lunes, 13 de junio de 2016

El bueno, el feo y el malo del Racing - Cádiz


El bueno
No hay consuelo posible. La maldita sensación de fracaso no termina de diluirse con el paso de las horas. Lo único positivo de la desgracia es una hipotética catarsis que obligue de una vez por todas a sentar en el Racing unas bases sólidas y profesionales, pero en la miseria movediza es difícil construir nada. Remodela que algo queda. El bálsamo era pensar que si no era el Cádiz hubiese sido el Lleida después el que apease al club santanderino del fútbol de plata. Todo estuvo en contra desde el principio. Munitis no ha sido el culpable único, aunque está claro que su cuota de responsabilidad como entrenador ha sido grande, el mismo lo reconocía como un señor. Se han hecho muchas cosas mal y es lógico que por ese camino no se llegue al destino. Habrá que sacar conclusiones y aprender de lo vivido. El Racing seguirá en ruta, de eso no hay duda, y estará bien acompañado en la travesía por el desierto.

El feo
Lanzar un vaso de plástico y que se derrame la preciada cerveza cerca del colegiado en el minuto 84 es imperdonable… y no lo digo por la bebida. Así lo hizo constar el árbitro en el acta, especificando: “Cayó al terreno de juego un vaso de plástico volcando líquido en el terreno de juego”. Las lágrimas que regaron la  hierba fueron de lúpulo. Es imperdonable y hay que ser consciente de que algo así puede hacer mucho daño al club. Hasta en eso falló el racinguismo.



El malo
Ni un gol legal en toda la fase de ascenso. Tres anulados por fuera de juego y los tres a Dioni, que echó cuerpo a tierra al terminar el duelo como fulminado por los dioses. El peso de la culpa quizá, aunque esa carga nunca recae en un solo hombre. El primero ante el Cádiz parecía anulado correctamente, aunque fuese por muy poco. Hubiese sido decisivo. El otro tal vez fue legal, pero ya no cambiaba nada porque el equipo hubiese necesitado otros dos en 12 minutos y era incapaz de hacer ni uno en milenios. Sin goles no hay ascenso. El delantero que se trajo para la fase de ascenso no pudo disputar ni un solo choque del play-off. Todo un Pumpi-off. Al final, la tostada racinguista siempre cae por el lado de la mantequilla… Lo que se debe evitar es que caiga al suelo, no hacer malabarismos con el pan. Con la comida no se juega ni se arriesga.

Fran Díez

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