lunes, 31 de octubre de 2016

Medalla de Plata para Nando Yosu


El Ayuntamiento de Santander entregó esta tarde la Medalla de Plata de la ciudad al exjugador y exentrenador racinguista Nando Yosu, fallecido el pasado 20 de febrero. Su familia recogió el galardón en un acto público celebrado en el Paraninfo de La Magdalena.

El alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, ha explicado que, con la Medalla de Plata, la ciudad quiere reconocer la entrega y dedicación de Nando Yosu al Racing y trasladar la gratitud de todos los santanderinos por su contribución a la historia del equipo. Por eso, como “muestra del cariño y agradecimiento de todos los santanderinos” y como reconocimiento a su entrega al club y su fe en el Racing y sus seguidores, el pleno de la Corporación municipal aprobó el pasado mes de agosto la concesión de este galardón.

La Medalla de Plata es una de las mayores distinciones previstas en el reglamento municipal, y se otorga como recompensa a personas físicas o jurídicas, públicas o privadas, que se hayan distinguido en las ramas de la cultura, el espectáculo, el deporte, la ciencia, la economía, la acción social o la comunicación, por algún logro o actividad que honre a la ciudad de Santander. Con la concesión de esta distinción a título póstumo, Nando Yosu se suma a otras personalidades que ya han recibido la Medalla de Plata de la ciudad, como el cineasta Mario Camus, el arquitecto Juan Navarrro Baldeweg o el escritor Manuel Arce.


Discurso pronunciado por el alcalde de Santander, Íñigo de la Serna en el acto de entrega de la Medalla de Plata de Santander:

“No es que haya dedicado mi vida al Racing, sino que mi vida es el Racing“. Lo dejó dicho de sí mismo Fernando Trío Zabala, Nando Yosu. Es, sin duda, la frase más afortunada de un entrenador de fortuna, de aquel hombre callado que guardó un sonoro silencio durante demasiados años hasta que se despidió de nosotros el pasado 20 de febrero.

Desde ese fatídico jueves, pasó a ser eterno Nando, lema que también ha hecho fortuna acuñado y puesto en circulación de inmediato por el racinguismo. Moneda de cambio e intercambio para empezar a pagar al sabio de Munguía su tarea maestra de décadas. Un racinguista de eterno chándal, eternas playeras y eterna gomina. El técnico de las cinco permanencias triunfó tras agónicos partidos que permanecen vivos en la memoria  del Racing y de la ciudad que hoy le entrega orgullosa la vigesimosegunda Medalla de Plata de su Historia.

Talismán y emblema: ese era y es Nando, quien heredó el Yosu euskaldún de su hermano mayor Jesús, el otro Yosu futbolista de la familia. Nuestro Nando es ya patrimonio intransferible del Real Racing Club de Santander, cuyas instalaciones llevan su nombre y cuyo campo del Sardinero le tiene reservada una curva... Quizás para personalizar la metáfora certera de quien siempre encontró el camino más recto hacia la salvación del equipo en Primera. Y tuvo que hacerlo a la primera, porque en el fútbol no hay segunda oportunidad, sino el castigo automático de las categorías inferiores.

El rostro amable y un puntito socarrón de Fernando Trío Zabala se correspondía con el de las colecciones de cromos. Pero fue el Nando corajudo, motivador y mágico quien le procuró al Racing otra colección más valiosa: cinco permanencias como cinco soles: en 1996, 1998, 2000, 2005 y 2006. Yosu como eterno recurso para salvar un mal curso. Protagonizó esa otra década tan prodigiosa como discontinua que evitó el precipicio... Y quién sabe si la decadencia.
Nando heredó sucesivamente, entre 1996 y 2006, el brazalete de mando de Vicente Miera, Marcos Alonso, Gustavo Benítez, Lucas Alcaraz y Manolo Preciado. El primero, Vicente, y el último, Manolo, fueron dos de sus grandes amigos. Vicente no ha podido acompañarnos hoy. Manolo seguro que nos estará mirando ahora mismo con su pícaro arqueo de cejas, desde ese lugar al que marchó inesperadamente un 6 de junio de 2012.

