domingo, 9 de octubre de 2016

Hasta nunca Tajonar


Podría escaquearme, otra vez, y dejar la contracrónica para cuando el Racing pierda y empezar a rajar con la paz y la comodidad que dan las derrotas. Podría, si no hubiera presenciado el partido en Tajonar, podría haberlo hecho sin el más mínimo remordimiento. El director de este medio ya no alberga esperanza de que colabore con esta página. Pero al haber estado allí me sabe mal no contarles lo que calificaría de “vivencia única”, o incluso de “experiencia vital”.

Al Racing le va demasiado bien. Los números lo dicen. El entrenador es del gusto de la afición. La unidad del vestuario es indiscutible y los infortunios en forma de lesiones han reforzado aún más la cohesión del grupo. El capitán que pudo dejar el equipo en los últimos días de mercado ya se ha convertido en leyenda tras lesionarse de gravedad por segunda vez. Desde aquí, todo mi ánimo para Granero, un jugador que con altos y bajos siempre ha destacado por su entrega con el club.


Pero, volvamos a Tajonar. “Volvamos” es una licencia. No quiero volver a Tajonar, nunca más, por favor. Las instalaciones de Tajonar no están pensadas para aparcar cómodamente, ni estar sentado cómodamente, ni tan siquiera para presenciar futbol. Tajonar está bien cuando eres portero y recostado en la línea de cal puedes aprovechar la sombra de un ciprés y sortear así los últimos rayos de sol de una tarde de otoño. Para eso, Tajonar está muy bien. Para todo lo demás es un dolor. Tres escalones de piedra en un lateral acogieron ayer a un público numeroso y respetuoso. Una triste valla de obras delimitaba la zona de prensa convertida en un insufrible guirigay que con ocasión de los goles visitantes aterrorizó a los niños allí presentes, algunos entretenidos jugando a las canicas (canicas que depararon auténticos momentos de emoción que bien merecen una crónica aparte). No conoces el pánico hasta que no has oído a un locutor desgañitarse al celebrar una asistencia de Héber. Temblaban los cimientos en Tajonar y lloraban niños. Las autoridades asistieron al choque ajenas al graderío y al griterío pero en otro gallinero, concretamente a tres o cuatro metros del suelo en el lateral opuesto, en una suerte de semipalco VIP, semicaseta de obra. El césped, eso sí, era impropio del entorno, por lo general bastante deprimente. Qué maravilla de tapete. Invitaba a pastar y eso que soy más de chuletón que de quinoa.

Pero así son todas las instalaciones de filiales y lo mismo podría decir de La Albericia, que tiene grada en un fondo y no dispone de ciprés ni de césped de calidad.


César Díaz fue el mejor en ataque, Mikel Santamaría en su salsa y en su tierra, el mejor de largo en defensa. El centro del campo estaba para destruir y por los laterales Óscar se buscaba la vida y Héber demostraba algo de velocidad cuando le perdía el respeto al quitamiedos de hormigón que marcaba los límites del terreno de juego. Pa habernos matao, vamos. Bontempo sin embargo no le tiene miedo a la cancha ni al hormigón. Chisposo y alegre. Atrevido y jugón. Bontempo y buena cara.

Aquí no hay quien pierda incluso con la peor versión de Aquino desde el inicio de temporada. Por lo demás, 11 minutos de futbol, 82 minutos de nada. El filial jugó a ser filial, tocarla y tocarla y cascarla cuando empieza lo serio. El Racing no juega bien pero no importa. Nos vale y nos sobra. Un, dos, tres goles. Un, dos, tres puntos. Resultado abultado y partido tedioso.

Ah, del rival no me gustaría olvidarme del número 8, Antonio Otegui, probablemente el mejor de los rojillos. Pido encarecidamente a la excelentísima directiva del Real Racing Club que contemple por favor la incorporación de este chaval por dos motivos. Primero, porque promete. Y segundo porque quiero poder escuchar un día en El Sardinero eso de “queda habilitado Otegui”… Alguno infarta, si es que antes no le ha caído un trozo de la estructura de los Campos encima.


Gracias y hasta nunca Tajonar.

Pierre Mahe

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