lunes, 11 de septiembre de 2017

El bueno, el feo y el malo de El Molinón


El bueno
Óscar Fernández se sacó de la nada un golazo y casi sirve otro antes de que le defendiera un central implacable que le sacó del campo: Ángel Viadero.

El técnico aseguró que el tanto de Isma Cerro hizo mucho daño, pero el de Renedo minimizó el desastre empatando a los dos minutos… Sirvió de poco. A partir de ahí, de ese 1-1, el mundo se vino abajo. El gol de Cerro, el de Álvaro Peña, los de Guitián, el de Abbón Prats, el de Dioni, Leandro entrando por banda en el Leioa como un cohete y un largo etcétera son agujas en nuestro muñeco vudú.

El feo
Cuando a un entrenador los malos resultados le inoculan el virus de la locura técnica cae enfermo y empieza a sufrir la fiebre de los cambios que nadie entiende. Busca alivio medicinal y experimenta a lo loco, se automedica buscando a la desesperada sanar el mal... Cuadrar el círculo. Da la sensación de que Ángel Viadero aporrea el piano buscando una melodía sin violines… Todo lo contrario de lo que solía ser el entrenador santanderino con su librillo habitual, de manual, sin estridencias, tan sereno y coherente con sus ideas mejores o peores. En El Molinón el partido terminó con Iván Crespo cruzando al campo contrario para decirle a Granero que estaba jugando de mediocentro y no de central y con Gonzalo corriendo la banda en el lateral derecho como buenamente podía. En El Sardinero vimos a Heber en la banda derecha ante el Mirandés y últimamente no entendemos muchas de esas decisiones tácticas que no hace mucho no requerían ninguna elucubración. Nadie conoce a nadie.

El malo
Los futbolistas del Racing se acercaron tímidos a la grada en la que se ubicaba el grueso de sus aficionados. No se acercaron demasiado y se quedaron petrificados fuera de la medialuna del área, mirando al césped impecable de El Molinón. El terreno de juego de Gijón drena mejor que un racinguismo incapaz de filtrar la tercera derrota consecutiva. Desde la grada recriminaban a sus jugadores la falta de intensidad demostrada… Ya la jornada anterior en El Sardinero hubo pitos hasta en tres ocasiones. Algo no va bien y parece que la grada lo percibe con un sexto sentido arácnido.

Fran Díez

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