jueves, 4 de febrero de 2016

La zurda mágica de Zinho


Zinho no ha pasado a la historia del Racing como un gran futbolista, aunque era un jugador con cierta calidad y tenía una zurda prodigiosa. Probablemente, la mayoría de los aficionados de Santander ni le recuerden. Por diferentes motivos no se adaptó a Cantabria y pasó de manera fugaz sin poder ofrecer la mejor versión de su zurda mágica. Parece que los racinguistas nunca han tenido demasiada suerte con los brasileños... O al revés. El Sardinero nunca será Ipanema, por mucho que se intensifique el cambio climático, y tampoco Joao Gilberto cantará 'Santander, la marinera' a ritmo de bossa nova.

Zinho era un centrocampista más técnico que físico, medía 1,68 menos y pesaba poco más de 60 kilos. Podía jugar por el centro, en la mediapunta o algo más retrasado, o escorarse a la izquierda. Tenía un guante en su pie izquierdo y era un excelente futbolista para el juego a balón parado: marcaba goles de falta directa, era un consumado especialista en los penaltis y botaba muy bien los saques de esquina. Tenía una buena visión de juego y era un gran pasador. Un jugón, que dicen ahora. 

Pero un jugador de sus características tenía poco encaje en aquel Racing del 89. La Segunda División era mucho más física que técnica y la escuadra cántabra era más de juego directo que de rasear el balón por el césped del nuevo Sardinero. Más bien, aquella temporada fue de pouco jogo, nada de jogo bonito. Zinho nunca fue un paquete, ni mucho menos. Había destacado en el fútbol portugués, tanto que incluso llegó a ser nombrado mejor extranjero del campeonato en la campaña 84/85.

Celso Santiago de Sousa Zinho nació el 5 de julio de 1962 en Río de Janeiro. Antes de incorporarse al fútbol portugués, donde desarrolló casi toda su carrera, destacó como profesional en el Vasco de Gama de su país. En la temporada 82/83 recaló en el Sporting de Braga, el equipo que disfrutó de su mejor fútbol.

No le fue demasiado bien en su primera campaña en tierras lusas y disputó solamente cinco encuentros en la máxima categoría. Tenía 20 años y le costó adaptarse. El Sporting de Braga concluyó sexto. Después de ese primer año de aclimatación, Zinho comenzó a rendir ya a un gran nivel.




En la temporada 83/84, con el mediapunta brasileño de referencia, el Sporting de Braga logró terminar en la cuarta posición de la máxima categoría portuguesa por detrás de los tres grandes clubes del país: Benfica, Porto y Sporting de Lisboa. Era la mejor clasificación de la historia del club de la ciudad de los Arzobispos, Braga. Con esta calificación los Guerreros del Minho consiguieron una histórica clasificación para la Copa de la UEFA. Zinho era el cerebro de aquel conjunto que entrenaba un mito del Racing de Santander: Quinito. Disputó 28 partidos y marcó tres goles.

La actuación individual de Zinho fue todavía más espectacular en la siguiente campaña. Jugó 29 partidos y anotó 13 goles. Su equipo terminó octavo en la competición liguera, tal vez lastrado por su participación en la Copa de la UEFA, aunque fuese breve. El equipo luso fue eliminado a las primeras de cambio por el Tottenham... El equipo inglés fue tremendamente superior y venció 0-3 en Braga y 6-0 en Londres. Zihno disputó los dos choques. Fue en esa temporada cuando le eligieron mejor extranjero de un campeonato en el que destacaban futbolistas como Zoran Filipovic, Fernando Gomes, Futre, Humberto Coelho o el centrocampista Oceano, que recaló posteriormente en la Real Sociedad.

Esa temporada Zinho fue el autor del 0-1 que le sirvió al Sporting de Braga para vencer al Vitória Setúbal, su archienemigo, y repitió en casa como autor del único gol del encuentro. El ex jugador del Racing tiene su rincón de honor en el derbi del Minho.


En la temporada 85/86 jugó los 30 encuentros de liga y marcó ocho goles. El Sporting de Braga no tenía mucho potencial y concluyó noveno con un cambio de entrenador incluido (Fernando Passos sustituyó a Henrique Calisto)... Zinho aspiraba a más. Y ya estaba en la agenda de conjuntos más poderosos.


