooooooo¡”. En la cabeza se le congela la imagen de su niñita con un primerísimo primer plano del rostro desencajado y tras un zoom bestial digno de Valerio Lazarov, como en una película de serie Z, surge de la nada el ‘The End’. Suda y suda. ESTOY DE LA VACA HASTA LOS C… Sin embargo, el padre respira hondo y cuenta hasta tres. Es un responsable cabeza de familia. Opta por guardar un silencio prolongado y volver a muuuuuurmurar que hoy tampoco ha entrado en la convocatoria la vaca.

Los niños echan de menos a Tula. Esta escena es más o menos verídica. El padre mantuvo la calma (también más o menos), porque terminó silbando a Andreu como un loco, pero eso es otra historia. Al fútbol español le falta fomentar un ambiente familiar en los estadios, que durante el partido se habilite una ludoteca-guardería, que se celebren cumpleaños infantiles y esas cosas que hace la gente con niños pequeños. Está muy bien La Gradona y su máquina de humo, pero no es apta para chavalines de seis años. Las mascotas tienen esa función, las familias se hacen fotos, los pardillos selfies y los peluches aguardan a las Navidades en las estanterías de la tienda del club. En Estados Unidos saben mucho de estas ocurrencias y hasta el último equipo de Arkansas tiene una mascota con merchandaising a la venta disponible para todo el planeta. Y les aseguro que no tienen ni un pelo (como Botas) de tontos.

Cuento vaquitas tulas por las noches antes de dormir y me pongo nostálgico con este vídeo impagable de la LFP. Es un clásico moderno. Al central Bernardo Espinosa le metieron en un buen embolado. El pobre acierta a hilvanar un par de tópicos abrazado al animal de felpa. "Ella es una mascota muy tranquila, no se mete con los contrarios, únicamente se dedica a animar a nuestro equipo". Tula era mansa e inocente. Como dice un refrán pasiego: "Nunca verás a una vaca en el circo". Son animales bastante tontorrones. Entre la música hortera que acompaña al videoclip parece escucharse el sonido de un campano. Insuperable. Culminación kitsch. ¿Quién lió al pobre Bernardo para perpetrar este engendro? ¿Le dieron un premio de la Hostelería de Cantabria? ¿Hubo que repetir muchas veces la toma? Todas ellas son preguntas incómodas y la respuesta no está ni en el viento.

En el vídeo, la vaca pinta llega a marcar un gol e incluso hace dos controles de balón seguidos… Es mucho más de lo que les he visto hacer a unos cuantos fichajes del Racing. Siempre me dicen que Tula está marcada por haber nacido en la etapa de Francisco Pernía, que no es recuperable. "Tula ha muerto, hazte a la idea", me consuelan con palmaditas en el hombro. Solomillos en ese estómago madrileño. Otros que tomaban café con el presi todos los días han tenido más suerte. Ya saben, las marcas a fuego sociales son como tatuajes de quita y pon.

Por si alguien en el club se anima a rescatar a Tula del túnel del tiempo, su última dirección conocida la sitúa pastando en Comillas. Parece que la secuestró Isaíto Gutiérrez, que tampoco quedó marcado como la res e incluso le presentaron a alcalde del pueblo sin mucho éxito. Se la llevaron a traición en un mercado de invierno frío y sin sentimientos. También cuenta la leyenda negra que el Racing nunca llegó a pagar el traje, dejando un cañón de de unos cuantos miles de euros. Así que la vaca está sin papeles. Fugitiva. Tula era un activo, como dicen ahora los economistas en los juicios del Racing, y nadie sabe a dónde fue a parar o si abonaron por ella un puñado de euros al club.

No me resisto a hablar de Sardi. Lo sabéis. No necesito deciros nada más. Se escucha una ola llegar como un tsunami a los Campos de Sport. En su cresta está la mascota del Mundial de vela… Las malas lenguas rumorean que echó el currículum en las oficinas del Racing, pero que Higuera está muy liado con no sé qué de un delantero y de unos pagos a la Agencia Tributaria. De verdad, dejad que los niños tengan su mascota. Será bueno para el Racing.

Fran Díez

Tula con la camiseta del Comillas... ¡Alta traición!

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