jueves, 2 de junio de 2016

El mejor gol de la historia de la Liga


Dicen que ha sido el mejor gol de la historia de la Liga, aunque desgraciadamente lo encajó el Racing. Así es el club cántabro, que está en todas… Pocas veces para lo bueno y casi siempre para lo malo. El auténtico pupas. El autor de la obra maestra fue Mágico González, tan talentoso como intermitente, genial como perezoso. Goles legendarios ha habido muchos, pero éste del salvadoreño tiene varios detalles que lo hicieron muy especial. Eterno. Fue el tercer y último tanto de un Cádiz 3-Racing 0 y el portero cántabro Pedro Alba contribuyó decisivamente a que el gol entrase en la categoría de leyenda al acercarse hasta el medio campo para dar la enhorabuena al jugador centroamericano.

«Tengo que reconocer que esperaba que el balón no entrara. Estaba convencido de que volviéndome iba a recoger la pelota después de pegar en el larguero... Pero no fue así. Tenía que darle mano porque fue algo extraordinario, no lo volví a hacer nunca más en mi carrera», recuerda el guardameta santanderino. Mágico González recortó a Chiri, Sañudo y Roncal en apenas tres metros danzando perpendicular a la raya que delimita el final del área grande. Ante la salida de cancerbero cántabro, el salvadoreño sorprendió con una vaselina que parecía que no iba a serlo. El balón golpeó en el larguero con un Carranza en vilo y entró a gol. Entró en la leyenda y en la cultura popular del fútbol ochentero, una extraña mitología para un par de generaciones con sus dioses, héroes y villanos. 14 de septiembre de 1986.


Mágico había saltado al campo con una pluma entre las medias, dentro de una de sus espinilleras, como amuleto. La fábula dice que era un homenaje a ‘El Gavilán’, uno de los bares que más frecuentaba el futbolista.

Ni Cádiz ni Racing de Santander conocían la victoria al llegar a esa cuarta jornada liguera por lo que había muchas necesidades y angustias en el césped. Se encargó de disiparlas para los andaluces el jugador centroamericano con dos goles en el minuto 29 y en el 48. Ya mandando en el marcador 2-0 y tras haber fallado dos penaltis, uno el propio salvadoreño y otro Mario Cabrera, llegó el gol sublime. En el minuto 69 el Mago convirtió un gol para la historia del cadismo y del fútbol mundial. Uno de los más bellos tantos que se han visto en el estadio Carranza, quizás el mejor.

Pedro Alba recogió el balón del fondo de la red y recorrió medio campo para felicitar a Jorge Alberto González Barillas en el círculo central. Le dio la mano y la enhorabuena sincera por el gol y por su portentosa actuación. Ya estaba todo decidido. «Fue el mejor gol que me marcaron en toda mi carrera deportiva. Desde entonces más de una vez me han preguntado por él. Así es la vida de un portero, qué le vamos a hacer». Su gesto de caballerosidad deportiva sirvió para acrecentar la leyenda de un futbolista muy especial. «Era un gran jugador, con unas condiciones tremendas, pero sin continuidad», define Alba.


A Manuel Roncal le rompió la cintura, como se suele decir. Fue el tercer y último defensa que trató de parar el slalom del salvadoreño. «Yo venía desde un lateral y me tiré a la desesperada, pero no hubo forma de quitarle el balón. Me regateó y marcó un golazo», evoca el ex futbolista cántabro. Roncal considera que «aquel gol fue el mejor que he visto nunca en mis años de profesional. Fue un gol mágico, como era él. Un fuera de serie, fuera de lo común, por entonces era el Maradona de la Liga española». José María Maguregui en la sala de prensa dijo que el tercer tanto había sido un gol antológico. Aquel domingo por la noche Matías Prats abrió 'Estudio Estadio' con el gol de González y el flamear de pañuelos de la afición cadista. Algo poco usual para un futbolista que militaba en un club modesto.



En el exterior del estadio le aguardaron un buen rato unos 200 aficionados que querían pasearle a hombros, como a los toreros. Había sido el héroe del día. Todos se quedaron con las ganas. Después de la ducha, González quiso ser como su apellido, una persona anónima y fundirse con el resto. Ser una más lejos de la magia. Los hinchas se fueron disipando. La estrella renunciaba a serlo y les dejó plantados. Se quedó sentado en la grada viendo el partido del Cádiz juvenil. Musitó lacónico que había tenido suerte de marcar tres goles. «Hoy me buscó el gol», suspiró enigmático. «Fui salvando obstáculos según las piernas que me salían y buscando hueco para tirar. Sólo me creí que era gol cuando la pelota superó al portero», manifestaba sobre el tanto más famoso de su carrera.

Fran Díez

Más historias como esta en el libro
'Otras 100 anécdotas del Racing',
disponible en la tienda del club y
librerías de Cantabria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario