miércoles, 6 de abril de 2016

Las ayudas públicas en el fútbol alemán


En España existe la inocente creencia de que en el fútbol alemán no hay dinero público, quizá porque no se ve esa publicidad institucional en las camisetas o en las vallas de los estadios. Se tiene una visión del fútbol germano muy idealizada en el aspecto económico, al igual que ocurre con el país de Angela Merkel en general. La locomotora de Europa. Muchos piensan que los clubes alemanes son empresas muy serias que contienen su gasto y que son capaces de generar los recursos para autofinanciarse. Fiables como sus vehículos. Pero como en España, solamente los grandes equipos viven en ese paraíso financiero y las instituciones públicas tienen que acudir al rescate de muchos otros clubes para tapar los agujeros económicos que deja el balón o las gestiones muy osadas.

El profesor de alemán Pedro Mullor, que conoce bien la Bundesliga, cree que “el dinero público no lo invierten en las camisetas sino en los estadios y por ello tenemos aquí una menor percepción de esas ayudas públicas. Se ven menos, pero están en igual o mayor medida que en España. Las instituciones, tanto municipales como regionales, consideran que el fútbol mueve mucha gente, atrae turistas en días de partido o crea puestos de trabajo en los propios clubes o de manera indirecta en otros sectores como hostelería, hoteles… Se considera una inversión o algo identificativo que no pueden perder”.

Esa tendencia de grandes inversiones de dinero del contribuyente alemán para la construcción de estadios fue recogida en un reportaje por los periodistas Harald Pistorius y Benjamin Kraus que apareció en varios medios como Echo o Neue Osnabrücker Zeitung, fue una información publicada en abril de 2015. Y esa política continúa todavía. Alemania vive una burbuja de la construcción de estadios originada por el Mundial que acogió en 2006 y que dura ya una década. Primero fue en las grades ciudades y luego en otras poblaciones medianas y pequeñas, pero son ya diez años de nuevos estadios o remodelaciones en las que casi siempre hay dinero público salvo alguna excepción muy puntual. Los clubes medianos o más modestos, incluso por debajo del top-30, se han lanzado a una loca competición encarnizada para atraer espectadores a los estadios, especialmente a los palcos VIP. Con dinero de ayuntamientos o de estados federales, el equivalente a nuestras Comunidades Autónomas, se recoge en ese reportaje de Pistorius y Kraus un gasto previsto de 444,6 millones de euros públicos.

NOZ. En rojo dinero municipal; naranja de los estados federales; 
verde recursos propios del club y azul de inversores privados

Probablemente el ejemplo más significativo de todo esto sea el del Jahn Regensburg. Este club en abril de 2015 estaba clasificado último de la Tercera División y tenía una media de espectadores de 3.900 por partido, pero construía un nuevo estadio con capacidad para 15.100 asistentes con un coste de 53 millones de euros. Al encuentro inaugural del recinto, a principios de julio de 2015, acudieron 4.200 hinchas para ver un partido entre el equipo local y una selección de futbolistas de la región. “La construcción fue financiada por la ciudad y el Estado Federal de Baviera. Lo chocante es que desde el principio se sabía que a partir del verano de 2015 habría un déficit de unos tres millones de euros por temporada en cuestión de costes operativos siempre y cuando el equipo (que tenía como objetivo ascender a Segunda) se quedase estancado en la Tercera División. En caso de un probable descenso de categoría, las pérdidas para la empresa operadora serían incluso mayores. Dicha empresa es la Regensburger Badebetriebe, un consorcio municipal de explotación de piscinas que financió la construcción del estadio con créditos del Banco de Crédito Landesboden, perteneciente al Estado Federal de Baviera. ¿Cómo es posible que un consorcio de piscinas gestione un estadio de fútbol? Es un modelo recurrente: en otros sitios las empresas explotadoras se llaman simplemente ‘Empresa municipal’ o ‘Sociedad participativa’ pero casi siempre tienen algo en común: el sector público es accionista a gran escala y no en pocas ocasiones incluso es propietario único de las empresas explotadoras o del estadio”, explican Harald Pistorius y Benjamin Kraus en su detallado informe.

