martes, 8 de marzo de 2016

¿A quién le interesa el futbol?


Es tarde de fútbol, cuanta expectación, va a empezar pronto el partido que será devoción cantaba Rina Celi en la miseria de la posguerra. Con poca devoción y excesiva languidez me acerqué al streaming del Racing desoyendo quehaceres dominicales y reproches domésticos. “Mira, hay menos gente que de costumbre, este club está más acabado que UPyD” me dijeron, a lo cual hice oídos munitescos, o sea, sordos. Desde mi madrileño confort de calefacción central y manta polar, me reconfortó precisamente saber que 5106 personas - contando palcos, boxes, ambigús, niños, personal médico, azafatas, personal de limpieza y pese a eso hormigas, cucarachas y seguramente algún que otro roedor -  habían desafiado una mala tarde de invierno para compartir la soledad de la grada. Ellos son el racinguismo viviente. Somos el golpe temible de un campeonato no resuelto. Tiembla Racing altivo y ferrolano que vamos por ti, lanzados, a tumba abierta…como UPyD vamos.

Somozas. El nombre suena bien y  la historia también. Déjenme que se la cuente en un ejercicio tan repugnante como plenamente asumido de copia/pega que tiene una doble ventaja: uno, no me cuesta esfuerzo alguno y dos, rellena la columna ya que esta semana no puede escribir Munitis dimisión (pero tampoco Munitis diversión). Ante todo aclarar que “Somozas” no proviene de mozas pero sí tiene que ver, bueno, sí y no. Al grano.

Leo en la web muy recomendable del susodicho Concello: el origen del nombre de Somozas proviene de un noble francés, Sumaças, cuyas tropas vencieron en Melide a los moros, que recogían el tributo de las cien doncellas, y que motivó que los Reyes de España le otorgaran estas tierras, a las que bautizó con su nombre y que degeneró posteriormente en Somozas. Al parecer, esas cien doncellas, que los moros llevaban para África, eran recogidas por los lugares del municipio y permanecían en la Casa Grande de As Enchousas, que todavía se conserva, hasta que eran embarcadas en puerto hacia su destino africano. Una vez emprendido el camino hacia el nuevo continente, los lugareños subían al monte más alto del municipio, desde el que se contempla el mar, y exclamaban llorando “polo mar van, polo mar van” que también degeneró para dar nombre a esa altitud, el lugar de Marbán.

Resumiendo, para los de la comprensión lectora deficiente: una encantadora historia de mozas raptadas por moros y gente llorando y señalando barcos que las llevaban a África. Muy bonito. Pero sin duda lo más bonito es que hubo una época en que los franceses ayudaban a los españoles y no les invadían, y los españoles daban tierras a los franceses y no les volcaban camiones. Ahora, lo que no ha cambiado es el don que tenemos para los idiomas…”Sumaças” se transformó en “Somozas”. Un diez. Ah y que muy originales tampoco somos. Llamar un sitio “Marbán” por que la gente decía allí “por la mar van” es como llamar un acantilado “Sapegao” porque un día alguien dijo “vaya hostia aquel se ha pegado”, un sinsentido.

Pero volvamos al huerto, del francés. El Racing volvió a jugar a lo que mejor sabe, a nada. Al menos durante la primera parte. Un zapatazo de Dani y una contra heroica del suplente Oscar Fernandez en la segunda y para casa que ya no quedan ni cucarachas ni roedores. Y haciendo Munitis por el foro, abandonaron los aficionados el destartalado Sardinero.

La semana que viene toca Valladolid B. A lo grande, en el Zorrilla, en el estadio de la pulmonía. Si gana el Racing, seguro que les cuento otra bonita historia para rellenar esta columna. Porque de aquí a mediados de mayo, díganme, ¿a quién le interesa el fútbol?

Pierre Mahe

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