lunes, 16 de noviembre de 2015

Las dudas razonables


Era otra final. Jornada 13 y ya van unas cuantas finales en las que nos jugamos la temporada y Munitis su carrera en esto del “fúrbol”. El estado de pánico como forma de vida. O todo o nada. El abismo a 90 minutos. En un campo con más líneas pintadas que un cuadro de Mondrian y un descampao por tribuna, el club cántabro celebró con inusitada efusividad un triunfo en el filo del cuchillo jamonero. Munitismo contra el Bellotismo. En el gol de Dioni el balón hizo saltar el granulado de coco, poliuretano, tacos de jamón o lo que tengan allí en el césped sintético. El tanto de Peña originó el salto de los escasos aficionados verdiblancos congregados en Guijuelo y las dudas sobre la continuidad de Pedro.

Ayer, más de uno, entre los cuales no me cuento, deseaba con mayor o menor intensidad un resultado negativo para hacer limpia en el banquillo. ¿Está bien? No. ¿Es estético? Tampoco. ¿Es comprensible? Pues sí. Que una parte consecuente de la hinchada desee o conciba la derrota de su equipo del alma no es buen síntoma. Gol, pero... ¿Más vale un parche de tres puntos o un roto definitivo cambiando al entrenador? Suena a una de esos dilemas difíciles de resolver: qué prefieres, que te persigan toda tu vida cincuenta patos allá donde vayáis o tener brazos hechos de esponja. Duda razonable. ¿Qué prefieres? ¿Tres puntos y Munitis o cero puntos y fulanito de tal para recibir al Cacereño? La urgencia y el aliento de la sanción FIFA en el cogote hacen que queramos coger los puntos y echar a correr, por lo que pueda pasar. Santa Rita lo que se da, te lo quita la FIFA.


¿Es la felicidad un gozo tan inmediato? ¿Puede un gol a favor o en contra en el 89 borrar todo lo demás? Ensimismado en estas cuestiones y valorando lo de los patos por enésima vez, me mantuve ajeno al partido hasta asegurarme de que ya había acabado. Me alegré. Me deprimí al pensar que estaba pensando que me alegraba en lugar de alegrarme a secas. Resolví lo de los patos. No sé ustedes pero yo me quedaría con estos animaluchos. Me recogí a casa. Comí algo de jamón pensando en el granulado del coco y consideré que mezclar jamón y coco no daría nunca una buena tapa, ni aunque me la tomara en Donosti con la buena gente de Inmoarrabi. Vi unas cuantas fotos de vestuario con gente feliz, me volví a alegrar y caí en que las toallas que tapaban las intimidades de los jugadores eran de Kelme. En ese momento, consideré que era mejor que las llevaran de Kelme a que no las llevaran y el disgusto primero y el consiguiente trabajo después que supondría para el CM del Racing ir pixelando uno por uno.

Habrá que apelar al liderazgo, a la unión sagrada en torno a Munitis y a los jugadores. Y durará lo que tarde el equipo en encajar otro golpe, otra derrota. Porque ya no hay margen. Porque todo son urgencias relativas. El fútbol, aunque lo parezca, no es lo más importante de nuestras vidas, por este motivo tenemos que celebrar su profunda levedad. La levedad del granulado de coco, o del material que quiera que sea, al botar el balón.

Pierre Mahe

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