martes, 22 de diciembre de 2015

Saro: «Trabajando en la formación he sido muy feliz»


Saro es puro fútbol. Es Racing de los pies a la cabeza. Fue canterano sin suerte, futbolista genial lesionado, entrenador docente y director deportivo pillo… Lo ha sido todo, ha hecho mucho y bien. Este miércoles le toca recibir un poco de cariño y recoger parte de lo sembrado. Las categorías inferiores del club santanderino le tributan un merecido homenaje. Algo sencillo, como él. El 10 de enero cumple 78, pero sigue igual de lúcido que siempre regateando a todos para defender su idea de club de la tierra.


Llegan los homenajes y eso es que ya va haciéndose mayor…
Yo siempre he sido un poco reacio a este tipo de actos, sobre todo hace unos años, cuando todavía me veía en disposición de aportar muchas cosas al fútbol… Pero ya la edad pesa y sí, ahora estoy muy agradecido de que se hayan acordado de mí. Y además me encanta que el homenaje venga de una parte muy importe dentro del fútbol y especial para mí: la cantera.

Ha sido canterano, formador de canteranos y hasta profesor de esos formadores de los canteranos.
El fútbol es mi pasión, soy un hombre sencillo de tres parámetros fijos: Dios, familia y trabajo, y ese trabajo, gracias a Dios, ha sido el fútbol. Soy un enamorado de este deporte y dentro de él he desempeñado casi todas las labores: he sido jugador, entrenador, director deportivo, director de la escuela, docente de varias federaciones... Lo que más me divirtió fue jugar, evidentemente, pero lo que más me satisfizo, sobre todo a estas alturas de mi vida, con lo mayor que ya soy, ha sido formar. Eso te deja una satisfacción inmensa, aunque a veces no te lo agradezcan a corto plazo. Hubo épocas en las que no sentía esa recompensa o ese apoyo de alguien por el trabajo de cantera, pero tú lo hacías con toda la ilusión del mundo y con la pasión del fútbol. Ver evolucionar a los chicos y compartir sus sentimientos, que además los conoces porque los has vivido tú, es algo increíble. Y los que llegan arriba te dan una alegría inmensa. Les puedes ayudar o darles una formación, pero es mentira que uno saca a no sé quién o al otro: ¡salen ellos solos! Intervienen muchos factores y algunos futbolistas muy buenos no llegan nunca a la élite y otros sí por circunstancias diversas, no por una persona. Trabajando en la formación he sido muy feliz.

A usted como canterano le costó llegar al primer equipo muchísimo, pese a firmar su primer contrato con 16 años se quedó a las puertas de triunfar en casa.
Era entonces la joya de la corona de la cantera del Racing, como se dice ahora. Siempre se dice de algún futbolista prometedor algo parecido, pero adolecí de tener un físico más poderoso. En aquella época los puestos y el estilo de juego eran muy diferentes. Los interiores tenían un trabajo muy importante en el “cuadrado mágico”, que formaban los dos medios volantes y los dos interiores. En mi tiempo ya había un interior que bajaba más y otro que se quedaba en punta, pero a mí me tocaba bajar para construir fútbol y ese recorrido exigía mucho físicamente… Yo entonces pesaba menos de 60 kilos y en esa posición era complicado que eligieran a un jugador con mis condiciones. Como jugaba bien me fueron acoplando a otros puestos. Terminé en el extremo izquierdo porque le pegaba bien con las dos piernas, aunque era diestro… Todo el mundo pensaba que era zurdo, pero no. Fui un futbolista creativo y constructor de juego, así que eso te daba ciertos admiradores, siempre gusta ese jugador que es capaz de crear.

Siempre le llevaban a la pretemporada con el primer equipo y luego nada.
Los cuatro años que firmé con el Racing desde juveniles hice la pretemporada con el primer equipo y siempre decían que me iban a pasar… Luego nunca ocurría. Decían, a ver si engorda un par de kilos y cosas así. Me hicieron subir a entrenar tres días a la semana para que cogiera más peso y barbaridades así, pero nada… Rafa Alsúa apostó mucho por mí e incluso se enfrentó a la directiva que presidia Naveda. Les decía que si querían a un tío grande y fuerte que ficharan a Chausson, que era un campeón de la lucha libre.

