lunes, 30 de noviembre de 2015

Confianza, esfuerzo y respeto


Esas tres palabras por distintos motivos son utilizadas por mí de manera continua. Son palabras que surgieron en cierta etapa de mi vida y que recuerdo cuando tengo que afrontar un problema o simplemente como filosofía de vida. Pero aquí hablamos de fútbol y voy a hablar sobre el matiz que para mí ha mejorado a este equipo: la confianza.

No sé si será casualidad, pero desde que el equipo trabaja con un psicólogo, los resultados han mejorado. La confianza en uno mismo suele ser un grado importante para la superación de los problemas. Este valor en el fútbol es muy importante porque ayuda al futbolista a transformar el plan que tiene en mente en una jugada, en un pase, en un gol.

Ahora este equipo juega más concentrado y confía en el planteamiento que dispone en los partidos. Además, volvió al equipo Borja Granero, un jugador que por experiencia y por su manera de ser, transmite confianza a los que le rodean. Si sumamos, que salió del equipo uno que había perdido la confianza (Sotres) y que la directiva dio un voto de confianza al entrenador, pues obtenemos el siguiente resultado: el equipo tiene una trayectoria ascendente.

Se habló hace semanas del exceso de presión de los jugadores, del miedo a fallar, de que sentían ese “canguelo” que tienen los que no confían en sí mismos. Pero al final han sabido sobreponerse a todo esto y lo vivido, como todo en la vida, les hará más fuertes.


Proactividad
El poder psicológico en el mundo del fútbol es mucho mayor de lo que creemos. La presión que ejerce la grada, la prensa o la propia mente del futbolista tiene que ser gestionada de manera proactiva por el grupo y por el individuo. Quizá sin esa confianza propia, sin esa gestión de grupo, muchos grandes jugadores y equipos de la historia no hubiesen sido tal.

Pedro Munitis está ya más confiado. Cree que encontró el camino táctico y el once que le puede dar éxitos. Perdió la confianza en unos, la ganó en otros. Simplemente escuchando la rueda de prensa del domingo se ve ya a un entrenador distinto. Quizá su falta de experiencia esté siendo compensada con un esfuerzo extra. Pero Munitis nunca fue el alma de la fiesta, es un tipo más serio que cercano y por eso vemos que delega. No se le caen los anillos en rectificar o en recibir ayuda ajena como ocurre con el psicólogo y su labor. Quizá eso sea lo que ha cambiado en este equipo y la confianza en sí mismos que empiezan ya a destilar.

Adrián Gómez

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