lunes, 23 de noviembre de 2015

El Sardinero era una fiesta


Los ánimos estaban templados y la grada tiritaba. Con los goles se calienta el ambiente, sean estos a favor o en contra. Caliente estaba yo cuando veía que al final de la primera parte el Racing volvía a conformarse con una victoria de mínimos, poniéndose una vez más a tiro, a una jugada, a un error, a un capricho del destino que a veces es menos caprichoso que la FIFA. Porque ayer otro resultado en el marcador que no fuera abultado hubiese sido incomprensible. Esta vez cambiamos la tensión de las finales por el placentero discurrir de los trámites. No quiero quitarle méritos a la actuación del equipo cántabro menospreciando la del Cacereño. Los extremeños se llevaron una tromba de goles pero tampoco fue un baño de dimensiones diluvianas. Superiores, claramente, niítidamente pero no asquerosamente superiores.

A la fiesta del gol llegó Coulibaly con chaqué y pajarita. Couly es un jugador al que suelen oponer el derecho de admisión y que llevaba años sin acertar en la tarima de los 16,5. Pero ayer el senegalés no llegó solo al salón de bailes sino escoltado por un tío alto y acostumbrado a moverse en ambientes elegantes. Niñas al salón, que el Dioni está en la ciudad. Granero, Peña y Dani se deslizaban bajo la bola de luces del círculo central. Fiesta, after y a otra cosa.

Vivimos en clasificaciones paralelas. Una con, la otra sin. Y como suele pasar con la cerveza, la “con” es mejor que la “sin”. Les aconsejo tragar con la “sin”. Cuesta, es amarga, pero es mejor para la salud.

En un ejercicio de ventajismo muy natural, muchos ayer recordaron tiempos no tan pasado en los que yo como tantos otros cuestionamos la continuidad de Munitis. Lo uno no quita lo otro, las victorias de hoy no lavan los esperpentos de comienzos y no tan comienzos de temporada. Ganar como el que no quiere, ese es el camino de los grandes en una liga de 38 jornadas. Ganar por inercia, dejando clara la superioridad, empapando con autoridad los encuentros hasta ahogar al rival. 

Ojalá sea la confirmación del punto de inflexión de Guijuelo. Ojalá sea la remontada. Porque no hay ni filias ni fobias. Porque la Segunda B es una fiesta en la que hasta Couly puede bailar en el área. Porque el Sardinero ayer, con sus goteras, con sus miserias, era una fiesta.

Pierre Mahe

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