Sus buenas actuaciones despertaron el interés de los clubes más potentes de Portugal. Finalmente, fue el Sporting de Lisboa el que le contrató para la temporada 86/87. Zinho comenzó bien, pero sufrió una lesión que le dejó fuera de un equipo envuelto en mil problemas extradeportivos. Los leones terminaron cuartos en el campeonato luso, algo muy poco habitual. La plantilla tuvo aquella campaña tres entrenadores: Manuel José (que fue el que fichó a Zinho y el que confiaba en él), Mateus y Keith Burkinshaw.Fue una de las peores temporadas de la historia de la institución porque además perdieron la final de Copa ante el Benfica. Zinho fue utilizado en 29 partidos oficiales en los que marcó cinco goles. En la portería del equipo lisboeta jugaba otro mito del Racing de Santander: Vítor Damas.

Ese relativo fracaso hizo que le devolvieran al Sporting de Braga. La lesión le había dejado alguna secuela porque no volvió a ser el mismo. Terminaron undécimos y el brasileño jugó 21 partidos en los que marcó dos goles. Al final de la temporada 87/88 rescindió contrato con los de Braga y fichó por el modesto Penafiel, que militaba en la máxima categoría. Zinho rindió por debajo de lo esperado, sobre todo porque padecía bastantes problemas físicos. Solamente jugó 12 partidos y su equipo se salvó por los pelos. Fue entonces cuando recaló en el Racing.

Armando Ufarte era un buen conocedor del mercado brasileño y tenía muchos contactos para traer a futbolistas del país en el que se había criado. Eran otros tiempos y todo funcionaba por referencias de unos y otros, no había vídeos editados ni YouTube. Las amistades del ex internacional español habían fallado la campaña anterior con Élder y Julio César, pero a Ufarte, que creció en Río, le hablaron maravillas de Zinho... Si el mediapunta estaba recuperado de sus problemas físicos era un jugadorazo con 27 años. De la mano del técnico llegaron otros dos brasileños aquella temporada 89/90: Zinho y Roberto de Azevedo, Wanderley. También hubo otro compatriota a prueba, un Ronaldo, que nada tenía que ver con los conocidos.

El rendimiento de Zinho en el Racing no fue malo. Jugó 33 partidos, 28 como titular y 20 completos. Anotó seis goles, cinco de penalti. Otro en un amistoso ante el Bilbao Athletic. Fue el segundo máximo goleador del equipo por detrás del delantero Miro, que anotó uno más. El único tanto que anotó sin ser desde los once metros se lo marcó a Santi Cañizares, entonces guardameta del Castilla. Su compatriota Wanderlei, un centrocampista más trotón que otra cosa, actuó en 22 encuentros, siempre como titular, aunque solamente concluyó 12 en el campo.

El triste e inesperado descenso a 2ªB en la última jornada el Racing fue incapaz de empatar con el Betis y el Eibar "sorprendió" al Español impidió que Zinho continuara en Santander. El brasileño regresó a Portugal, a un equipo menor en una Segunda División recién creada: el Espinho. Allí se mantuvo cuatro temporadas consecutivas y volvió a coincidir con Quinito. En la temporada 91/92 se proclamaron campeones de la categoría de plata portuguesa y lograron el ascenso con un Zinho, otra vez, a pleno rendimiento. Su paso por la máxima categoría fue muy corto, una sola temporada.

Cuando acabó el ejercido 93/94 el jugador regresó a su país. El Espinho había sufrido para mantener la categoría, pese a que su objetivo era retornar a la élite. Quinito había sido destituido y Zinho buscó un nuevo destino en casa. Regresó a Brasil para terminar su carrera como jugador actuando en 1994 en el América FC y al año siguiente en el Madureira en Río de Janeiro.

Zinho se hizo después entrenador y regresó a Portugal para dirigir al Espinho en la temporada 96/97 en Primera División. La primera vuelta del modesto equipo luso fue extraordinaria y terminaron cuartos... Pero la segunda sufrió un gran bajón y el flamante técnico fue destituido. Su sustituto Edmundo Duarte no pudo evitar el descenso. Zinho comenzó la siguiente campaña con el Olhanense, en la segunda categoría lusa. También fue destituido debido a unos resultados pobres. Nunca tuvo mucha suerte, pero sí una zurda prodigiosa de la que casi nadie se acuerda en Santander.

Fran Díez

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