viernes, 10 de junio de 2016

La liguilla de Irigoyen


En la temporada 1986/1987 el Racing sufrió un descenso que en realidad nunca debió ser tal. Aquella campaña no bajó el peor equipo sobre el césped. En primera instancia el club santanderino se salvó y ya celebraba la permanencia cuando fue de nuevo llamado a filas... La famosa liguilla que se sacó de la chistera el presidente del Cádiz, Manuel Irigoyen, condenó al Racing a unos años negros como castigo a una temporada de juego rancio. Aquella treta de los despachos federativos se ha quedado grabada a fuego en la memoria colectiva del racinguismo como una de sus mayores pesadillas. Una injusticia tremenda. Algo que tuvo poco que ver con el deporte.

Fue la última temporada como entrenador del Racing de José María Maguregui y la que en gran parte ‘manchó’ su historial como técnico en el club montañés, aunque realmente el objetivo de la permanencia con una plantilla joven y de cantera se cumplió si no llega a ser por ese ardid federativo del dirigente cadista. Tampoco había plantilla para grandes alardes en Santander...

La principal novedad en el plantel fue la del dublinés Liam Buckley, procedente del Waregem de Bélgica con el que había logrado llegar a las semifinales de la Copa de la UEFA. Eso sí había jugado 25 partidos del campeonato belga y había marcado solamente cinco goles… Escaso bagaje ofensivo para un delantero. Buckley, más rematador que rápido, llegaba para suplir a Campbell y al lesionado Víctor Diego, que únicamente pudo jugar cinco partidos a final de temporada, solo uno de ellos como titular, 189 minutos en total.


Para sustituir la baja del mediocentro Donnerup se fichó al bético José Carlos Suárez. El gallego, pese a su calidad, no se asentó en el equipo de Maguregui sobre todo por un mal estado físico que le impidió consolidarse como titular en su única temporada en Santander. Suárez había sido la estrella de la cantera céltica, pero siempre había sido un jugador envuelto en polémicas… Sus dos primeros goles se los había marcado al Racing en Balaídos en marzo de 1977, 2-0. En 1983 el Betis había pagado 25 millones de pesetas por él como recambio de Cardeñosa. Se retiró en Santander con 30 años. Tenía calidad, mucho nombre, pero ya muy poco físico. El vasco Ocenda, otro de los fichajes, tampoco tuvo continuidad por las lesiones.

En definitiva, fueron altas de saldo, había poca pólvora en la delantera y un Maguregui cansado después de tantos años en el banquillo racinguista. El técnico vasco se empecinó todavía más en su sistema ultradefensivo creyendo, quizá con motivos sobrados, que con aquella plantilla no se podía hacer otra cosa. Seguramente, a Maguregui le hubiera gustado cambiar de aires en verano viendo que el equipo no se reforzaba a su gusto y que tenía otras ofertas económicas mucho mejores. Pero el vizcaíno se quedó y en cierta manera cumplió con la misión casi imposible de salvar la categoría.

En las alineaciones racinguistas de aquella temporada hubo habitualmente un mínimo de siete cántabros en el once titular. La cantera fue, como siempre en momentos de crisis, la solución a todos los males de los penosos fichajes, porque el presupuesto de la campaña fue superior a los 300 millones de pesetas.

Durante la pretemporada Maguregui meditó ceder al joven Álvaro Cervera, cuyo juego no casaba con su fútbol defensivo, pero al final el joven extremo siguió en el equipo para convertirse, cuando las circunstancias obligan al técnico vasco a alinearle, en el futbolista más desequilibrante de aquel Racing. Hoy Cervera es el técnico del Cádiz. Cosas del destino.

La Primera División se reestructuraba a final de aquella temporada para ampliarse de 18 a 20 equipos, lo que propiciaba que solo descendiera un equipo… Que de una manera rocambolesca iba a terminar siendo el Racing. A la fase regular se añadía un extraño play-off que alargaba la competición de manera innecesaria. Tras la primera fase se dividía a los equipos en tres grupos de seis que debían enfrentarse entre ellos a doble partido. Este caótico sistema terminó con una Liga de 44 partidos y el Cádiz como colista con 29 puntos, cuatro menos que un Racing que, anteúltimo, se creía salvado y llegó a dar las vacaciones a los futbolistas. Al fin y al cabo, si tenía que bajar uno éste debía ser el último de la tabla.

