lunes, 12 de octubre de 2015

No hay nada como la distancia


La vida sigue igual. Llegarán los trenes a las ciudades y los aviones a los aeropuertos. El servicio de la limpieza empezará puntual con sus tareas. Vomitarán delante de mi portal. Las cafeteras, los periódicos de la mañana, las tertulias del medio día, el documental de La 2, la irritante película en su vigesimoquinta reposición. Todo seguirá igual. Y en ese panorama de tedio y normalidad, no faltarán las papardas del Racing.

La paparda otoño/invierno 2016 se lleva muy ajustada y todo gracias a la dieta Munitis. La dieta Munitis es un invento. Te machacas en pretemporada sin resultado. Pain y no gain. La paparda de este año es frecuente y generosa, se lleva en tonos de Liga pero también de Copa. Va con todo, se pega con todos y va por ustedes, que dirían en las tardes de corrida. A esta paparda le sobran los calificativos y a los racinguistas nos sobran ya los motivos para exigir cambios profundos en el banquillo.

La gente pidió a gritos que se relajara la tensión. Pero la derrota ante el Pontevedra es sal pura para las heridas acumuladas, son 10 kilos de anchoas y otros tantos de mojama para el hipertenso. Es sangrante la imagen, es demasiado sudor para el delantero fondón y son lágrimas para el espectador. Todos salen perdiendo y la entidad, sí, eso, el Glorioso, el Viejo, el Único, llamémosla por su nombre, el Racing, va camino de convertirse a todas luces en un equipo de Segunda B.

Al mal tiempo, cara de Munitis. La “leyenda reconvertida en entrenador” no se relaja ni en la sesión fotográfica para el patrocinio del decano de la prensa cántabra. Cuando vi la instantánea y el rostro del técnico, pensé que nos patrocinaba Nereo. Y es que muere el fútbol cada semana al ver jugar a este equipo. ¡Llamen al 112! ¿Hay un entrenador aquí? ¿O un preparador físico para los primeros auxilios?

Pongámosle números: 8 partidos. 3 derrotas, 2 empates, 11 puntos, a 8 ó 14 puntos del líder descuenten el IVA y la sanción FIFA. Pongámosle letras: fracaso. No valen las excusas. Uno ya no puede esconderse detrás de la planificación, la pretemporada o que ayer en Santander hacía calor. Al cuerpo técnico se le agotaron las excusas y el tiempo. El resultado es una mezcla letal de frustración y violencia entre aficionados de una misma hinchada. Entre todos la querían y ya saben…

No me apuntaré al “ya lo dije” ni ejerceré de Casandra del tres al cuarto. Ante la decepción inmediata, distancia. Escribo estas líneas desde la admiración a Munitis y los 11.000 kilómetros que momentáneamente me separan de Santander. No hay nada como la distancia, atempera la decepción. Al del Barrio Pesquero lo mandaron injustamente a Badajoz. Quizás otro destierro, esta vez voluntario, le permita regresar como entrenador y leyenda. Mientras tanto, actúen, que se desangran la grada, el campo y el club.

Pierre Mahe

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