lunes, 28 de noviembre de 2016

El bueno, el feo y el malo del Caudal-Racing


El bueno
¿Qué será de nosotros cuándo no esté Dani Aquino? El delantero murciano desequilibró la balanza de un partido en Mieres que se había puesto cuesta arriba para un Racing gris. Dos goles y dos carreras para presionar al rival en el minuto 90 muestran lo que es este futbolista: calidad e implicación de principio a fin. Ante tal despliegue del atacante el único reproche o miedo es que se funda antes de alcanzar la fase de ascenso. Hay que acolcharle. La aquinodependencia ya llegó.

El feo
Al Caudal le faltaba el portero titular, un mocetón alemán. En la grada, un viejo y sabio aficionado asturiano me comentaba antes de comenzar el partido que cada vez que los rivales disparan entre los tres palos al bueno de Chechu la pelota entra a gol. Tiene el mismo nombre que el niño de ‘Médico de familia’ y el mismo candor… En la segunda parte lo arregló un poco con tres paradas, pero da que pensar que este Caudal en cuadro –sin portero, sin delantero titular (Braulio estaba lesionado) y sin su motor en el centro del campo, el ex del Osasuna Annunziata– sea capaz de poner contra las cuerdas al Racing tirando de pico y palo. La intensidad minera del conjunto astur acojinó a una escuadra montañesa inoperante y temerosoa. A los soldados de Viadero les falta algo de valor en cuanto empiezan a repartir mamporros como en un film de Bud Spencer. Ocurrió también en El Toralín.

El malo
Óscar Pérez fue el hombre de confianza de Fabri en su breve y nefasto paso por el Racing. El violín desafinado, el pianista que aporreaba la tecla. El capitán de Ángel Lavín alías Harry. Y así le recuerda la afición racinguista… Un sicario más de la banda de saqueadores. Quizá sea injusto, tal vez él fuera otro pagano de una espiral de muerte y destrucción. Lo cierto es que ni Óscar quiere al Racing, ni el racinguismo quiere al mediocentro asturiano. A sus 35 años hizo un buen partido y se le vio extra motivado. La venganza se sirve fría en la cuenca minera. Cuando marcó de penalti cogió el balón, lo llevó hasta el círculo central y lo plantó con toda la rabia del mundo en el punto central del terreno de juego como si fuera Colón poniendo firme el huevo. La afición cántabra le coreó un cachondo: “Óscar ponte peluca”. ¿Qué sería del fútbol sin archienemigos? ¿Qué sería del cine, de las series o de la vida sin antagonistas?

Fran Díez

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