lunes, 9 de noviembre de 2015

Lo cotidiano y lo extraordinario


Munitis preparaba una revolución para el once y casi surtió efecto. De haberla llevado a cabo en la portería quizás estaríamos hablando de otra cosa. Los jugadores desterrados que, por algún motivo ya no contaban, volvieron para ocupar los puestos de Hevia, Cerro... Totum revolotum. Pero las revoluciones en el Racing duran lo que duran: 30 minutos y zas, apagón. El equipo “revolucionario” se aburguesó frente a un triste Burgos con el transcurrir de los minutos, disfrutando plácidamente de una segunda parte de sueño. El Racing, demasiado complaciente, no quiso, no pudo, matar un encuentro fácil. Jugador que cuenta, jugador que se acomoda.

El general para esta revolución no estaba en el banquillo sino en el centro del campo. Borja Granero fue quien llevó las tropas y cuando se fue, acabó la guerra, acabó el fútbol. La auto-gestión funciona cuando hay un jugador para gestionar. La revolución iba tiñéndose paulatinamente de decadencia. El gran estallido se produjo cuando Sotres dejó pasar el balón por el Arco del empate. Pedro Munitis cual Luis XVI un 13 de julio de 1789 ajeno a las protestas se “ve con fuerzas”. Y nosotros estamos agotados. “¿Tú me conoces?” pregunta Pedro en sala de prensa desde la superioridad que conlleva vestir un chándal con sus iniciales. Si es que ya nos conocemos, y ese, precisamente, es el problema.

Hay muchas cosas extraordinarias que se están convirtiendo en dramáticamente cotidianas en este Racing 15/16. Que el Racing pierda o empate en Segunda B. Que un entrenador en ciernes parezca ser quien decide sobre su continuidad. Que gradas y tribunas se enfrenten. Que al campo no vayan ni la mitad de los socios. Que una vieja gloria entrenando con el primer equipo sea lo único que se les ocurre para levantar los ánimos. A la inversa, hay cosas ordinarias que no deberían ser extraordinarias y que nos venden como tal. ¿Acaso debemos celebrar una inscripción en el registro mercantil como un gol en el 93? Esto es fútbol, no la liga de despachos de Cantabria.

“Cuando lo extraordinario se hace cotidiano, estamos en presencia de la revolución”, dijo, supuestamente Ernesto Che Guevara. El club está inmerso en un proceso pre-revolucionario y en las buenas revoluciones se cortan cabezas. La de Sotres no puede ser suficiente, porque quien le puso cuando no estaba para jugar es tan responsable como él y porque esa misma persona le guillotinó en sala de prensa. Cargar toda la culpa sobre Sotres es un acto ruin de mal entrenador.

Este era el Racing de los “buenos y profesionales” frente al de “los malos y chapuceros”. La decepción está a la altura de la ilusión que generaron. Hoy es siempre todavía, mañana será tarde. Hagan su revolución, corten cabezas. Porque hay una cosa terrible que sucede después de las revoluciones…la contrarrevolución.

Pierre Mahe

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