Se construyen estadios enormes con dinero público que los propios clubes no pueden mantener y que siguen suponiendo un gasto enorme a las arcas públicas hasta la eternidad. Los clubes medios o pequeños no pueden generar suficiente dinero para esos recintos sobredimensionados. Los equipos que intentaron por sus propios medios construir o remodelar sus estadios sin ayuda del sector público cayeron al pozo de las deudas... Y fueron rescatados por las instituciones. “La lista de los fracasos es larga: el MSV Duisburg pudo salvarse en un primer momento por una reducción de sus deudas, Rot-Weiß Essen y Alemannia Aachen se declararon insolventes. En los tres casos la situación se desencadenó por los malos resultados deportivos y en los tres casos son los Ayuntamientos los que controlan ahora los estadios. En Aachen, el Ayuntamiento se hizo cargo del Estadio Tívoli por el valor simbólico de un euro. La construcción le había costado al club nada menos que 50 millones, de los cuales un 80% se había garantizado la entidad financiadora la aseguradora AachenMünchener con garantías del Estado Federal. Al producirse la situación de insolvencia del club, el Estado Federal de Renania del Norte-Westfalia tuvo que hacerse cargo de la deuda con la entidad bancaria. Este escenario amenaza también con producirse en Bielefeld y Osnabrück. La sociedad creada para la construcción del estadio del Arminia Bielefeld tiene un sobreendeudamiento de 25 millones de euros, los garantes del pago son el Ayuntamiento y el Estado Federal de Renania del Norte-Westfalia. En Osnabrück el Ayuntamiento posee el 5% de participaciones en la empresa explotadora del estadio. En este caso la suma de dinero arriesgada es más pequeña (10 millones de euros), pero tanto el Ayuntamiento como el Estado Federal también deben responder económicamente en caso de insolvencia”, relatan los dos periodistas.

Seguramente, todos estos casos supondrían un enorme escándalo en la España de 2015. En Alemania presumen de sus estadios repletos de espectadores y eso es importante para las entidades públicas. La media de espectadores por partido de la Bundesliga, 42.609, supera ampliamente a la Premier (36.695) y a la Liga (26.955). Solamente el fútbol americano, la NFL, les supera. Tienen también las entradas más baratas de las grandes ligas de fútbol en Europa, pero todo gira alrededor del consumo en unos recintos deportivos repletos de locales comerciales y de hostelería.


“La pregunta que se plantea es: ¿por qué actúan así los Ayuntamientos y los Estados Federales? ¿Por qué hacerse responsables del fútbol profesional que mueve millones por sí mismo? La respuesta está en el propio sistema y en la competencia entre emplazamientos futbolísticos, así como en la percepción de los clubes de fútbol como ‘marcas distintivas’. Los partidos de fútbol a un determinado nivel mueven gente, llevan turistas y con ellos dinero a las ciudades y se crean puestos de trabajo tanto en los propios clubes como alrededor de los estadios. Muchos clubes están intentando cifrar el impacto económico de estos componentes en sus regiones por medio de estudios encargados por ellos mismos”, señalan los periodistas.

En Alemania las subvenciones al fútbol constituyen más la norma que la excepción, algo que seguramente sorprenderá a más de un aficionado español. “En todos los casos es válido el siguiente modelo: a más éxito deportivo más atención mediática lo que equivale a más ingresos y a más posibilidades de inversiones para un éxito futuro. Con el fin de que el club de la ciudad no se quede en una posición desfavorable, las subvenciones al fútbol profesional constituyen hoy en día más la norma que la excepción ya sea en forma de cancelaciones de deuda, de aporte financiero inicial o incluso de construcción de un estadio nuevo”, explican Pistorius y Kraus.

