domingo, 5 de junio de 2016

Versión oficialista


En el Ramón de Carranza, nuestro equipo, comandado por el excelso Pedro Munitis estuvo a punto de lograr un merecido triunfo que nos hubiese encaminado hacia el ansiado ascenso a la Segunda División de nuestro glorioso fútbol español, tan admirado y alabado allende de mares y montañas.

Este mínimo traspiés no debe hacernos dudar de nuestro entrenador, talentoso estratega que supo alcanzar el primer puesto en los campos del Norte de nuestra maltrecha nación. Al contrario, la unidad de los Racinguistas y su disciplina en estos tiempos es necesaria para animar a nuestro Pedro Munitis a conseguir el renacimiento de la entidad, prometida a un brillante futuro. Los Racinguistas de bien sabemos que podemos contar con un excepcional plantel de jugadores comprometidos y aguerridos cuyo único objetivo es agradar a la hinchada en el difícil arte del balompié aunque esto les genere angustias insuperables. La recia fortaleza de nuestros luchadores sin embargo no pudo demostrarse con toda su plenitud por causa del planteamiento ruin y deleznable de un equipo de viejas glorias que recurrieron a la marrullería para empañar un partido que a todas luces y a todos los efectos nuestro Real Racing Club mereció ganar de punta a punta, como la distancia que separa nuestra hermosa Santander de una triste ciudad de Cádiz. Pobre Cádiz, asolada por el paro, los rojos y el consumo excesivo de pescaditos que no cumplen con las normas fijadas por la burocrática y quisquillosa administración europea. Ay, otro gallo cantaría si en todas las ciudades reinara el ambiente Smart que al igual que nuestro mar cantábrico vivifica las mentes y los cuerpos y de tanto en cuanto también empequeñece nuestros miembros.

Un mísero penalti, tan fantasioso como inexistente propició que los locales cobraran ventaja, empujados por una grada entregada que no dudo en dedicarle piropos propios de invertidos al colegiado del encuentro. ‘Arbitro guapetón’ rezaba una de las escandalosas pancartas que adornaban, por emplear algún término, las tribunas de la entidad azul y gualda. Qué vergüenza. El árbitro, probablemente amigo de tan reprochables orientaciones y a sueldo del neocomunista alcalde de la urbe gaditana que se hace llamar Kichis, mostró el punto de penalti con el índice amenazante de quien ordena la muerte o apunta un pincho en la barra de un bar para su posterior consumo.

No había hecho méritos el Cádiz para llevarse tanto premio. Durante los primeros 70 minutos, el equipo de la Montaña que pasea con orgullo su elástica verdiblanca disfrutó de inmejorables ocasiones que la desdicha y el viento bravo del Sur desbarataron. Sin embargo, a pesar de la adversidad, no cundió el desánimo en el banquillo racinguista y pronto se ejecutaron los cambios que a la postre no servirían de nada.

Nuestro escudo tantas veces consagrado por gestas heroicas volverá a brillar, pues estos jugadores y este cuerpo técnico constituyen nuestra gran esperanza. Démosles el domingo que viene el aliento para remontar esta mínima ventaja lograda de forma injusta por esta vergüenza futbolísitica que recordemos, consiguió su pase en la Copa de su Excelentísima Majestad Felipe VI eliminando al gran Real Madrid gracias a las decisiones de jueces deportivos masones que no tienen a bien mirar por los intereses del fútbol patrio. Sólo por el hecho de vengar la injusta eliminación copera de nuestros amigos y hermanos merengues, “Aúpa Racing” gritamos a la par, con todas nuestras fuerzas y corazones, que son puros, limpios y más blancos que verdes. No fue acaso nuestro míster, como dicen los entendidos, jugador que deleitó con su destreza a Concha Espina, la calle que bordea el Estadio Santiago Bernabeu, pues no había nacido Pedro para agradar a la escritora.

Todos al Sardinero, amigos y amigas. La ocasión bien lo merece.

Sé que he sido crítico durante estas semanas y que dudé de la posibilidad de que nuestro combinado pudiera meterle un gol al arco de la Bahía. Así que hoy, he decidido apoyar la versión oficial, por no decir la versión oficialista. Y qué mejor que los partes de antaño para acometer esta bendita empresa.

Redundará en beneficio de nuestro equipo y de nuestro club el apoyo que todos sepamos brindarle a nuestro entrenador y nuestro presidente. Sois bienvenidos todos, incluso los que con especial ahínco ondeáis banderas tribales sin base histórica y que representáis la savia del racinguismo.

Puedan estas plegarias llegar a buen puerto, y no precisamente el de Santa María, sino el nuestro, el Puerto de la Vieja Castilla.

¡Aúpa Racing!

Pierre Mahe

1 comentario:

  1. jajaja en estos momentos el sentido del humor es impagable. es lo que venimos leyendo y oyendo ultimamente .Pena de aficion tan pusilanime ante esta falta de futbol.

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