miércoles, 11 de mayo de 2016

La seriedad de ITM


Cuando llovían las críticas sobre Pedro Munitis en mitad de una fuerte tormenta de malos resultados el técnico del Barrio Pesquero mencionó la presencia de “francotiradores” en el entorno racinguista. Estuvo sembrado con el uso de ese término y no es habitual en el exfutbolista, parco en palabras y titulares. Ya sea en los aspectos deportivos o extradeportivos, todo lo que rodea al Racing está expuesto a la crítica virulenta. En cualquier coincidencia se ve una conspiración y el mínimo atisbo de sospecha sirve para tratar de disparar una ráfaga agazapado desde las ventanas de cada edificio. Hay miles de tiradores sanguinarios encantados de sembrar el suelo de casquillos y los oídos de cuchicheos.

El club santanderino está siempre en el punto de mira de un rifle con mira telescópica. Lo vivimos, y sufrimos, con la última ampliación de capital. Siempre lo sencillo es destruir, no aportar soluciones. Si le dan dinero público al Racing, mal; si le dan dinero las empresas privadas, también mal. Odio. Rencor. Intereses varios. Ese cainismo cántabro tan traído y llevado. Ha salido a relucir hasta ese pique absurdo y pintoresco entre Santander y Torrelavega. En esta región escarpada ponerse de acuerdo en algo que no sea luchar contra la invasión romana es imposible. Las tribus, que suelen ser de uno, prefieren masacrarse entre ellas.

Ahora se pone en duda la solvencia de ITM con argumentos tan banales como si un hijo de Francisco Pernía trabaja en la empresa de comercial, si son de la zona del Besaya o trabajan con el Gobierno de Cantabria. Se disparan las alarmas, nunca mejor dicho con esta empresa. “¡Es todo una maquinación para encubrir una nueva operación diabólica urdida por Agudo y Pernía en la sombra!”, claman los sacerdotes en el templo rasgándose las vestiduras. Suena a disparate si no viviésemos en este estado de psicopatía permanente alrededor de este club de fútbol.


El propietario del 100% de las acciones de ITM es Tower Valley. Una sociedad limitada de la que son socios únicos los torrelaveguenses Alfredo Pérez y Joaquín Ortiz. Su capital social es de 24,2 millones de euros del que desembolsaron 13,4. En el gráfico superior se puede apreciar la dimensión de su conglomerado de compañías… Y estas solamente son en las que participan con el total del accionariado. A esto hay que añadir las sociedades de las que tienen una participación menor. Alfredo Pérez es consejero de Dominion, de la que Tower Valley poseía un 5% antes de salir a Bolsa. El Santander pagó en el parqué unos 25 millones de euros por el 6%. Tiene más de 5.000 trabajadores en 28 países y facturó 525 millones… La máxima accionista de Dominion es CIE Automotive, Antón Pradera preside ambas sociedades, con más de un 60% de acciones. CIE Automotive está valorada en más de 2.000 millones de euros. Al igual que Dominion no para de crecer en todo el mundo. Ser uno de los accionistas importantes de esta empresa es algo a tener muy en cuenta y si ITM desembarca en el Racing abre puertas inimaginables hasta la fecha. La empresa vizcaína se ha interesado en el deporte hace poco y patrocinó esta temporada al Bilbao Basquet en la ACB con 800.000 euros. Allí nadie urdió una trama imaginaria con los oscuros intereses de la compañía por apoyar a un equipo deportivo en apuros…

Si alguien piensa que una empresa o unos empresarios de este nivel, siendo además cántabros, se prestan a juegos extraños están equivocados. Los agoreros ya anuncian maquiavélicas operaciones con el Ejecutivo de Cantabria, que desde luego ha visto como maná caído del cielo la opción de que una empresa privada quiera ayudar y les eche un cable en el espinoso asunto racinguista… Un balón que quemaba. ¿Trabajarán en la Comunidad Autónoma? ¿Conseguirán contratos públicos? Seguro. Ya lo hacen, pero el porcentaje de su negocio en la región es muy pequeño y lo seguirá siendo. En torno al 1%. Una empresa privada busca el beneficio por definición, es obvio, y obtendrá rentabilidad publicitaria o económica de su inversión. Cómo no. Se harán conocidos, mediáticos, el fútbol abre puertas y palcos… Lo normal. No es pecado. También arriesgan su dinero. Son inversiones. Ese ambiente de sospecha y las especulaciones, los rumores y las puñaladas llegan a ser ridículos, pero hacen daño. Una cosa es mantener un espíritu crítico y otra muy distinta ser un paranoico destructivo.

¿Por qué no compraron el Racing en la ampliación? Es otra de las cuestiones que está en la cabeza de los aficionados. Considero que son asuntos muy diferentes. Comprar el Racing también es asumir su deuda, con la concursal hablamos de un pasivo de más de 30 millones de euros. Un riesgo para cualquiera. Pero quizá lo peor sea tomar las riendas de la gestión en un negocio tan polémico, mediático y volátil… La pelotita no entra o el fichaje estrella se lesiona. Y ojo, que ser el máximo accionista no permite utilizar el club como soporte publicitario. El dueño paga a su vez por cada valla publicitaria o por la publicidad en la camiseta. Eso lo aprendió bien Jesús Gil y Gil vía juzgado. ITM se interesó en el club a principios de abril, cuando el club solicitaba ayuda de manera agónica… De la desesperación surge siempre el ingenio, la solución, el levantarse y seguir corriendo tan del deporte. Entiendo cierto recelo, por lo sufrido en esta institución en la última década, pero también tengo claro que la llegada de nuevos aliados es un regalo para el club. No son Alí, que no pasó ni la prueba del algodón de Google. Se hacen cargo de la deuda con Hacienda, 9,5 millones, y tienen gran parte de los soportes publicitarios del club durante una década. No es mal negocio.

Fran Díez

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