domingo, 20 de marzo de 2016

El bueno, el feo y el malo del Racing - Cultural


El bueno
Paco Fernández le hizo debutar en Segunda División. Apenas fueron dos ratos, pero lo suficiente para ver que el chaval tenía madera. Aquella pretemporada le marcó un golazo a la Gimnástica de Torrelavega y siempre ha tenido algo fundamental para triunfar en el fútbol profesional: velocidad. Óscar Fernández también tiene gol, aunque esta temporada las circunstancias se obcecaban en demostrar lo contrario. Ahora el de Renedo de Piélagos está en racha y tiene que sacrificarse menos en defensa. Es uno de los mejores de la primera plantilla y duele verle en el banquillo o siendo el primer cambio en demasiadas ocasiones. En verano lo querían condenar al B, con Carlos Pouso al acecho para ficharle para el UD Logroñés y utilizarle de segundo delantero. Junto con Migue fueron dos puñales en cada banda ante la Cultural Leonesa, una parcela fundamental en el fútbol. A Munitis, a veces, se le olvida que tiene muy buenos extremos para jugar de una manera tan clásica como efectiva, entrar por banda en velocidad y centrar el balón al área. El abecé del fútbol. Ahora ya parece que los dos están asentados, cada uno en su carril, sin piernas cambiadas ni experimentos de científico loco. Y funciona.


El feo
Según los datos oficiales del club hubo 6.860 espectadores en los Campos de Sport, pero mirabas la Tribuna y se te caía el alma a los pies. Cada 15 días parece que asistimos a la representación de ‘Diez negritos’ de Agatha Christie y que algún otro abonado se ha quedado en casa o ha sido asesinado por algún antirracinguista con el convenio publicitario como móvil del crimen. Resulta bastante triste. Es cierto que desde el club no tienen porque engañar a nadie y que los porteros registran la asistencia con una aplicación en sus teléfonos móviles. Cuentan los niños, periodistas y hasta las palomas… Los Campos de Sport se quedan grandes y parecen fríos, pero de 6.860 a 5.000 ó 5.500, que es lo que se calcula a ojo de buen cubero, tampoco es que exista una diferencia abismal. La recta final del campeonato, que se presenta emocionante, y la fase de ascenso seguro que atraen a muchos racinguistas que han preferido hibernar en estos tiempos de frío racinguista.

El malo
Otra vez los cánticos, otra vez los pitos. Es una pena pero al final el enésimo incidente similar empañó el ambiente en un día de triunfo y tranquilidad. A Pedro Munitis le coge todo en medio porque los silbidos tienen más que ver con la actitud de La Gradona que con el entrenador. Otro sector del racinguismo no comulga con los criterios de la grada de animación y está a la que salta para expresar su reprobación. En el minuto 21 sonó el ‘Illa, illa, illa, Munitis maravilla’ y la consabida respuesta de música de viento. Duelo de gradas. Resulta esperpéntico que silben en estos momentos y que este asunto no esté ya superado, pero parece que forma parte de esa guerra entre dos sectores de la afición irreconciliables. Quizá un ascenso les una en amor y armonía. Luego se coreó el “Munitis mátalo, Munitis mátalo” y también fue censurado con silbidos más o menos audibles, así que se estableció una especie de competición ridícula. De verdad, que no tiene sentido lo que ocurre. Munitis trató de cortarlo en la sala de prensa y aseguró que se siente incómodo como protagonista para lo bueno y para lo malo, cuando le aplauden y alaban o cuando le silban y le critican. Tengamos la fiesta en paz.

Fran Díez

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