Con lo que nadie contaba es con otra fase final más... ¡La llamada liguilla de Irigoyen! Fue un Liga interminable, nunca se han jugado tantos encuentros en la competición doméstica, ni siquiera cuando se celebró una Primera División de 22 equipos. Con el play-off final, el Racing, el Cádiz y el Osasuna jugaron más partidos que cualquier otro equipo en toda la historia de la competición: nada menos que 46.

La temporada comenzó con una derrota ante el Barcelona en los Campos de Sport, y después el Racing sumó un empate y otras dos derrotas ante de ganar su primer partido de la temporada, en la quinta jornada ante el Sabadell, al que se consideraba como principal candidato al descenso. Así, el equipo se instaló desde el principio de la competición en el vagón de cola, y al final de la primera vuelta de la fase regular, tras un pésimo balance a domicilio, es antepenúltimo son dos puntos de renta sobre el colista.

Inesperadamente, en el mes de enero, al comenzar la segunda vuelta, el Racing venció en sus respectivos feudos al Atlético de Madrid y al Athletic, realizando además excelentes partidos y el panorama cambió totalmente. Ni el Real Madrid ni el Barcelona conseguían más que un empate en El Sardinero y se pasó de un -8 a un -3 en la clasificación. Volvió el optimismo y se recordaba que en temporadas anteriores las segundas vueltas del Racing con Maguregui fueron sólidas y fructíferas, pero todo fue un espejismo. A partir de ese momento, el equipo fue a menos y casi se olvidó de jugar al fútbol. El espectáculo que se ofrecía era cada vez más deprimente y el aficionado santanderino, acostumbrado a sufrir, pero no tonto, dio la espalda al equipo como no lo había hecho nunca antes. Cada domingo se veía más cemento en las gradas de los viejos Campos de Sport y esto contribuyó notablemente a incrementar el déficit del club. Era un espectáculo insufrible, pero era Primera División… No valoras algo hasta que no lo pierdes.

En la recta final de la Liga, conscientes ya de que sólo iba a descender un equipo, la plantilla se relajó, y Maguregui, que había tenido que echar mano de los canteranos Álvaro y Miro para la delantera, se encontró además con el contratiempo de perder al cántabro-guineano por lesión para varios partidos. El Racing terminó la fase regular penúltimo, con dos puntos más que el Cádiz y dos menos que el Sabadell.


El Racing quedó así encuadrado con estos dos equipos, Osasuna, Murcia y Las Palmas en la liguilla para la permanencia, que concluyó con el Racing (33 puntos) y el Cádiz (29) en los dos últimos puestos. Los gaditanos habían descendido de no ser por la estratagema federativa de su presidente, pero en el último momento y con el campeonato ya finalizado se decidió disputar un nuevo play-off con los tres últimos clubes. Irigoyen pergeñó un auténtico ejercicio de funambulismo federativo.

¿Por qué Osasuna y Racing plegaron velas ante la absurda petición del Cádiz? En principio, obviamente, se negaron, y en la Federación se les dio la razón. Irigoyen mandó a la segunda reunión a su 'perro de presa', Javier Téllez, como presidente en funciones de los gaditanos. Éste insistió a lo burro en que había que jugar una promoción entre los tres últimos equipos clasificados. Un playoff, después de la Liga y de otra liguilla... Algo surrealista y ya con el Cádiz descendido. Téllez repitió las extrañas teorías de injusticia de Irigoyen y se negó en rotundo a cualquier otra solución. En principio, nadie le hizo caso y se habló del 'rostro' que tenían los cadistas. Pero Irigoyen tenía un as en la manga: el presidente de la Federación, José Luis Roca, le debía un favor por su apoyo en una votación de censura y amenazaba con echar abajo todos los acuerdos en la siguiente asamblea, que tenía un delicado equilibrio.

El secretario general de la Liga, Jesús Samper, calificó la amenaza del Cádiz como «un atentado a la democracia cuando todos los clubes se han mostrado de acuerdo con las propuestas presentadas». Dio lo mismo, Irigoyen removió Roma con Santiago. El Consejo Superior de Deportes, la AFE, la Liga y la Federación temían la amenaza de un conflicto, así que Racing y Osasuna, pensando de manera estúpidamente confiada que como el Cádiz estaba muy mal deportivamente no iba a tener opciones de ganarles, cedieron ante la presión de varios estamentos. Al máximo dirigente del Racing, José Antonio Cagigas, no le quedó otra opción que aceptar, temeroso ante las consecuencias que podría tener plantarse ante la Federación y la Liga, aunque muchos aficionados le pidieron que no cediera al chantaje de los cadistas. El club santanderino se aseguraba una taquilla más y evitaba problemas con las instituciones… Ese era el supuesto consuelo.


