lunes, 5 de junio de 2017

Mustafá, el Messi saharaui


Mustafá Azman Zeinha parecía Messi regateando a unos defensas del Racing inmóviles y patidifusos. Ya no es ninguna joven promesa del fútbol a sus 29 años, pero también ha llegado más lejos de lo que se podía pensar cuando llegó a España a los 11 años.

El jugador del Villanovense ha sido uno de esos niños saharauis que acogían las familias españolas cada verano. Mustafá nació en Dajla, en mitad de la nada, en uno de los campos de refugiados en los que ha quedado confinado el pueblo saharaui de manera injusta dentro de un proceso de descolonización que no se completó nunca. 

Llegó el verano de 1999 a casa de una pareja de Sanlúcar la Mayor cerca de Sevilla. Ellos habían tenido en casa a una de sus hermanas y habían visitado la zona de Tinduff. Allí ha enviado el Racing material deportivo en más de una ocasión.

La madre de Mustafá pidió a esta pareja andaluza que acogiera a su hijo y en su casa se ha criado como un sanluqueño más desde entonces, aunque no ha perdido el contacto con su familia en ningún momento ni sus raíces. Lleva ya varios años sin poder viajar a ver a sus padres saharauis por problemas con el estado argelino. “Empecé jugando en el campo de refugiados, allí era la única forma de estar entretenido. Jugábamos descalzos, como podíamos, con un balón que hacíamos nosotros con calcetines o ropa que conseguíamos. Al llegar a España mi padre me llevó a jugar en el Sanlúcar. Estuve cuatro o cinco años con ellos y luego me marché al Coria. En este equipo debuté en la Regional Preferente andaluza. Nadie me ha regalado nada, me lo he ganado yo con mi esfuerzo. He tenido compañeros que han estado en la cantera del Betis o del Sevilla, también del Madrid, pero yo me he curtido en los campos de tierra jugando en regional. Me lo he tenido que currar mucho”, explicaba en una entrevista cuando fichó por el Alcoyano.

Esta es la sexta temporada de Mustafá en Segunda B, pero no ha terminado de explotar del todo en esta categoría. Es un jugador muy vistoso, con mucho regate y gol. Pura escuela andaluza.


El extremo forma parte de la selección del Sáhara Occidental, un combinado que la FIFA no reconoce pero que ayuda a dar visibilidad al problema de este pueblo sin territorio propio. Es una manera de luchar sin armas desde que el Frente Polisario firmó la paz y se decantó por una solución pacífica del conflicto que sigue sin llegar. Su gol al Racing se celebró en algún lugar perdido del desierto del Sáhara.

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