lunes, 1 de febrero de 2016

París - Logroño


Noto cierta satisfacción en el ambiente racinguista y me cuesta entenderlo. El Racing, por resultados, trayectoria e incapacidad manifiesta semana tras semana de afirmarse como equipo, ha tirado la temporada y lo estamos celebrando con una inusitada felicidad de la que, comprenderán, intento mantenerme al margen.

Algún osado trató de convencerme a comienzos de temporada de que “jugar en 2ªB era “bonito”. Existen muchos motivos por los cuales el infierno no es tan infierno. Los desplazamientos son cortos, juegas a campeón, la emoción del play-off, el propio ascenso y la promesa al alba de encontrarte a Tebas en tu cama y con batín de seda serigrafíado con el logo de la LFP tras una noche de euforia, "desfase" de ascenso y "descontrol" presupuestario. Existe un sinfín de motivos por los cuales el infierno, dicen, no es tanto infierno. En realidad, los desplazamientos siguen siendo desplazamientos y no son precisamente cortos, lo de campeón es una quimera, el ascenso una entelequia, lo de Tebas en batín... Bueno, califíquenlo como quieran. 

Sin embargo, haciendo caso omiso a la realidad para sumergirnos en lo bien que desfilamos por las calles de capitales de provincia, todo es estupendo. Para quien no tiene ambiciones más allá de la Calle Laurel entiendo este tipo de planteamiento. Pero para quien se supone, es seguidor de un club histórico, es incomprensible y culpable. Permitirán que les avinagre un ratuco los champiñones.

Algún osado ayer trató de convencernos de que Logroño era nuestro nuevo París. Dos gotas, oigan. Pero para llegar a esta conclusión, hacen falta algo más de dos gotas de Rioja. Como si se pudiera equiparar el techo histórico de este club con el suelo histórico que hemos tocado esta temporada.  Como si Las Gaunas con 7.200 fuesen el Parque de los príncipes con 30.000. Como si París fuese Logroño... Como si los mil kilómetros que separan Santander de París fuesen los 200 de Logroño. Como si los 150.000 habitantes de Logroño fuesen los 12 millones de la región parisina. Como si Titi, Chevi y Pere fueran nuestro horizonte infranqueable. París fue el principio del fin y Logroño puede que sea el final del final. ¿Y pretenden que me conforme con esto? ¿Que Las Gaunas sean nuestro Estadio Azteca? ¿Esos son vuestros aires de grandeza? ¿Vivir agarrados a una botella de Rioja? ¿Acaso soñarán vuestros hijos con volver a pisar el Municipal de Logroño?



No quiero que volvamos a pisar Logroño, ese París de andar por casa. Nunca, jamás, ni por un desvío del GPS, ni para visitar a un familiar ni vaciar una bodega. No quiero volver a ver una retransmisión por Periscope  avergonzado y agazapado como voyeur detrás de una mugrienta cortina (le agradezco la molestia a José Dávila).

Nos tenemos que ir contentos, dijo Munitis ayer, por el juego, llego a remarcar. Que no falte la felicidad que siempre lleva por bandera nuestro entrenador. El equipo lleva un mes entero sin funcionar, la gestión de los cambios demuestra que el empate nos sabía a gloria y evidencia la ambición del primer presupuesto de la categoría. ¿Pero qué me dicen de las ventas de la Laurel ayer? ¿Eh?

Puede que entre pasillo y pasacalles se nos pase el momento. Nos queda la indudable satisfacción de poder desplazar a 2.000 personas a una comunidad autónoma cercana y eso no da puntos. Nos queda la terrible certeza, cada día, cada jornada que pasa, de conformarnos con ser un poco menos grandes. Y nos queda lo peor, que seamos menos grandes a ojos de nuestra propia historia.

Pierre Mahe

2 comentarios:

  1. Creo que te equivocas en muchas cosas, y la más importante, recuerda que estamos en Logroño por los despilfarros que se hicieron para llegar a París.

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  2. Aupa Racing manque pierda!

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