martes, 27 de octubre de 2015

Esclavos de nuestras palabras


Que los miembros del actual Consejo del Racing son honrados y trabajadores, creo que hay poca gente que lo dude. Bueno, alguno habrá, como siempre, pero, básicamente, la mayoría del racinguismo tiene fe en la actual directiva. Tan cierta es esta afirmación como lo es el hecho de que hay determinados factores del farragoso mundo del fútbol que nuestros nueve jinetes del Apocalipsis (en realidad ocho, porque Manolo Higuera lleva también el caballo de Inmoarrabi) no controlan bien, en la mayoría de los casos por desconocimiento del terreno sobre el que pisan.

Uno de los puntos negros del Consejo es, sin duda, la comunicación. Desde la errática campaña de abonados hasta el eterno anuncio del delantero sustituto de Koné, pasando por el triste caso Elche/LFP… La forma de transmitir la información del Racing no ha parecido demasiado acertada. Prácticamente, a ningún miembro del territorio racinguista, en el que conviven aficionados, medios de comunicación, incluso los propios directivos, le ha extrañado lo más mínimo la desaparición del mundo mediático del designado portavoz del Consejo. Después de un verano ajetreado, en el que íbamos a aparición diaria con declaraciones “top”, parece que se decidió enviar al portavoz titular al banquillo y sustituirle por otro compañero, aunque esa no fuera su posición ideal y tuviera que jugar a pierna cambiada.

Emulando a Ryan Giggs en los Red Devils, Manolo Higuera decidió ejercer de jugador-entrenador (presidente-portavoz), con la seguridad de que la experiencia que ya tenía delante de los micrófonos nos llevaría por el buen camino. Craso error. Como el que se toma tres gintonics antes de declararse a una chavala, Manolo Higuera se viene arriba en cualquier entrevista y augura unas buenas noticias que, desgraciadamente, casi nunca se producen. La última fue la de “que nos quiten los seis puntos si quieren… ¡si al final nos van a sobrar!”, como Torrente cuando se iba de fiesta con sus colegas y gritaba "¡Vamos chavales, que paga Torrente!”, aún a sabiendas de que su bolsillo estaba más vacío que el Coliseum Alfonso Pérez.

Estamos de acuerdo en que para vender cualquier producto, incluso un equipo de fútbol, hay que transmitir positivismo, pero hay que ir con cuidado de no excederse. Quizás, gran parte de la frustración que tenemos hoy en día, podría haberse mitigado levemente con declaraciones más moderadas. Dado que, quitando cuatro “estudiosos” del inframundo futbolístico, ninguno conocíamos bien a la mayoría de los jugadores que han llegado este verano al Racing, en vez de hablar de “la mejor plantilla de la categoría”, de “equipo top”, y demás… Podrían haber tirado del inmenso libro de tópicos del fútbol y haber lanzado un mensaje más sereno: “Tenemos una buena plantilla, pero es necesario que jugadores y técnicos se acoplen y que cojan el ritmo a la categoría. No será fácil, pero creemos que al final estaremos arriba y blablablá…”. ¿Sabéis los chistes esos que circulan por las redes sociales, en los que hay varias columnas con frases, y las combines como las combines, siempre resulta algo parecido? Pues eso.

A pesar de esos pequeños errores, con la certeza de que el aprendizaje forzoso que está llevando este Consejo dará sus frutos, yo sigo confiando en ellos. Claro que sí. Nadie nació aprendido. ¡Come on!

Raúl Lastra

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