Tuvo también la venganza del canterano, irse a otro equipo y marcarle al club en el que se formó… ¡Y ocurrió más de una vez con el Celta y con la Unión Deportiva Salamanca!
Sí, recuerdo que con el Celta empatamos a dos en El Sardinero e hice un partidazo. Pasó lo que siempre pasa en Santander, algunos aficionados decían aquello de “si éste era un fenómeno, se tenía que haber quedado aquí”. En Vigo tuve una lesión muy grave y como estaba estudiando en la Universidad de Santiago y los viajes eran eternos, las carreteras no son las de ahora, decidí irme a Salamanca. En Galicia no tenía tiempo ni ambiente de estudio. Los viajes duraban toda la semana, salíamos los martes para jugar el domingo… Y luego había que ir de Vigo a Santiago. Mi madre quería que terminase la carrera y allí era imposible. Tuve que comprar mi carta de libertad, 60.000 pesetas, aunque al final lo pagó la Unión Deportiva Salamanca. Allí estuve cuatro años y luego tuve que ir al servicio militar. Ya fui mayor porque al ser hijo de viuda pude retrasarlo. Cuando volví había descendido la Unión a Tercera y como cobraba mucho para esa categoría me dejaron libre porque no podían pagarme. Mi intención era haberme quedado allí para siempre.

No sería muy común el futbolista universitario en aquella época...
En Salamanca sí, casi todos. Un 70 o un 75%, pero en otros clubes no era algo habitual. En Vigo vivía con Antonio Pais, que jugó después en el Barcelona y otros equipos. Él estudiaba Derecho, su padre había sido registrador de la propiedad en Santander durante el incendio. Vivíamos juntos y eso nos servía para estudiar, pero no había ninguna otra relación con la Universidad, ni ambiente de estudio ni tiempo a causa de los viajes tan largos... Así era complicado.

¿Qué estudió?
Empecé Químicas, pero abandoné y luego pasé a Ayudante técnico sanitario, los practicantes, que se llamaban entonces. Me gustaba mucho la medicina. y a través del masajista que teníamos empecé a meterme en ello. Nos exigían en el hospital estar internos y era muy complicado compatibilizarlo... Los estudios son importantes y eso se lo ha he inculcado a mis hijos, los seis acabaron la carrera. Mi hija mayor es médico, tengo otro que es farmacéutico, psicólogo, veterinario, relaciones labores...

Con este homenaje se le reconoce que ha sido pieza fundamental en poner las bases de lo que luego ha sido la cantera moderna del Racing.
En la época de Maguregui, aunque jugaban muchos canteranos, no era fácil hablar de cantera. Era un hombre muy pragmático, veía muy bien el fútbol, pero no se preocupaba mucho de sacar chavales jóvenes. Obtenía mucho rendimiento de las plantillas, pero desde su prisma. Maguregui no encajaba mucho con la idea de la formación, sólo velaba por lo competitivo… La idea de que el club apostase por la cantera definitivamente llegó a implantarse porque se debía mucho dinero. El presidente, José Manuel López Alonso, tenía avalados de su patrimonio 150 millones de pesetas y no quería perderlos. No quedaba más remedio que mirar a la base. Yo entrenaba al Rayo Cantabria y Nando Yosu era el segundo entrenador con Magu, él pasó a dirigir al primer equipo y yo seguí en el Rayo con la tarea añadida de organizar la cantera. El gran problema era que no teníamos campos para entrenar… No se ha dicho mucho y me parece algo que fue fundamental, López Alonso realizó una gestión trascendental en la historia del Racing. Él era también vicepresidente de la Federación Española y se movía muy bien en los despachos, logró los apoyos necesarios para conseguir los campos de La Albericia y que la RFEF aportase dinero para acondicionarlos. Salieron muchos futbolistas y muy buenos, con una particularidad, que siempre me ha preocupado: había también una filosofía detrás. En el sentido de que los niños, a parte de la formación, gracias a la camiseta del Racing, sabían también que se podían labrar un futuro profesional. Ahora en el B les falta el querer ser profesionales. Esa garra final para dar el último paso. Entonces tenían ese arraigo y sabían que aquí podían estar muchos años en Primera. ¡Recuerdo a dos defensas completas, los cuatro, que pasaron dos años seguidos al primer equipo!


Siempre apostó por dotar al trabajo de base de una filosofía determinada.
Yo fundamentaba mucho la cantera en el carácter propio de la tierra, pero entonces el fútbol era distinto, no era tan homogéneo como ahora. Hoy todos copian al Barcelona, sus maneras, sus tácticas, sistemas, jugar desde atrás…. Entonces la idiosincrasia de cada región tenía mucha importancia, los equipos que tenían cantera la basaban en su manera de ser. Santander también ha cambiado mucho, ya no es una ciudad de mar… La gente del mar es ingeniosa, tiene una picaresca y una vivacidad especial… Y los mismos cántabros del interior son de otra manera, muy recios con casta, fuertes… Poseen otras características, aunque puede haber excepciones. Hoy todo eso ha cambiado, socialmente no hay tantas diferencias, aunque el jugador del Santander siempre tuvo algo de eso. Aquí también siempre ha gustado el buen juego, quizá por aquel Rayo Cantabria de la tasa, del que formé parte. El famoso Eduardo Teus llegó a decir que era el tercer equipo que mejor jugaba de España y eso estando en Tercera División, lo que hoy sería la 2ªB. Ese conjunto tenía una forma de juego de toque que no era habitual entonces. En toda la cornisa cantábrica  se practicaba un juego más directo y rápido. Un estilo del norte motivado por las características de los terrenos de juegos y el clima. Eran campos embarrados, pero hoy ya todo eso ha cambiado, apenas queda un poso.

