domingo, 23 de octubre de 2016

La guerra de Munitis


La primera derrota siempre siembra el campo de dudas. En algún momento tenía que llegar, ya se había estado al filo en más de una ocasión y jugando con fuego te terminas quemando, sobre todo con una Deportiva Ponferradina que fue una llamarada intensa.  Pese a tanto calor, Pedro Munitis sirvió el plato de la venganza bien frío a sus críticos. El equipo berciano sigue contando entre los favoritos del Grupo I. No hay duda. El primer naufragio racinguista de la temporada se produjo por la mínima, 1-0, e incluso con un último balón que se estrelló en el larguero. Tan cerca, tan lejos. Los cántabros han perdido hasta el liderato después de su espectacular arranque de campaña. Así es la vida y el fútbol, así de dura es la caída, aunque la película todavía no ha terminado y en Segunda B tiene un metraje muy extenso.

La primera parte fue una batalla de trincheras. Cada jugada era un bombardeo en el campo del Racing, una escaramuza por cada balón. Se peleaba cada metro, cada centímetro. La Deportiva Ponferradina mordía y empujaba a base de coraje. El juego era muy trabado, inexistente. Cada balón parecía el último. El espíritu del Munitis jugador estaba en cada futbolista blanquiazul. El Racing trataba de capear el temporal encajando los golpes con la permisividad del árbitro experto en patadas, el subcampeón mundial de taekwondo. Para el cacereño todo eran caricias sin importancia al borde del reglamento.

La primera ocasión para la Deportiva Ponferradina llegó a balón parado, en una falta botada por Abel Moreno. Chavero se quedó solo delante de la portería ante una defensa racinguista convertida en estatua de sal. El equipo berciano era capaz de  embotellar a los cántabros a base de palos y agresividad, aunque tampoco terminaba de dar la estocada definitiva. En el minuto 35 un centro-chut de Rayco terminó en las manos de un Iván Crespo muy seguro.

El Racing trataba de buscar su contragolpe mortal, pero no acababa de salir nada. El experimento de Laro en la banda derecha con el que se arriesgó Viadero no aportó nada. Quizá lo habitual tampoco hubiera servido. La Ponfe se merendó a los cántabros. En lo más cerca que estuvo el Racing del área local, el central asturiano Gonzalo derribó por detrás a Dani Aquino. Fue justo al borde del área y los racinguistas reclamaron mínimo falta, si no penalti. El árbitro Sánchez Laso no señaló nada. Pitó poco o nada a favor de los visitantes.

Para la Deportiva era una final. Perder ante el Racing les dejaba a 14 puntos de los montañeses. Se notaba la rabia. Era la guerra de  Munitis y sus soldados peleaban cada balón como si su vida les fuera en ello, incluso literalmente... Chavero propinó un codazo brutal  a Sergio Ruiz en el centro del campo. El colegiado extremeño indicó falta, aunque no sacó la amarilla… El futbolista ya tenía otra cartulina anterior. Todo era a golpes y a raza. Huevos del Bierzo. Fue tal la entrega sin medida en el conjunto local que hasta un futbolista, Chavero otra vez, vomitó sobre el césped de puro agotamiento en la segunda mitad.

Con el tiempo cumplido el canario Héctor Figueroa, el hermano de Momo, se tiró a la piscina ante un leve contacto con Mikel Santamaría. No era pena máxima, pero el público, los jugadores locales y los entrenadores cántabros, Munitis y Colsa, protestaban todo como si fuera la última esperanza de vida antes del Apocalipsis. Cada acción era vital y apretaban a muerte. El Racing, el líder invito, se hizo pequeñito.


La escuadra montañesa tardó en salir al campo para disputar la segunda mitad. Hubo charla, pero sirvió de poco. La Deportiva seguía apretando y ahogaba al conjunto cántabro con centros desde las bandas que desarbolaban al equipo de Viadero. El Racing se aferraba a lo que podía para capear el temporal, pero la pelota no aguantaba un minuto en su poder. Las ocasiones se sucedían a favor de los hombres que entrena Munitis. Un centro de Abel Moreno desde la banda derecha del Racing lo remató Héctor Figueroa muy cerca del palo izquierdo. Los apuros que estaba pasando el equipo santanderino eran tremendos. La tragedia se completó en el minuto 74. Un nuevo centro de Abel Moreno al segundo palo lo empaló Chavero al fondo de la portería que defendía Crespo. Fue el único gol del choque.

Leo Bontempo se sacó un disparo lejano que hizo que el balón, de una manera extraña, como un conejo espídico, se fuera a estrellar al poste que defendía el rumano Dinu. El Racing llegó a poco al área rival, Muy poco. Los bercianos tiraron de oficio para controlar los últimos minutos en los que el Racing se volcó en ataque buscando la igualada. Hubo alguna ocasión de marcar, también contragolpes locales peligrosos. Un disparo de Óscar Fernández, el primero entre los tres palos, en el minuto 83 y otro posterior de Dani Aquino que recorrió 25 metros con el balón pegado al pie fueron los zarpazos racinguistas. Justo antes de cumplirse el tiempo reglamentario Héctor Figueroa estuvo a punto de rematar a los cántabros, pero Iván Crespo consiguió despejar el esférico con muchos apuros.

Y ya en la prolongación el Racing disfrutó de su mejor ocasión ofensiva, un centro de César Díaz desde la banda izquierda que cabeceó muy bien Óscar Fernández en el corazón del área. El remate del futbolista de Renedo golpeó el larguero. Ahí se terminó la buena racha racinguista. Esta vez no acompañó la suerte del campeón… Quizá hubiese sido injusto un empate, pero el Racing lo tuvo cerca, estuvo a punto de rascar un punto después de un mal partido. La Segunda B es muy larga, pero nadie se puede parar a descansar un instante.

Fran Díez


Ponferradina, 1: Dinu, Adán, Raúl Fuster, Xisco Campos, Gonzalo, Cidoncha, Menudo (Núñez, min. 72), Chavero (Nacho López, min. 83), Figueroa, Rayco (Caiado, min. 71) y Abel Moreno.

Racing, 0: Iván Crespo, Córcoles, Bontempo (Coulibaly, min. 81), Samuel Llorca, Mikel Santamaría, Sergio Ruiz, Laro (Caye Quintana, min. 52), Álvaro Peña, César Díaz, Héber y Dani Aquino.

Gol: 1-0, min. 74: Chavero.

Árbitro: Sánchez Laso (Comité extremeño). Muy casero. Permitió un juego muy duro a la Deportiva. Amonestó a los locales Chavero, Raúl Fuster, Núñez y Cidoncha y a los visitantes Córcoles, Álvaro Peña, Mikel Santamaría y Héber.

Incidencias: El Toralín. 4.540 espectadores, más de 300 aficionados racinguistas.

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