martes, 13 de junio de 2017

Llorar en Segunda B

Llorar en Segunda B
Por Adrián Mediavilla 


El domingo lloré por primera vez en un campo de fútbol. Después, en Twitter, leí a otros racinguistas confesar sus propios llantos.

Odio los tópicos recalentados por cualquier afición de España: que si es más que un sentimiento, que si es una pasión, no trates de entenderlo, y qué orgullo ser del Racing (cámbiese el nombre por cualquiera de los 21.649 clubes de fútbol federados que hay en España).

Pero lo del domingo.
Con el 3-0 aún había margen para el fracaso.
Fue entonces, con el cuarto gol que hizo Santi Jara, que me quedé de pie, aplaudiendo y llorando de alegría en la tribuna este de El Sardinero.

Empecemos por el principio, una semana atrás.
Empecemos por Villanueva de la Serena, provincia de Badajoz.
Por la televisión extremeña en streaming.
Por un campo sin grada detrás de la portería.
Por una paparda de las que, esas sí, sólo se viven cuando uno le hincha al Racing Santander.
Y salir de una ciudad de 25.000 habitantes con la sensación de que palmar 2-0 no era mal resultado para lo que podía haber sido.
Durísimo todo.

Porque el Racing de Santander –que sigue siendo 14º en la clasificación histórica del fútbol español- no debería estar en Segunda B.

Yo odio la Segunda B.
En serio.
Me cabrea estar quemando años de vida racinguista jugando en pueblos random.
Por mucho que Boiro esté más cerca que Las Palmas, en la vida nadie me va a convencer de que en Segunda B se vive mejor.
Es más, a mí despu’es de dos temporadas ya se me hace insoportable.
Los estadios vacíos.
Jugar con filiales del Celta, del Sporting y de Osasuna.
Hacernos amigos de la Llagostera. No quiero ser amigo de la jodida Llagostera. Que les vaya fenomenal, pero no me interesa su club.

Lo nuestro es el Real Racing Club de Santander y tenemos que salir de esta mierda y, a poder ser, no volver nunca más.
Aunque sólo sea porque el 15º club en la clasificación histórica de la Liga es el Sporting, y ese sí que es un rival de verdad.

El domingo lloré por vez primera en un estadio de fútbol.
Lloré en un partido contra el Club de Fútbol Villanovense.
Lloré de emoción, de alivio, de rabia contenida durante dos años y siete días.

Lloré porque ya es hora de que Santander salga de ese agujero llamado Segunda B.

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