sábado, 7 de enero de 2017

Bueno, feo y malo en La Balastera



El bueno
Llegar y besar el santo. Eso es lo que hizo Santi Jara en Palencia, una diócesis con obispo cántabro, Manuel Herrero, que además es primo carnal de Tuto Sañudo. El racinguismo comienza a acostumbrarse a estos milagros en el último momento… Ver para creer. El ascenso llegará en la prórroga. Empiezo a tocarlo como Santo Tomás… de Aquino. O de Jara. Ampliamos el santoral goleador sin fichar delantero.




El feo
Fue el partido con más público de la historia del imberbe Deportivo Palencia y la gran mayoría eran seguidores del Racing. Triste. Mala pinta tiene este Frankenstein morado envuelto en mil líos judiciales. Revivir clubes es una cosa, pero que tengan respaldo social es otra. Los hinchas cántabros, más de mil, doblaban en número a los del club morado, unos 300. Sus abonados pagaban entrada ya que era medio día del club… «Del Racing me ha gustado más la afición que el equipo. Desde que estoy de entrenador aquí ha sido el primer día que he visto realmente ambiente de fútbol. Es bonito mirar a la grada de enfrente y ver que hay espectadores. Han dado mucho colorido al partido», dijo el entrenador de los palentinos, el ex delantero Óscar De Paula. El árbitro no le gustó nada. La ciudad castellana vivió una auténtica invasión vikinga de racinguistas, pero hubo buen ambiente. Palencia estará en nuestros corazones verdiblancos, pero esperamos no regresar nunca... Igual que a Estella o a Villaviciosa.

El malo
Los dos venían del Saburtalo georgiano. Los dos debutaban con sus respectivos equipos en la estepa helada de La Balastera. Santi Jara terminó la tarde como un héroe y José Manuel Carrasco como un villano. Uno marcó el gol del triunfo y otro vio una roja que dejó a su equipo en inferioridad numérica. El árbitro expulsó al central andaluz por doble amarilla de manera muy rigurosa. Su salida del terreno de juego resultó decisiva y dejó en bandera el triunfo a los cántabros. Las dos caras de la moneda… Un club ascenderá y otro descenderá, tal vez incluso desaparecerá apenas recién nacido. Vida y muerte en La Balastera.

Fran Díez

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