viernes, 18 de marzo de 2016

¿Cómo hemos llegado a esto?


Racinguistas, ¿cómo cojones hemos llegado a esto?

Decía Francisco Pernía que la gestión profesional de un club de fútbol debía apoyarse en tres pilares fundamentales: el deportivo, el económico y el social. Para nuestra desgracia, el hombre de la sonrisa permanente estará hoy disfrutando de lo lindo al ver cómo ese racinguismo que prometía unión y vendetta, aquel del 31 de enero, está hoy sumido en una crisis interna que puede llevar al club a la desaparición.

Vayamos partido a partido, pilar a pilar.

En lo deportivo, los de Pedro Munitis tienen los mismos números que en 2014, sin embargo en este curso, hay varios compañeros de clase que también quieren la matrícula de honor. Antes de la victoria en Pucela, el del Pesquero necesitaba “un partido completo” reflejando que aunque los números no son malos, las sensaciones no terminan de enganchar al aficionado. Es precisamente esa falta de continuidad, esa alternancia de buenos y malos ratos, lo que está alimentando una ola de antimunitistismo que empieza a rozar lo obsesivo.

Si en lo deportivo el enfermo camina con dificultad, en lo económico los familiares del enfermo comienzan a discutir si entierro o incineración. El embargo de Hacienda bloquea los ingresos y el manido convenio de patrocinio con el Gobierno de Cantabria se anuncia como la única salida. Dinero público y Racing de Santander. Mala combinación, más división.

Es entendible entonces que si lo deportivo y lo económico está fracturando el racinguismo, la crispación en lo social sea cada vez más preocupante. Preocupante porque se están generando bandos. Preocupante porque se está llevando a lo personal. Preocupante porque se está perdiendo el Norte. Preocupante porque cuando se acerca el momento clave, el barco empieza a girar en círculos ya que cada bando rema en direcciones encontradas. “Alma marinera”, decía aquel.

El racinguismo está desquiciado, más incluso que durante aquella época de comidas en La Bombi y facturas de dudosa procedencia. Más, mucho más. El desquiciamiento colectivo ha superado la barrera de los silbidos, de los pañuelos blancos o del ‘fuera fuera’. El desquiciamiento ha degenerado en buenos y malos, en descalificaciones, en desunión, en odio entre racinguistas. Cada vez peor, cada vez más rotos. Cada vez más tú, cada vez más yo sin rastro de nosotros. Una locura.

Repito, ¿cómo cojones hemos llegado a esto racinguistas? ¿Es acaso Pedro Munitis el entrenador más sinvergüenza que hemos tenido en nuestra historia? ¿No se acuerdan de los violines? ¿Son estos jugadores la mayor banda de caraduras que ha vestido la verdiblanca? ¿No se acuerdan de las luces de neón y las fiestas posderrota? ¿Es este Consejo una banda de sinvergüenzas cuyo único propósito es expoliar el club? ¿No se acuerdan del Racing Primavera y las facturas del abogado? Crítica, pañuelos y abucheos, pero respeto.

Memoria compañeros, memoria. Munitis será bueno o malo. Será válido o no, pero es de los nuestros.
Memoria compañeros, memoria. Este Consejo de Administración está formado por racinguistas que están poniendo tiempo y dinero por salvar al club. Bien o mal, pero racinguistas.

Memoria porque éste es el Racing que nos unió contra los malos, el que nos emocionó en aquel ascenso y el que nos hizo llorar con aquel gol en el último minuto. Memoria.

Bruno Novo


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