lunes, 3 de abril de 2017

El bueno, el feo y el malo el Coruxo-Racing


El bueno
Se ganó y pista. Los debates y los análisis quedarán para las tertulias, para que saquemos punta a todo... Posiblemente con motivo y muchos argumentos.

El triunfo es marisco gallego y han sido tres puntos sabrosos como los tres mosqueteros: Iván Crespo, Álvaro Peña y Abdón Prats. Cada uno en su línea cumplió con su función, el trío hizo lo que había que hacer para ganar. El Racing es colíder, segundo con los mismos puntos que el Celta B. Ahora resta esperar un simple empate de los vigueses en seis finales a vida o muerte repletas de tensión… Y ganar todo. No hay filial que lo aguante, aunque sea un B que parece un A. Los gallegos ha asestado un golpe mortal en la moral de la Cultural, que ha perdido el primer puesto después de venir ocupándolo desde la décima jornada. Entre los tres clubes habrá sprint en esta maratón de la fase regular y el Racing, con sus miserias de juego, parece el bloque más fuerte física y mentalmente, además de tener el mismo o más talento que los otros dos.

El feo
Feo, fuerte y formal, así es el juego del Racing, como John Wayne, como la canción de Loquillo. La escuadra que entrena Ángel Viadero sigue siendo la menos goleada, la mejor a domicilio y una especie de dinosaurio gigantesco que aplasta a sus rivales sin querer, con leves movimientos que duermen al público pero fulminan al adversario sin inmutarse. Es fácil recordar al Racing de Paco Fernández, sólido, previsible, aburrido… Letal. Esto va de ganar y al final, no encajar goles resulta más eficaz que dar tropecientos mil pases en el centro del campo y dos filigranas. Nadie se acordará de cómo se ganó en Coruxo en junio o si se coqueteó en exceso con el empate por no presionar antes al conjunto gallego.

El malo
A los once segundos de partido Jorge se fue en carrera de toda la zaga racinguista y se plantó solo delante de Iván Crespo. La paradoja de ser la defensa menos goleada de una categoría con 80 equipos y cometer errores de bulto y concentración. En ocasiones resulta desesperante esa especie de parsimonia que muestra el conjunto que entrena Viadero. Da la sensación de querer ganar con el mínimo esfuerzo, de dejar pasar los minutos sin atreverse a nada... Es solamente una sensación. El técnico lo llama maduración de los partidos.

Fran Díez

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