Con Vicente Miera compartió momentos gloriosos en aquel inolvidable Rayo Cantabria de la Tasa, bautizado así por el increíble número de goles con el que obsequiaba a la afición. Un rayo cuyo fútbol tronaba de la mano y los pies de Laureano, Zaballa, Saro, Morito, Julio Santamaría, Fermín o Larrínoa. Una tormenta de buen fútbol. Un Rayo insólito  que, aun siendo filial del Racing, superaba cada domingo en espectadores al entonces llamado representativo montañés. Su extremo izquierdo, apodado Yosu, ya anticipaba  maneras del gran entrenador que sobresaldría por su excelente mano izquierda.

Y con Manolo Preciado compartirá más pronto que tarde la inmortalidad de una estatua. Esa figura se convertirá en rincón de culto de una afición a la que supo cultivar y encandilar por igual. Aún sin escenario ni artista elegidos, no caben dudas sobre el sentido de la oportunidad de una iniciativa popular que todo Santander aplaude.


Eduardo Galeano dejó escrito con su prosa incomparable que “El viaje desde la osadía hacia el miedo es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1, pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2.” Nando Yosu no era ningún osado, pero jamás tuvo miedo y salvó esa quíntuple encrucijada con la maestría propia de quien era capaz de ver crecer a sus pies la hierba del Sardinero. Ejecutó, acaso buscando su glorioso pase a la posteridad, la teoría del doble rectángulo... 1: pizarra y 2: césped.

Dieciocho años de futbolista profesional y demasiados de entrenador provisional. Condenado a que esa eterna provisionalidad fiase a su profesionalidad mantener al Racing con los grandes. Propio de un tipo grande, del Brujo de Munguía, del hombre milagro. Propio del talismán Eterno Nando.

Nando Yosu debió haber leído a Galeano porque le dio, palabra por palabra, la razón. Aseguraba el genial uruguayo: “El entrenador cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi “...

...Pues ya tenemos la definición perfecta de Yosu... Tuvo y mantuvo la genialidad de Einstein, la sutileza de Freud, la milagrería de Lourdes y la paciencia de Gandhi. Y las vistió de chándal con la normalidad cotidiana del eterno paseante por El Sardinero, del caballero de cabellera engominada, del curioso tipo en el que toda la ciudad reparaba cuando el Racing corría peligro. Le llamaban “el salvador” y a él no le disgustaba.

Como delantero siempre le adornó esa esquiva virtud conocida como olfato de gol. Ese olfato, unido a su vista de lince, le dio 2 Copas de Feria con el Valencia y una Copa del Generalísimo con el Athletic de Bilbao. Eterno Nando nunca fue eterna promesa. Era un gran regateador que no regateó esfuerzos para triunfar. Solo se empachó de balón en aquel primerísimo  equipo de la santanderina calle Madrid. Después, ya no necesitó darse más banquetes, sino servirse la ración  precisa de esférico en función del rival que tocase. Y así hasta que se retiró como jugador de la Gimnástica de Torrelavega en 1972. Era una peleada Tercera División nacional que le sirvió para convertirse en el segundo técnico del club. Debutó como entrenador la misma temporada que llegó.


Yosu siempre supo que el banquillo de un equipo de fútbol se convierte indefectiblemente en el banquillo de los acusados cuando el club no marcha. Don Fernando Trío Zabala fue repetidamente acusado, entre otras cosas, de dar muchas oportunidades a los canteranos. Nando entrenaba a los juveniles del Racing que deslumbraban en la Liga Nacional y era también segundo entrenador del Racing de Primera, con José María Maguregui a su lado.

La Quinta de Yosu estaba capitaneada por Quique Setién y la integraban, entre otros, Marcos Alonso, Juan Carlos García o Agapito Moncaleán. Siempre dio la sensación de que el entrenador acusado (y a veces acosado) de debilidad hacia los canteranos aceptaba de muy buen grado ese inevitable pliego de cargos. Los resultados eran la mejor defensa del ex delantero: su mayor descargo.

A nadie extrañó que en 1979 Nando Yosu se convirtiese en el primer entrenador de su Primera favorito: el Racing de Santander. Y logró (¡cómo no!) la permanencia en la División de Honor. España conocía entonces sus primeras elecciones democráticas y Yosu conocía en el club de sus amores su primer desamor: no pudo acabar su segunda temporada por una enfermedad.

