martes, 6 de septiembre de 2016

Guerra de barcos


Durante la temporada 2015/2016 el Racing de Santander y el Racing de Ferrol lucharon hasta el último minuto por la primera plaza del Grupo I de la Segunda B, que aseguraba un camino más rápido hacia la Segunda División, que en ambos casos no llegó nunca. Fue un enconada rivalidad deportiva, con su lucha en el campo, algún incidente feo en La Malata, tensión e incluso un cruce de declaraciones subidas de tono entre los directivos con mención a una fragata incluida. Esa rivalidad entre los dos Racing, que tradicionalmente habían mantenido siempre una relación cordial, tiene un precedente histórico entre ciudades que nada tiene que ver con el fútbol sino con los barcos.
El pasado mes de mayo, en plena batalla deportiva entre ambos clubes, el Ayuntamiento de El Astillero fue uno de los municipios que engalanó su fachada con la bandera del equipo racinguista. Una manera de apoyar al equipo santanderino, que finalmente desbancó de la primera plaza de la clasificación a la escuadra ferrolana. Precisamente fue en esta localidad cántabra donde hace casi 300 años se inició un agrio conflicto entre El Ferrol y el Real Astillero de Guarnizo. En el siglo XVIII estas dos factorías navales pugnaron por los contratos de la Corona. La enconada disputa no tuvo lugar en un campo de fútbol sino en los despachos y pasillos de la Corte, pero fue igual de dura y virulenta.
El Real Astillero de Guarnizo existía aproximadamente desde mediados del siglo XVI, a lo largo del siglo XVII construyó varios galeones para la Corona y también encargos particulares, pero es en el siglo XVIII cuando alcanza su máximo esplendor y también entra en decadencia. En 1714 terminada la Guerra de Sucesión española, la Corona inicia un plan de renovación de la Armada, en un intento por recuperar el papel como primera potencia internacional que había tenido la Monarquía Hispánica bajo la casa de los Austria. La Corona necesitaba astilleros donde construir sus nuevos barcos, siendo el astillero situado en Guarnizo el elegido por el general Antonio de Gaztañeta, comisionado del Intendente General de Marina José Patiño, de quien se decía que era uno de los hombres que más conocimientos tenía sobre construcción naval en la época. Gaztañeta elige el astillero de Guarnizo por sus favorables condiciones, por un lado estaba cerca del suministro de hierro y madera, debemos recordar que la real Fábrica de Artillería de La Cavada estaba situada a pocos kilómetros, al igual que su cercanía a la entonces villa de Santander y por otro lado la ría de Solía tenía el calado óptimo para la dimensión de los barcos que necesitaba la Corona, unido al hecho de que su situación estratégica lo hacía casi inexpugnable. Tras una gran inversión y adecuación del antiguo astillero para construir barcos de mayor calado principalmente para la Corona, pero también mantuvieron encargos para particulares, comenzó el ascenso y declive del astillero. Dos décadas después de esta remodelación entra en escena el Marqués de la Ensenada, quien desde la Secretaria de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, la cual asumió entre 1743 y 1754, puso en marcha un ambicioso plan de remodelación de la Marina, momento en el que el astillero cántabro alcanzó su máximo esplendor.
Relacionado con el Marqués de la Ensenada se encontraban dos montañeses en la Corte, el jesuita Padre Rábago, confesor real de Fernando VI entre 1747 al 1755, quien fue también el introductor en los círculos de influencia de la Corte del asentista, Juan Fernández de Isla. La cercanía de Isla con el Marqués de la Ensenada le permitió obtener contratos con la Corona para la construcción de barcos en el Real Astillero de Guarnizo, entre otras empresas, siendo como ya hemos mencionado una de las etapas de mayor auge, llegando a trabajar en 1753 1.250 operarios según el historiador J. Maiso.


El astillero de Guarnizo dependía jurisdiccionalmente de El Ferrol, que estaba administrado por militares enfrentados al Marqués de la Ensenada. Para el noble en la factoría naval gallega no se construía ni al ritmo ni a la exigencia de su ambicioso plan para la marina. De hecho, Ensenada llegó a nombrar a Juan Fernández de Isla Comisario Ordenador de Marina ad honorem, ya que al no ser militar no podía ejercer ese cargo. Fue una forma de que tuviera cierta autonomía.
Sin embargo, tal y como se dice en la serie Juego de Tronos en este tipo de desafíos palaciegos: “O ganas o mueres”. Y la Corte española del siglo XVIII era un juego de tronos constante por obtener, no el trono sino el favor real, y en el caso de Ensenada perder el favor real supuso su muerte social en la Corte. Así que cuando el Marqués de la Ensenada cayó en desgracia su red clientelar cayó junto a él como un castillo de naipes. Como consecuencia Juan Fernández de Isla también perdió los contratos con la Corona, siendo el astillero de Guarnizo remplazado rápidamente por el de El Ferrol. No obstante, el triunfo de los gallegos frente a los cántabros no se debió a una mejor gestión en la construcción naval, el astillero de Guarnizo era más eficiente bajo la dirección de Isla, mientras que según los estudios de J. Maiso las construcciones en el astillero gallego eran de menor calidad y su gestión era ineficaz y deficiente estando plagada de irregularidades. Sin embargo, en el siglo XVIII la meritocracia apareció en el estado español de manera muy incipiente. Ferrol en el siglo XVIII ganó la pugna al astillero de Guarnizo no por ser más eficaz sino porque quienes lo dirigían procedían de las élites tradicionales, asentados en el poder desde hacia tiempo y no veían con buenos ojos que la nueva burguesía, que venía con ideas renovadores para el país, alcanzase cotos de poder.
El año pasado en esa rivalidad deportiva por ocupar la primera plaza del Grupo I de Segunda B aparecieron rencillas entre las aficiones y directivas de los dos clubes, quienes probablemente no recordaban para nada este antiguo conflicto por la construcción de barcos para la Corona, hoy ya no es un juego de tronos por ser asentista de la Corona sino por ser el rey del fútbol de bronce en el Norte.

Mabel Cobo

1 comentario:

  1. Muy bueno.
    Me gustan estas relaciones que haces con la historia.

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