jueves, 26 de mayo de 2016

La ansiedad


Martes por la mañana, el director de este medio me manda un whatsapp amenazador: “¿Oye, cuando me vas a mandar la contra?”. Tardé en contestar, como el alumno indisciplinado que no ha cumplido con su obligación. “Me pilla fatal, son días complicados y además tengo la moral por los suelos desde el domingo”. No me apetecía escribir. Abría y cerraba el Word frenéticamente y así no hay forma de sacar una contracrónica. He escrito de todo estos últimos días. Cosas variopintas e inesperadas que por discreción y contrato no puedo revelar ni aquí ni en ningún sitio. Habría escrito de todo, desde esquelas hasta la lista de la compra, desde discursos de Ignacio Diego hasta tuits de Revilla, desde chistes de Arévalo a guiones de Gym Tony, artículos del Hola y editoriales de OKDiario pasando por videos de Aless Gibaja. De todo oigan, habría escrito cualquier cosa antes que escribir esta miserable contracrónica después del miserable partido de la miserable tarde de domingo del miserable playoff de ascenso a la miserable Liga Adelante.

Martes por la noche, el director insiste: “¿Cuento contigo mañana?”. “Cuenta conmigo”, contesté como un cobarde. Y a la mañana siguiente seguía sin cumplir. Pillé un taxi antes de la primera hora de la mañana y saqué el ordenador portátil para darle a la tecla mientras voceaba Carlos Herrera y Madrid se desperezaba entre porras y cafés con sacarina. El taxi, contemplando los glúteos de una atrevida ciclista por Alcalá, quiso que aportara mi testimonio sobre la escultural y femenina versión del Miguel Indurain. “Debe de ser asqueroso estar con una tía que tiene más músculos que tú, ¿no cree? Yo nunca he estado con un tío, pero imagino que debe de ser lo mismo”, filosofó. Aparté el ordenador portátil, coloqué el pulgar y el índice sobre mi tabique nasal como aquel que no puede con el mundo o con la soberana soplapollez que acaba de oír: “Pues si le digo la verdad, no opino al respecto”. Pensó el taxista que esto era una invitación a proseguir con su sesudo análisis: “Hombre, una mujer tiene que tener ahí su buena chica, no le digo que se tiene que recoger las carnes con una faja eh, bueno, no sé”. Cerré el fichero que llevaba por título “Munitis tiene la culpa”, recogí el ordenador, pagué, salí, toreé con sumo arte un Skoda y un Peugeot y traté de borrar de mi mente la imagen de una señora entrada en carnes encorsetada en una faja.


Miércoles por la noche. El director desesperado: “Oye, que ya si eso, déjalo para la contraprevia”. Conté la verdad: “Mira, es que no puedo, tengo ansiedad y me bloqueo, no me sale nada”. “Como el Racing” contestó. Quedamos en que al día siguiente trataría de producir algo, ni bueno ni malo, algo para salir del paso. “Mañana hay rueda de prensa de Munitis, ya si eso le sacas partido”. Jueves a mediodía. Munitismo en estado puro. Esta vez desenfundé yo el Whatsapp: “Ya lo tengo, pones la rueda de prensa del entrenador así, literal, y ya hay crónica. Yo no llegaría a hacer tanta gracia ni queriendo ni sin querer”. El director se mosqueó. “A ver, llevas desde el lunes sin escribir y ¿ahora quieres que la contra sea la rueda de prensa de Munitis?”. “SÍ”, respondí en mayúsculas. “¿A que es buena idea eh?”, me regodeé. Con modales discutibles me mando al rincón de escribir y me dijo que no conseguiría vencer mi ansiedad ni cumplir con mi compromiso con un copia y pega de rueda de prensa y que eso era tomarle el pelo a los lectores. Traté de hacerle ver que eso no era nada comparado con la tomadura de pelo del entrenador del Racing a día de hoy. “Este no es el debate”, dando por zanjado la conversación.


Ansiedad. Una extraña sensación que todos podemos conocer en algún momento cuando la responsabilidad nos atenaza. O tampoco. El taxista cincuentón y fondón del martes sentía ansiedad al imaginarse mantener relación íntimas con una mujer ciclista 30 años menor que él y una firmeza glútea por encima de la media nacional. La ansiedad es buena cuentan los libros de autoayuda que Munitis se compra en los aeropuertos. O no. O sí. Yo que sé. Y si la ansiedad es sólo una excusa. Todo el año con que “el campo estaba en mal estado” y hoy “que el campo estaba demasiado eufórico”.

Como soy tonto, me tragaré el partido del domingo. Con la fe de los imbéciles y de quien ha aguantado esta triste temporada. No se escondan más por favor, cuerpo técnico y jugadores, y comparezcan, desde el minuto uno, a tratar si se puede de levantar este desastre. Y que el lunes no me cueste tanto escribir que el Racing no ha subido a Segunda, pero que la temporada no está perdida. Se lo pide mucha gente humilde y trabajadora que sí tiene ansiedad por el hoy y el mañana y que viene al campo los domingos, en comunión, a celebrar que durante dos horas no hay cosa más grande ni más importante que el Racing. Por ellos, joder, por ellos.

Pierre Mahe

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