jueves, 14 de abril de 2016

La eterna sonrisa de Regueiro


El uruguayo Mario Regueiro estuvo cinco temporadas en el Racing (de 2000 a 2005) y siempre con una sonrisa dibujada en el rostro, aunque no fuese tan feliz como aparentaba. Inocente, tímido, con cara de no haber roto un plato en su vida, no podía ocultar que era buena gente, aunque justo antes de llegar a Santander había pasado nueve días en la cárcel a causa de una pelea multitudinaria que se produjo en el césped de un terreno de juego nada más terminar un clásico entre el Peñarol y el Nacional de Montevideo. El partido concluyó en empate a uno y precisamente había sido el extremo zurdo el que había logrado el gol del empate para los albos. Otros ocho jugadores y el técnico del Peñarol terminaron también entre rejas acusados por un juez que presenciaba el encuentro en la grada y que actuó de oficio para dar ejemplo al resto del país y fomentar el juego limpio. Un tipo como Mario Regueiro no debería pisar una prisión nunca jamás en este mundo.

El uruguayo fichó en el mercado de invierno por los racinguistas y en su primer partido en El Sardinero marcó un golazo nada menos que al Barcelona, al que los cántabros derrotaron 4-0. Era un jugador rapidísimo, que podía jugar de lateral, carrilero o extremo en la banda izquierda. Le faltaba algo de templanza para el gol y el pase, aunque se adivinaban en él las condiciones de un futbolista que podía ser muy grande. Enorme. "¡Vaya fichaje!", murmuraba la grada aquel día de goleada a los catalanes.

Siempre dio la sensación de que Regueiro no terminó de explotar sus virtudes del todo, de alcanzar el nivel de estrella mundial que presagiaban sus éxitos internacionales cuando se proclamó subcampeón del mundo en 1997 con la selección celeste sub-20 en Malasia, pero el veloz futbolista charrúa llegó a disputar un Mundial absoluto, el de 2002, que no es poco, y pudo jugar muchas campañas en la élite. En su palmarés figuran dos campeonatos ligueros con el Nacional y una Copa con el Cerro en Uruguay. Durante años fue un fijo de la selección charrúa.

Junto a su compatriota Pablo García

Del club montañés se fue al Valencia, un fichaje que terminó en los tribunales. La escuadra santanderina reclamó al club che 1,6 millones de euros, pero en Santander solamente se llegó a cobrar una parte... Allí cuajó dos campañas muy irregulares y una grave lesión hizo que su estancia en Mestalla llegase a su fin con más pena que gloria. Terminó cedido en el Murcia disputó 23 partidos en Primera con los pimentoneros y luego en el Aris de Salónica en la temporada 2008/2009. Su paso por Grecia hizo que pensase en regresar a Sudamérica, ya de vivir el caos que fuese al menos cerca de casa... Y fichó por el Lanús en Argentina. En 2001 estuvo a punto de ganar el Trofeo Apertura con los granates.

Allí la vida iba a asestar un golpe mortal a esa felicidad despreocupada que transmitía Mario Regueiro. En 2011 dos de sus sobrinos, de 18 y 19 años, murieron tiroteados en un barrio problemático de la capital de Uruguay. En 2013, nada más fichar por el Racing de Avellaneda, perdió a otra sobrina en un accidente de tráfico. Su hermana no pudo superar la muerte de la pequeña y se suicidó con 43 años. Mario Regueiro cayó en una profunda depresión y abandonó el fútbol rescindiendo su contrato con los racinguistas albicelestes. Tenía 35 años. Afortunadamente, el balón le ayudó a olvidar toda aquella tragedia familiar y regresó a la competición profesional en su país. «El mejor homenaje que le puedo dar a mi hermana es estar dentro de la cancha, volver a reírme, que era donde más le gustaba verme», aseguró una vez recuperado. Firmó con el Defensor Sporting y poco después volvió al Cerro, el equipo con el que había debutado en la máxima categoría del fútbol charrúa. El balón, el fútbol como un juego, le devolvió un poco de la vida que se le había ido con los fallecimientos de varios de sus seres queridos.


El extremo sudamericano no se consideraba religioso, pero cuando vivía en Cantabria todas las semanas depositaba un ramo de flores a los pies de la Virgen del Carmen en Revilla de Camargo o en alguna otra iglesia si no podía acercarse hasta aquella. En casa eran diez hermanos, siete chicas y tres varones, una familia humilde aunque nunca les faltó de nada.

Hace poco recuperé un vídeo de un reportaje que elaboré en 2002 para TeleCabarga. Mario se prestó a todo, siempre con su amabilidad y simpatía… Organizamos una carrera ficticia en las pistas de atletismo de La Albericia entre el rapidísimo uruguayo y el Coyote racinguista, un muñeco de peluche que tenía su compañero José Sietes y que servía de mascota en el vestuario y en el programa ‘Once más uno’. El futbolista no había pasado una buena etapa, en Segunda División no contó demasiado para Quique Setién y no se adaptó a jugar con menos espacios en la categoría de plata del fútbol español. Incluso Mario reconoce en esa entrevista que atravesó un momento un poco triste en su vida… Pese a todo, no dejó nunca de mostrarnos su mejor cara.



En junio de 2015 Regueiro dejó el fútbol definitivamente y lo hizo por la puerta grande, marcando un gol, precisamente la que siempre fue su asignatura pendiente en Europa. Tenía velocidad, pero le faltaba dar bien ese último pase o finalizar las jugadas con disparos a puerta. En su último partido en activo no falló y su tanto le dio la permanencia en la máxima categoría al Cerro. En este club de Montevideo debutó en 1996 con 18 años. "Fue difícil manejar la emoción. La voz se me estaba quebrando y me aguantaba. Fueron tantos golpes seguidos los últimos dos años que uno se acuerda de la gente que ya no tenés. Ayer se me juntó todo, alegría, emoción y felicidad, pero a la misma vez amargura porque me han tocado vivir situaciones muy pesadas como los familiares que se me han ido en estos últimos dos años", contó emocionado a una radio de su país. "El retiro mío fue muy especial. Si había algo para regalar y el homenaje que le podría hacer a mi hermana era lo de ayer, dejar el club en Primera que tanto ella quería y amaba", señaló el ex jugador del Racing de Santander. La sonrisa de Regueiro es difícil de olvidar y creo que la recuerdo más que sus goles.

Fran Díez

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