lunes, 18 de enero de 2016

Isma, quédate


Es de recibo agradecer los servicios prestados. El racinguismo se despidió de Chus Hevia y se estaba despidiendo también de Isma Cerro... Pero el extremeño parece que se queda. Pidió al club irse ante la falta de minutos y la llegada de otro delantero, pero el Consejo de administración le ha solicitado paciencia... Tampoco encontró otro destino. Me dicen que Cerro llegó a vaciar su taquilla en La Alberi con sus cosas y sus productos de higiene, blanco y en botella, champú. Aun así, su salida ya no parece segura y tendrá que volver a ordenar todos los botes de su armario. El club necesita tener paciencia con él y él con el club. El cambio en su situación en Santander lo reflejó rápidamente en su red social favorita: Instagram. Esperanza. Fe. El chico peleará por hacerse un hueco en el corazón de Munitis... que no creo que sepa lo que es Instagram.


Hevia nos dejó dos goles, alguna asistencia y unos cuantos minutos destacables. Isma Cerro, de momento, solamente nos ha dejado su colección de selfis, en su coche, con cinturón, sin cinturón, en su casa, con Romeo (su mascota), sin él, en la calle, en lo que él llamaba “el puerto de Santander” y eran los Jardines de Pereda. Podría parecer que me estoy mofando o que estoy menospreciando a Isma Cerro. No me gustan los tatuajes, los perros, las gorras con visera que hacen más sombra que la bandera de Puertochico, las fotos con morritos, la filosofía barata del AlwaysSmiling muy recomendable en este BlueMonday, no compro libros de autoayuda en los aeropuertos, no soy nada aficionado a la peluquería creativa y le dedico un odio especial a todo lo blanco. Blanco y en botella, de La Fábrica.

Isma Cerro podría resumir todo lo que no me gusta, del fútbol, de la insoportable levedad de una sociedad de tronistas. Un amigo me dijo un día que le dolía ver a “este fantoche vistiendo la camiseta del Racing”. Y oiga, no. Le tengo mucho cariño a Isma Cerro. Muchísimo. Sin conocerle. Es poco estético juzgar a las personas por su apariencia y desde los prejuicios sino por sus cualidades profesionales y humanas. Salimos de una semana donde se han vertido ataques infames fundamentados en la apariencia física de algunos de nuestros representantes. ¿Acaso estamos pidiendo que los futbolistas lleven el bigote de Preciado porque aquel fútbol nos parecía más auténtico que el actual? No. Un futbolista está para lo que está, con o sin tatuajes, con o sin morritos, con o sin gomina. A veces, por la importancia que tienen en nuestros domingos por la tarde otorgamos a los futbolistas una responsabilidad que les supera: deben ser ejemplos morales, educativos…Y no. Son chavales como los demás, no son reflejo de la sociedad, son la sociedad.

Desde un punto de vista profesional, en pretemporada, Isma Cerro cuajó muy buenas actuaciones, en concreto contra la Gimnástica. Pero se fue apagando, disfruto de pocos minutos. Isma se convirtió en un Cerro a la izquierda para Munitis. Es una pena. Es un portento técnico que no físico y creo que puede aportar en este equipo, aunque sea colgando un balón de falta en el último minuto del playoff. Durán fue quien puso el esférico sobre la cabeza de Sellares.

Isma quédate, cuelga balones y tatúate el ascenso a Segunda.

Pierre Mahe

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