martes, 16 de febrero de 2016

El último black power del Racing




Todo comenzó en el verano del 2007, en las últimas horas del mercado veraniego. Mohamed Tchité llegó al Racing como el jugador más caro de la historia del club santanderino. El burundés dejó huella en Santander, dio la asistencia más relevante de la centenaria vida del conjunto cántabro y un legado de veinticuatro goles. El delantero africano regresó a Bélgica, que fue de donde había venido, y en esta ocasión se instaló en Lieja por segunda vez para jugar en el Standard. Meses más tarde, apareció un niño en plena adolescencia con condiciones superfluas para el balompié, su nombre era Mamadou Koné.

Siempre que le pregunten, Miguel Ángel Portugal se lo contará. El joven costamarfileño se adentró en un entrenamiento del primer equipo racinguista y le dijo: “Míster, yo quiero entrenar contigo”. El burgalés no le negó la oportunidad y, pese a que su ficha pertenecía al filial, alternaba las sesiones con ambas plantillas. Su mejoría empezó a ser palpable, su evolución le sirvió a Héctor Cúper, que quiso aprovechar su velocidad en la punta de ataque. El técnico argentino lo alineó por primera vez en el Camp Nou, aquel debut de Koné con el primer equipo fue una fugaz esperanza para el racinguismo. El delantero estaba muy verde, pero sus carreras prometían muchos goles.

La temporada siguiente, con el Racing en Segunda División, el delantero de Costa de Marfil dio un paso al frente y anotó cinco goles, fue de lo mejor y único salvable junto a Jairo, de la campaña. La escuadra santanderina volvió a descender. En la 2ªB, Koné se manejó bien, había conocido los campos modestos  desde sus inicios en su país o en el filial racinguista, pero ahora le tocaba ser la estrella. El black power del Racing se encendió como si fuera un dominó de luces verdes aunque por cómo estaba el club y la vestimenta que lucían esa campaña, debieron ser rojas. Sus goles auparon al Racing a la Liga Adelante e incluso demostró su compromiso jugando lesionado la eliminatoria decisiva del playoff. Junto a él estuvo John Ayina, quien llegó muy bajo de forma y terminó como un misil, logrando tres goles en los dos partidos frente al Albacete en la final ed la categoría. Además, el fornido francés logró dos tantos en la temporada regular, pero no continuó en las filas verdiblancas durante el curso siguiente.



Después del verano y unas largas vacaciones, Koné se incorporó al grupo y no reaparecería hasta la quinta jornada. La sanción del año anterior y unos problemas en el hombro retrasaron sus dianas verdiblancas. Con quince encuentros disputados y siete goles conseguidos, su rodilla dijo basta. Su sustituto se llamaba igual, no era de Costa de Marfil sino de un país colindante, y era conocido como el dragón dorado de Senegal, fraguado en Barça y madurado en el conjunto perico. Mamadou Sylla disputó once encuentros con el Racing y logró cuatro tantos.

El delantero que procedía del Espanyol B plasmó su fuerza y su técnica en los partidos que lideró la parcela ofensiva del conjunto cántabro.

El cruel destino despojó al Racing de su sueño y cayó a la tercera categoría del fútbol español en el último partido, en el último minuto y en el final de un suspiro, habiendo ganado su encuentro. La indecisión sobre el devenir del equipo más relevante de Cantabria hizo tocar varios palos. Mamadou Sylla encandiló al cuerpo técnico y estuvo en la lista de fichajes si el equipo hubiese logrado la permanencia en los despachos. Koné pertenecía al Racing, pero los vecinos de Oviedo deseaban al costamarfileño, era la perla de su nuevo proyecto. Después de varios años en Santander, el costamarfileño deseaba respirar otros aires. Munitis no iba a poder contar con ninguno de los dos y le recomendaron a un desconocido Mohamed Coulibaly.

Las críticas sobre la venta de Koné y el fichaje de Coulibaly revolotearon el ambiente. Por si fuera poco, Mamadou Sylla iba a formar parte del primer equipo del RCD Espanyol, el Racing estaba muy lejos de conseguir los goles como antaño, con el black power. La última especia que le faltaba a este cóctel era la incorporación de Tchité a los entrenamientos de Munitis.

Jugaron juntos, igual que el del Pesquero y Koné, y eso parecía ser determinante. En unas jornadas con poca comunicación, Tchité voló hacia Bélgica para escribir su quinta aventura en un equipo de la Jupiler League y lo haría en una nueva ciudad, Sint-Truiden. El Racing se quedó sin el africano.



Contra todo pronóstico, o al menos para algunos, Coulibaly cogería el poder de sus antecesores, y empezó a marcar goles y a dar asistencias. Su juego se reinventó cuando se le colocó en una punta de lanza junto a otro compañero. Los Mamadous combatieron sin acompañantes en muchas batallas, Tchité tuvo varios socios y Coulibaly encontró a su mejor complemento, Dioni. Escoltando a los Mamadous vimos a Mariano, a Miguélez, a Concha, a Quique, a Quini e incluso fantasmas de alto nivel como Saizar y Juanmi.

En los últimos años, en las temporadas más recientes, la fuerza del Racing ha estado propulsada por el black power. Lo primero fue la intuición y la aceleración de Tchité. Más tarde, la evolución de Koné, con su velocidad y sus regates imposibles pero efectivos, además de sus lejanos disparos. Ante su ausencia, su relevo no era calcado, pero tenía ciertas características similares, hablamos de Mamadou Sylla, de su fuerza de la naturaleza y de su álgida zancada. Y por último, el que más ha sorprendido, Coulibaly, vino con silencio y trabajo, con las críticas de enlace, y ahora disfrutamos de su brega, de su potencia y de su lucha. Con sus kilómetros se ganó a La Gradona, con sus asistencias sedujo a la tribuna y gracias a sus goles nos enfrentaremos pronto contra Osasuna. Nadie se olvida de Babacar y todos lo  recuerdan, creo que no hay nada más que hablar. Tratar lo de Akinsola sería dirigirme a los que juegan a la consola, otros muchos no saben quién es.

Arturo Herrera

1 comentario:

  1. Curioso que ahora mismo el mas valorado internacionalmente sea Babacar

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