Actualmente se vuelve a decir en el Racing que hay una apuesta decidida por la cantera, ¿será la definitiva?
Para el Consejo de administración no tengo más que loas. Además de poner el esfuerzo quieren al club y han realizado una labor extraordinaria, pero sí, también he sido crítico en alguna ocasión. Dijeron en la asamblea que iban a trabajar la cantera y no ha sido así. Han fichado a 15 futbolistas de fuera y ahora parece que traerán a dos más. Creo que quieren ascender como sea, que tienen una problemática tremenda si no sube el equipo esta campaña, y ese objetivo urgente deja de lado a la cantera por el momento. Solamente con chavales es complicado quedar campeón y subir… El gran problema que veo en esta apuesta a una carta es que no se logre el ascenso. Si no suben será un fracaso y la temporada que viene tienes que prescindir de la mitad de la plantilla y volver a fichar al 50 o al 70%. Mientras que con la cantera es al revés, vas poco a poco haciendo un bloque, y esa filosofía de querer su camiseta y defender lo suyo siempre permanece. Cuando fichas muchos futbolistas de fuera es habitual que llegue alguno un poco gandulito, que lo que quiere es jugar y cobrar y nada más. Y los de casa son los primeros que defienden a su equipo y crean bloque. Se pierde un poco con esta política de resultados inmediatos.

Canteranos y algún refuerzo de calidad, ¿es la receta idónea?
Es cierto que nunca la cantera de Cantabria ha sido tan grande como para que todos sean absolutamente de aquí, siempre hay que reforzarla en puestos determinados. Cuando fui director deportivo tuve suerte. Tuto Sañudo se retiraba en el Real Oviedo y le dije: "no te puedes retirar, tienes que jugar un año más y volver al Racing". Con él ya tenías un hombre de la columna vertebral importante. A Quique Setién me costó Dios y ayuda firmarle, pero era fundamental en el centro, y luego ya unos cuantos que servían de acomodo a eso, pero había casi un 80% de futbolistas cántabros.

Este verano también se podía haber optado por recuperar a algunos de esos futbolistas cántabros que estaban en la categoría y que hubieran supuesto también un ahorro económico.
Sí. Quizá no es que sean futbolistas determinantes en 2ªB, pero son iguales que los que han traído y si puedes beneficiar algo a uno de tu pueblo, pues mejor. Siempre van a dar un plus, un poco más que uno de fuera.

¿Fue ingrata la labor del director deportivo?
Sufrí mucho en ese cargo. Estuve muy solo, sin Consejo de administración ni ninguna infraestructura al principio. El club pertenecía al Ayuntamiento, al Gobierno y a la Caja al principio. Tuve la suerte de poder implantar mi idea, que fui a defender a las antiguas oficinas del club en el Paseo Pereda. Allí les expliqué el proyecto y recuerdo que me dijeron: “Suena bien, como nuestros programas políticos… A ver si luego resulta”. El problema era que no había ni un euro, como ahora. Hormaechea, que había sido compañero de clase mío, me dijo que era una cuestión del Ayuntamiento y con Manuel Huerta, el alcalde entonces, me reunía una vez a la semana para explicarle los problemas que iban surgiendo y despachar sobre el día a día de la institución… Lo más importante fue defender la idea, con pasión y cariño, porque los que están fuera lo ven de otra manera. La crítica de los periodistas les afectaba mucho. La mayoría era gente que no eran de fútbol y se ponía nerviosa enseguida. El fútbol tiene una repercusión enorme, y de pasar desapercibidos o de ser conocidos solamente en el ámbito de sus negocios, empiezan a que todo el mundo les reconozca o les pregunte por el equipo. Y eso agobia al que no está acostumbrado. Si has jugado a esto ya sabes lo que es que te chillen o aplaudan 30.000 personas. Poco a poco las dificultades se fueron solucionando, Huerta echó una mano para lograr un crédito y se hizo una buena plantilla. Pero costó mucho. Se acertó con el entrenador, Paquito, que es un gran pedagogo y es ideal para la gente joven y para dirigir un equipo de cantera. 