Y no es que los municipios y estados federales germanos naden en la abundancia. Europa está en crisis, incluida Alemania. “Pese a todo siguen invirtiendo actualmente grandes sumas de dinero en estadios de clubes de Tercera División. 35 millones de euros en Erfurt, 25 millones en Chemnitz, 18 en Jena... Los estadios de Halle (17 millones) y Magdeburgo (31 millones) ya están acabados. ¿Quién es el propietario de los estadios? Los respectivos ayuntamientos, los cuales negocian un canon de ocupación o alquiler de los estadios según la categoría en la que militen los clubes aplazándolos cuando los equipos están en situación económica o deportiva desfavorable”, comentan.

Los casos de un inversor privado que paga la construcción del estadio se cuentan con un solo dedo. Audi puso a disposición del FC Ingolstadt 20 millones de euros para un nuevo recinto deportivo. No es lo normal.


Otro informe publicado en noviembre de 2014 de los autores Klaus Martens y Jochen Leufgens titulado ‘Fútbol profesional en Alemania: Millones de los contribuyentes para empresas con ánimo de lucro’ ya advertía de esta tendencia. Alemania no escapa a la locura por el fútbol, que como el mundo de los negocios, éste lo es, genera ricos y pobres… con desigualdades cada vez mayores. En 2009 el Schalke 04 recibió préstamos por 25 millones de euros de la ciudad de Gelsenkirchen en concepto de participaciones por la explotación del estadio. Era una medida desesperada para salvar a la institución, que veía amenazada su presencia en la Bundesliga por los apuros económicos. Ningún banco aceptó la operación, pero una institución pública asumió los riesgos. El Borussia Dortmund pasó hace años por una situación muy precaria económicamente y recibió un crédito de 19,5 millones de euros procedentes de dinero público de la ciudad. Antes de sus éxitos deportivos de la última década, el Borussia Dortmund ya estuvo a punto de desaparecer por las deudas. No son casos aislados, ni mucho menos. El Kaiserslautern empezó a padecer grandes dificultades económicas tras su descenso a la segunda categoría así que el Ayuntamiento le compró el estadio por 52 millones de euros cuando el precio de mercado del recinto estaba valorado en unos 20, 32 millones como mucho. Curiosamente ese municipio es uno de los más endeudados de Alemania, algo que no impidió la operación de rescate al balón.

El Hansa Rostock, que estuvo en la máxima categoría del fútbol germano y ahora juega en la tercera categoría, solicitó una reducción de su deuda por valor de 8 millones de euros a los bancos acreedores para que el estado de Mecklenburg-Vorpommern pudiera concederle más fácilmente 3,2 millones de dinero público. Un acuerdo a varias bandas para sanear la economía del equipo con mediación política. Todo esto no pasa desapercibido para la Comisión Europea que en ya en 2012 puso su lupa sobre estas ayudas públicas, pero al igual que ha ocurrido con las investigaciones a clubes españoles todo parece haber quedado en agua de borrajas. El fútbol es intocable, o casi.

Pedro Mullor apunta que “en el fútbol austriaco también hay muchos casos similares, por ejemplo, la mitad de los costes del nuevo estadio del Rapid de Viena los ha costeado la propia ciudad con dinero público: unos 26 millones de euros”. Esas subvenciones de dinero público no se ven con malos ojos si son para salvar a empresas que son algo más... El Austria Salzburgo, un equipo del campeonato regional del Oeste de Austria, aspiraba a subir a la Segunda División y el Ayuntamiento le concedió en 2014 cerca de un millón de euros para mejorar su estadio y, por ejemplo, instalar nuevas torres de luz artificial. ¡Un millón para un equipo de la regional austríaca!

Fran Díez @_FranDiez
Pedro Mullor @PedroMullor

1 comentario:

  1. Enhorabuena, interesante articulo.
    Llevaba mucho tiempo leyendo la falsedad que en Alemania está absolutamente prohibido inyectar dinero publico en el fútbol.
    Esto claramente demuestra que es una leyenda urbana.

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