Osasuna, Cádiz y Racing jugaron el play-off a una sola vuelta. Al final de los 90 minutos se lanzaría una tanta de penaltis para solventar posibles empates. Esas penas máximas resultaron al final decisivas.

Los cántabros se enfrentaron al Cádiz y al Osasuna por quinta vez –sí, han leído bien, quinta y sin Copa– en la temporada. El sorteo quiso que el primer partido se disputara en los Campos de Sport ante los amarillos, mientras que el segundo debía jugarse en El Sadar de un Osasuna que aquel momento parecía, pese a su mala clasificación, superior al Racing.

Los datos mostraban una gran igualdad: el Cádiz había ganado por 3-0 al Racing en el Carranza y había caído por 2-1 en los viejos Campos de Sport en la primera fase, mientras que en la segunda el resultado había sido de 2-1 en el Cádiz y 3-0 en Santander.


Fue un partido muy tenso, los gaditanos se pusieron por delante con un tanto de Barla y el Racing empató con un gol de Buckley. Luego hubo que lanzar una tanda de penaltis que a la postre resultaron clave. 3-5 perdió el Racing en ella. Isidro lanzó el suyo con mucha desgana y falló. No pensaba que esos penaltis podían servir para algo... Luego el Cádiz empató en casa con el Osasuna y volvió a ganar por penaltis, por lo que en el partido definitivo entre los navarros y el Racing no había posibilidad de llegar a acuerdos ni fórmula matemática para que fuera el Cádiz el descendido.

El 24 de junio de 1987 cuando terminó el partido contra los gaditanos con empate a uno, en las gradas de los Campos de Sport de El Sardinero el comentario que más se escuchó fue: «En Pamplona no ganamos ni borrachos». La afición verdiblanca pensaba que su club estaba virtualmente descendido, pese a que se había logrado una primera permanencia. El ambiente era de una tristeza tremenda porque se creía que aquel iba a ser el último partido de la máxima categoría que iban a presenciar los emblemáticos y vetustos Campos de Sport, cuyo proyecto de derribo para el verano siguiente era ya un hecho. No se equivocaban los aficionados.


El día 30 de ese mismo mes Martín sentenció al Racing en El Sadar con dos goles que le dieron la victoria al Osasuna y rubricaron la pérdida de categoría. Antes del partido, los jugadores y directivos del Osasuna hicieron todo tipo de cábalas para intentar arreglar el partido ante la evidente injusticia que suponía la posible permanencia del Cádiz, pero tampoco en este caso acompañó la fortuna: todas las combinaciones posibles desembocan en el descenso de verdiblancos o rojillos, con lo que no hubo posibilidad de pacto. Todo por un penalti que Isidro lanzó con apatía pensando que no servía para nada... De hecho, muchos jugadores pensaban ya en la temporada siguiente y tenían atado ya sus contratos con otros clubes porque nadie esperaba esta última promoción.

El Osasuna salió con una intensidad exagerada, con un ambiente típico de El Sadar y los dos goles del navarro Enrique Martín condenaron a los santanderinos. Se había consumado un injusto descenso, pese al pobre juego exhibido toda la temporada. Hubo desbandada generalizada en la plantilla. Muchos jugadores tenían atados ya sus contratos con otros clubes antes de terminar la campaña porque nadie esperaba esta última promoción. Todo se puso en contra. Fue un varapalo tremendo para la institución que penó seis años lejos de la élite.

Manuel Irigoyen falleció en 1998 con 65 años. Bajo su mandato el Cádiz disfrutó de su época de oro. Su liguilla no morirá nunca.

Fran Díez

2 comentarios:

  1. Y después de esto aún no entiendo el mal ambiente entre Osasuna y Racing, sería más lógico que los dos no se llevarán con el Cádiz

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  2. Tengo entendido de que en la tanda de penaltys del primer partido venció el Racing por 4-3. Y por tanto había una posibilidad en el último partido de que Osasuna y Racing siguieran en Primera;un empate a 2 (o a más goles) y victoria del Osasuna en los penaltis. De esta forma hubiera habido un triple empate a 2 puntos y una tanda ganada y otra perdida para cada equipo, recurriendose entonces a los goles conseguidos en los partidos, done el Cádiz tendría menos. Pero bien sea por la complejidad del amaño, bien sea por desconocimiento o bien sea por profesionalidad, el Osasuna prefirió no complicarse y ganar el partido.

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