viernes, 5 de febrero de 2016

Un paseo por El Sardinero… no lo hay igual en el mundo entero (¡vaya que no!)


El reloj del coche marca las 16.20. A esa hora nunca hay problemas de aparcamiento en El Sardinero, excepto cuando el Ayuntamiento de Santander nos premia con algún smart-tinglao con carpas y elimina la mitad de las plazas para estacionar los vehículos. Y eso ocurre cada dos por tres. Es pronto, así que decidimos dar una vuelta por el exterior del estadio y saludar a los conocidos antes de entrar a ver al Viejo.

La vuelta al estadio siempre es una aventura, les debe pasar igual a los toreros cuando lo hacen en el ruedo. Unos días les tiran sujetadores y otros  hay división de opiniones: unos se cagan en mi madre y el resto en mi padre. Enseguida hay que abandonar la acera por la enorme smart-terraza de La Tasca, que deja muy poco espacio los días de partido. Se puede pasar tranquilamente por la carretera, porque los racinguistas ya sabemos cómo está el asunto y nadie va demasiado smart-deprisa por esa vía.

Después de saludar a varios conocidos por la zona de la tienda y de las taquillas bordeamos la zona sur del estadio y enfilamos el “lujoso” terreno de la zona oeste del campo. Por aquí se entra al palco, a esos boxes que tienen tintados los cristales de mierda, a la zona de prensa o a la zona mixma, en la que debe de haber de todo, como en las ensaladas de los menús baratos.


Nada más girar en la esquina suroeste podemos escuchar el estruendo de dos grandes grupos electrógenos diésel que se encargan de dar electricidad al estadio, porque hay un transformador estropeado y no se puede tener luz de una manera "normal". Enseguida pienso que no hay problema, porque el próximo lunes pasará por allí el cartero, armado con un carrito con sensores ecológicos, brazo biónico, mirilla térmica y espada láser… y problema arreglado. Los sensores percibirán el olor del gasoil y una luz roja, bueno no, azul, se encenderá en el despacho de nuestro Mayor (para qué vamos a utilizar el castellano pudiendo ser más cool y hacerlo en inglés, que se note que somos modernos, ¡cojones!), activando de inmediato todos los protocolos medioambientales para evitar que tal cosa suceda. Por supuesto, no sucede. Los grupos electrógenos llevan allí un montón de tiempo... y lo que te rondaré, morena. 

Cabe recordar que de ese transformador estropeado también tira el propio Ayuntamiento para el alumbrado de la S-20, Aqualia para una depuradora y una empresa de telefonía móvil para una antena cercana. No parece lo más lógico que la costosa reparación corra a cargo del bolsillo del Racing exclusivamente. Mientras se ponen de acuerdo, seguimos haciendo las delicias de la gasolinera más cercana y de la empresa que alquila los generadores.


Seguimos con el paseo y llegamos a la esquina noroeste del estadio, un poco más adelante de la entrada al local de la APR. Cada vez que paso por aquí recuerdo como hace unos dos años cayeron apenas a un metro nuestro varios smart-cascotes de un tamaño más que considerable. Sonó la flauta y no nos abrieron la cabeza, para decepción de algunos, pero estuvimos cerca. Previo aviso, los bomberos procedieron a acordonar aquella zona para proteger al resto de racinguistas. Cada vez que pasamos por ahí miramos hacia arriba para ver si se ha reparado la fachada. Para nada. No es necesario. Seguimos arriesgando para dar más emoción a los pre-partidos. Cuenta la leyenda que también es habitual que los días de mucho viento salgan volando las planchas metálicas de la cubierta. Reconozco no haberlo visto, pero seguiré comprando papeletas.


Nuestro paseo termina en la esquina noreste del campo. Otro grupo electrógeno hace retumbar las mermadas paredes de El Sardinero. Cierro los ojos y me imagino subiendo El Escudo a bordo de un Pegaso Troner, pero los baches y socavones de la acera me invitan a abrirlos otra vez porque no tengo ganas de visitar Valdecilla si no es estrictamente necesario, y ya asumo bastantes riesgos en la 'Cascote’s Zone'. Llama la atención que los accesos a la zona de discapacitados estén tan mal. Si al menos se pudiera hacer que las aceras no sean como el Dragon Khan, la vida sería mucho más fácil para todos.

28 años, 28, han pasado desde que se inauguró este estadio. No ha recibido ni un solo trabajo de mantenimiento, ni tan siquiera una triste barrita de silicona. Va siendo hora  de que el propietario, el Ayuntamiento de Santander, haga las reparaciones más urgentes antes de que haya una catástrofe y nos llevemos todos las manos a la cabeza. Nadie pide un estadio Fifa 5 estrellas, con que no muera nadie nos damos por contentos.

Raúl Lastra

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