Tuvo una salida muy injusta.
Yo quería que renovase, pero tenía a una parte de la prensa en contra y el presidente no quiso que siguiera. El Consejo ya estaba formado y empezaba a mandar. El ascenso lo cambió todo, Mi autoridad quedó muy reducida, de director deportivo pasé a ser secretario técnico. En la tarjeta seguía poniendo lo mismo, manager general, pero ya no era igual. No pintaba lo mismo, aunque todo se me consultaba y se me informaba. Ya veía que ellos querían mandar, con los directivos siempre pasa igual, todos entran diciendo que no tienen ni idea de fútbol y a los tres meses ya saben más que nadie. Te vas percatando de eso y me imaginaba que al final de la campaña iban a dejar de contar conmigo. Con mi forma de ser era más un estorbo que otra cosa. Un equipo de Primera División no tiene nada que ver con el resto, ni con la Segunda. Empezaba entonces a llegar el dinero de la televisión y mi castillo de naipes se iba al garete porque yo fundamentaba el proyecto en ilusión, filosofía, ideas… Y eso no es negocio.

Imposible terminar la entrevista sin preguntarle por la ‘sarina’, el regate que inventó y que le dio fama en todo el país...
Se dice que se lo había visto hacer al argentino Sará, pero eso hay que aclararlo. Yo era un niño pequeño, tendría unos 10 años, y vivía en Oviedo. Mi padre era de Santander, pero estaba destinado allí. Iba al colegio de los Maristas y en mi clase estaba el hijo de Herrerita y el del entrenador Urquiri, así que íbamos a los entrenamientos en Buenavista cuando estábamos de vacaciones. Entonces era común que al final de los entrenamientos los futbolistas se quedasen ensayando cosas. En una ocasión Sará iba recorriendo todo el campo subiendo la pelota entre la puntera y el tacón por detrás hacia delante y así iba avanzando, subiendo y bajando la pelota. Ricardo Salaberry, un uruguayo muy guasón, que era un gran jugador, le fue a quitar el balón para que parara y justo en ese momento Sará elevó la pelota y resultó un regate magistral casi sin pretenderlo. Los tres niños nos quedamos asombrados con aquella acción. Yo ensayaba algo parecido inspirado en aquello todos los días en el colegio. No era exactamente lo mismo, me basé en ello y lo perfeccioné. Al principio era muy complicado, pero me terminó saliendo a fuerza de practicar. No era algo que hiciera para lucirme, sino un recurso, por ejemplo cuando estaban en la esquina del córner sin espacio. Me enseñaron desde niño, gracias a que tuve buenos entrenadores, a aprovechar la superioridad numérica y si te ibas de tu par por sorpresa te salía un central y había que buscar al que quedaba libre porque era jugada de gol o de peligro. Enfadaba mucho aquella jugada. Recuerdo un 4-2 a Las Palmas y que le hice la 'sarina' a Benito, un tío de 34 años con bigote que era muy recio. Me dijo: “Chaval, te voy a dar”. Le tuve que pedir pedón y explicarle que no tenía ninguna intención de mofarme.

La 'sarina' le costaría muchas patadas.
De extremo cogí cierta fama de no ser muy valiente y de no ir al choque, así que los entrenadores rivales siempre decían aquello de hay que darle a ese... ¡Y me dieron bastante! Y los defensas y los arbitrajes de aquella época no son ni parecidos a los de ahora. 


Un gran admirador de la ‘sarina’ fue Vicente del Bosque, que incluso llegó a haberla en algún partido.
Él iba a un colegio que estaba muy cerca de El Calvario, el campo de la Unión Deportiva Salamanca, y en los recreos venía a ver los entrenamientos. Yo siempre me quedaba practicando jugadas al acabar, así que allí me vio muchas veces ensayar la ‘sarina’. Yo no lo sabía, pero en un viaje a Madrid, justo para cerrar el fichaje de Mutiu, entró al despacho a saludarme ya que sabía que estaba allí. Me contó aquello y estuvimos hablando mucho. A partir de ahí simpatizamos y como yo tenía que ir cada 15 días a Madrid para realizar informes del rival nos vimos mucho en la Ciudad Deportiva. Luego ya contó un día en televisión aquello de la ‘sarina’. En mi época no había medios así que no salió nunca esa jugada, aunque sí era conocida. Fue famosa porque la había realizando en el Bernabéu jugando con el Celta ante la selección española. Regateé a Irulegui. Luego le tomaban el pelo con aquello y le decían “Cuidado, que viene Saro”. Fue la sensación y al día siguiente en el entrenamiento Gento, Vicente Miera y Marquitos explicaban lo que era la ‘sarina’ y me llamaron para enseñarla. No había medios para que lo conociera todo el mundo gracias a la televisión, pero sí que fue algo bastante conocido.

Fran Díez

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