Comenzó entonces a labrarse la carrera de un auténtico geo-entrenador que hubiera tenido tiempo de  escribir todo un manual de geografía futbolística de banquillo en banquillo. Apuntado o elogiado, según soplase el viento de los resultados. Era su sino: seguía asumiendo cargos y cargas.

Oviedo, Linares, Granada, Alavés, Orense, Alzira, Orihuela, Ponferradina...De norte a sur, de levante a poniente, del mar a la meseta, del páramo al vergel. Así hasta regresar al puerto de eterno abrigo de ETERNO NANDO: de nuevo Santander. Corría 1994, llegaba junto a la mejor compañía: su amigo Vicente Miera. Y ya no se alejaría jamás del Racing de sus amores.

Dirigió la orquesta racinguista (con sus desafinos y sus sinfonías memorables) durante 129 partidos, el segundo de la historia detrás del mago Maguregui, de quien heredó el cargo. En un fútbol entregado a la geometría, la aritmética (jugó 147 partidos como verdiblanco) y la matemática, Nando destiló el factor humano de los elegidos.


En mayo de 2007, todavía risueño y pleno, Nando recibió la insignia de oro y brillantes del Racing y la Medalla de Oro al Mérito Deportivo del Gobierno de Cantabria. El historiador Raúl Gómez Samperio entrenó muy bien su “Laudatio” y se convirtió aquella tarde en un contable literario, una suerte de brillante relator de los incontables éxitos del gran entrenador.

Samperio, autor de referencia del racinguismo mano a mano con José Manuel Holgado, explicó con precisión de relojero el tránsito que conduce a los mortales hasta la relevante condición de héroes. Yosu escuchó emocionado la lectura de tan interminable acta de méritos. Y todos se convencieron de que el sabio de Munguía inició ese día su coqueteo con la inmortalidad.

En 2007 no reinaban todavía los “hashtag” de Twitter y don Fernando Trío Zabala ni se imaginaba que acabaría alojado cómodamente en el actual “Eterno Nando”. Esta tarde de otoño no es azul, sino verdiblanca,  y Nando  el único al que echamos en falta. Pero nos acompañan su viuda Hortensia, sus hijos Gorka, Nando, Sandra y Ainhoa, su hermano Javier y sus cuatro nietos.

La familia racinguista homenajea hoy también a la otra familia de su héroe: la biológica. Sin la comprensión de su esposa y la complicidad de sus cuatro hijos con aquel Nando casi eternamente ausente, el éxito hubiese sido imposible. Sin el sacrificio diario de esa otra familia numerosa, Fernando Trío Zabala no le hubiese rendido al Racing y al racinguismo el servicio admirable que le rindió. Este es el día, la hora y el momento, querida familia, de agradecéroslo.

Los demás somos apenas los huérfanos de su sabiduría futbolística, deudos de sus proezas como entrenador y notarios solemnes de la Medalla de Plata de una ciudad que siempre le consideró su entrenador de oro.

Hace poco más de tres años que la ciudad colgó honrada su Medalla de Oro en la camiseta del Real Racing Club de Santander, sentimiento y presentimiento cosido a la figura irrepetible de Nando Yosu. Aquel 12 de junio de 2013 ya no pudo asistir, pero créanme que fue el ausente más presente en este Paraninfo abarrotado (como hoy) de racinguistas... de santanderinas y santanderinos pacientes y ejercientes.

Munguiense de nacimiento, santanderino de adopción y devoción, el pasado 8 de julio ha cumplido (pretérito perfecto) 77 años. Todos sabemos que los héroes, por ser inmortales, permanecen al margen de celebraciones mundanas como los cumpleaños. Otra permanencia, la sexta, que unir a las cinco inolvidables que regaló al Racing y a Santander.


Si el Racing es ETERNO SANTANDER y Nando Yosu es el Eterno Racing, esta  Medalla de Plata es la emocionada recompensa de los santanderinos a quien hizo (recordad su frase de cabecera...) del Racing su vida. El Club de sus amores es, por derecho propio, el Club que le ha conducido a esa eternidad.

Y estamos convencidos de que no será una eternidad pasajera porque en ella viaja ya para siempre un pasajero de excepción: Fernando Trío Zabala, Nando Yosu, aquí presente.

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