jueves, 3 de diciembre de 2015

Ya no vamos de Couly


Ya no vamos de Couly, el sol brilla, el cielo es azul y los pajaritos cantan en la pradera verdiblanca. De los inventores del mediapuntismo, el munitismo y el coulibalismo llega ahora el palmerismo, el dar palmas por todo... Nada que ver con Palmerín, la mascota del Betis, que aquí no tenemos ya de eso y enterramos a la vaca Tula hace mucho tiempo. ¡Muerte a la felpa! El animal tenía también sus detractores... y algún partidario, al revés que el delantero senegalés. Siempre hay bandos en el fútbol, que no deja de ser algo muy visceral. Aquí la Guerra Civil se recrea más que en el cine español. Recuerden cuando llegó Gustavo Benítez o con Paco Fernández hace dos temporadas. O con futbolistas, la pugna por la titularidad entre Moro y Saras formó una división mítica en las gradas de los viejos Campos de Sport. Si es mejor que juegue fulanito que menganito y tal, y tal y tal. Ahora entre el A y el B. Facciones hermanas. Ha habido cientos de casos en todos los clubes.

Ahora algunos pretenden que comulguemos con ruedas de molino, crear esos cismas y hacer pandillas colegiales, que haya francotiradores al acecho como en un conflicto bélico y luego los mismos se llevan las manos a la cabeza porque la afición se pita a sí misma o se enzarza en dimes y diretes internos o hasta en peleas con paraguas de destrucción masiva. Mayores contra filiales. Así sigue  de desquiciado el racinguismo y esto con el equipo cuarto en la clasificación. Sin los puntos de la sanción FIFA temería por la llegada del canibalismo verdiblanco.

Esos mismos que alentaron al club y presionaron a Paco Fernández para que fichara al suizo Etienne Sholtz, que está ahora penando en la segunda división suiza, o a Cristian Portilla, dan ahora lecciones con Mohamed Coulibaly. Luego cuando ya no marque goles, supongo que se olvidarán de todo... pero estos días quieren hacer cacería a los que gastaron bromas con el franco-senegalés. Una cosa son las chanzas y otras las críticas constructivas. Criterio ninguno. O poco.

El fichaje de Coulibaly del que nadie se hacía responsable, ahora tiene muchos dueños y se cuelgan medallitas y condecoraciones. A mí me gusta que el africano genere ilusión en la grada y que esté rindiendo bien, por encima de lo esperado, pero desde luego un fichaje así debe ser una excepción y no algo habitual en esta institución. Cantera, recuerden. Ese debe ser nuestro Rosebud. Y el africano, de 27 años, no debería eclipsar a Óscar, Prada, Paulino, Unai… Justo le ficharon en el puesto que acumula más talento de todas las categorías inferiores. ¡Vaya ojo! Y eso en una plantilla con más lagunas en algunas posiciones que Finlandia.

Cuando el equipo no funcionaba y no encontraba su sistema ni su once había que aplaudir, cuando en pretemporada ya se veía venir que el arranque de liga iba ser muy complicado y que no estaba funcionado casi nada… ¿Qué debíamos hacer? ¿Vender humo? Pues no, siempre hay que contar con la objetividad posible lo que ocurre, con todas sus versiones y matices. Y eso es lo que tratamos de hacer cada día. No se engañen, Coulibaly no es Koné ni lo será nunca, ni Munitis es Mourinho, Luis Enrique o Guardiola, aunque irá mejorando como técnico, ya lo está haciendo, de hecho. Ojalá que les vaya bien a los dos, pero por favor... Hay que ser consecuente y realista con lo que se ha visto en el césped. Ni blanco ni negro, escala de grises, aunque en este caso el futbolista sí que sea negro como el tizón y sus goles hayan llegado con mayor o menor fortuna.

Ni se puede criticar todo, ni se debe vitorear cada error, pero en la vida, o en un club de fútbol, hay que mantener un criterio y tener una ética. Criterios que algunos cambian más que una veleta, pero al final, “el agua moja, el cielo es azul y las mujeres tienen secretos”. Lo decía Joe Hallenbeck, sí, el detective de ‘El último Boy Scout’ (1991).

Fran Díez

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