miércoles, 28 de febrero de 2018

Historias de la nieve y el Racing


Las Instalaciones de La Albericia parecían esta mañana el escenario de una novela negra sueca. Solamente faltaba un cadáver sobre la nieve, pero el muerto no es el Racing. El equipo cántabro sigue vivo y coleando con 33 puntos en juego y el ascenso por decidir, pese a que alguno se empeñe en matar a la escuadra verdiblanca.



Obligado recordar hoy la gran nevada del año 85. Entonces la nieve cubrió las playas y el manto blanco duró más de una semana en la capital. Era 16 de enero cuando la nieve sepultó Cantabria y después de la primera gran nevada José María Maguregui no pudo hacer entrenar a sus futbolistas sobre el césped y suspendió la sesión  El técnico del filial, José Ramón Moncaleán, sí que hizo trabajar a sus jugadores sobre la nieve y eso que la mayoría tuvieron que llegar a La Albericia andando porque el servicio de transporte municipal no funcionó. Santander quedó paralizada y colapsada.

Circular por la ciudad era casi imposible, un caos, y eso que no había Metro-TUS. Famosa es la foto de un hombre esquiando por el centro de Santander aquellos días. La reunión de la junta directiva se tuvo que suspender porque solamente llegaron a la sede racinguista en el Paseo Pereda cuatro directivos.

El club tuvo que pedir ayuda al Gobierno de Cantabria para retirar la nieve de los Campos de Sport y poder jugar el fin de semana. El viento sur limpió de nieve la capital cántabra antes del domingo, pero la odisea blanca duró casi una semana.



En febrero de 1963 sí que se tuvo que suspender el encuentro entre el Racing y el Basconia por la nieve. Es la fotografía que hoy recordaba el club en sus redes sociales. De pie están Pedrito –padre del cantante Lucas González, de Andy y Lucas–, Abel, Gasull, Suco, Araújo, Gómez, Berasaluce, Odriozola y Pallás. Agachados podemos ver a Larzábal, Navarro, Rifé, Crispi, Lerma, Goñi y Bartelmi. Es el único partido del Racing que no se ha podido jugar en casa por ese motivo. Se han aplazado más choques por la niebla que por la nieve.

El 19 de febrero de 1956 estuvo a punto de no poder disputarse un Racing-Sabadell pero una cuadrilla de obreros con palas lograron despejar el césped de nieve justo a tiempo. En todo el norte de España se suspendieron los partidos de fútbol, pero en Santander se jugó. El duelo terminó sin goles.


No es habitual la nieve a nivel de mar, pero el club santanderino sí que se ha encontrado con grandes nevadas jugando como visitante. En la temporada 92/93 la nieve estuvo a punto de dejar sin ascenso a Primera a los racinguistas. El equipo santanderino, segundo en la tabla, tenía que jugar en Lugo, que estaba clasificado en la zona de descenso, con toda la cornisa cantábrica cubierta de nieve. El viaje hasta Galicia en autobús fue una odisea que duró más de diez horas.

El terreno de juego estaba en muy malas condiciones y una nevada cubrió todo el césped justo antes de comenzar el partido sin tiempo para retirar otra vez el manto blanco. El árbitro preguntó a los capitanes su opinión, pero con la idea de suspender el choque, algo que parecía obvio. Los lucenses querían jugar a toda costa porque las condiciones adversas les favorecían mucho. Tenían un nivel técnico muy inferior a los cántabros y aquello lo igualaba todo. Quique Setién, capitán del Racing, se mostró partidario de jugar incomprensiblemente. El colegiado, Barrenechea Montero, le preguntó varias veces sí estaba realmente seguro... Según confesó tiempo después fue por no sufrir otro infernal viaje en autobús hasta Lugo. Cosas del destino luego Setién acabó viajando a esta ciudad durante años como técnico del conjunto gallego durante seis campañas. El trayecto había durado horas y horas a causa del temporal y los futbolistas verdiblancos estaban exhaustos y desconcentrados.

Ni siquiera había un balón naranja para disputar el choque, así que un empleado del Lugo estuvo buscando uno por todas las tiendas de la ciudad sin éxito. El encuentro arrancó con más de media hora de retraso y con un balón normal teñido con pintura plástica negra, la misma que se utilizó para delimitar el terreno de juego y las áreas. La solución chapucera fue un desastre y pronto se emborronó todo con la nieve y el barro.

El primer gol llegó en el minuto 23 a causa de un resbalón de José Ceballos. El Lugo, que llevaba más de 600 minutos sin marcar, le endosó tres al equipo de Paquito.

El autobús no pudo regresar a Santander debido a las nevadas y el equipo tuvo que hacer noche en Ponferrada con un ambiente funesto y la sensación de que no se tenía que haber jugado aquel partido. A raíz de aquel encuentro el Racing entró en una crisis de juego que le hizo sumar solamente un punto en cinco partidos y perdió la segunda plaza de la clasificación. Peligró el ascenso de manera muy seria. Afortunadamente, se reaccionó a tiempo con una recta final de campeonato gloriosa y aquella campaña se terminó celebrando un ascenso en El Sardinero ante el Español.


También ha ocurrido al revés, que las malas condiciones del campo a causa de la nieve han beneficiado al Racing. En enero de 2015 ganaron los cántabros 1-2 al Mirandés en Anduva con una meteorología extrema. Era el Racing de los Cojones dirigido por Paco Fernández, una plantilla con un espíritu especial. Horas antes de que rodara el balón el choque estuvo a punto de suspenderse, pero no por la nieve sino por las inundaciones en una de las zonas del exterior del estadio. Unos 300 aficionados racinguistas padecieron el frío y la nieve en una grada descubierta por la que no se podía caminar sin resbalar. Eso sí, la alegría por la victoria hizo soñar con la permanencia. Mítico recordar a los hermanos San Emeterio jugando con camiseta de manga corta y a Mariano resbalando por la nieve en la celebración del gol del triunfo en el minuto 89.

En la temporada 69/70 el Racing sufrió una encerrona blanca que parecía diseñada por Pathfinder, el guía del desfiladero. Era un partido ante el modesto Hullera en León. Era enero y el club santanderino militaba en la Tercera División, equivalente a la Segunda B actual.

Al llegar al pueblo, la Pola de Gordón, la expedición montañesa se encontró con un campo cubierto por la nieve. Parecía imposible jugar allí un partido de fútbol y así se lo comentaron varios directivos locales, que amablemente invitaron a comer al equipo. Después de una copiosa comilona con vino y chupitos se descubrió el pastel: habían despejado el terreno de juego después de la inspección racinguista y sí que habría partido a la hora prevista. Todo era una estratagema de la directiva del Hullera. La diferencia de potencial era enorme y el Racing sacó el partido adelante por la mínima, 0-1. Era una afición de lo más belicosa y un juez de línea anuló un gol legal de los cántabros ante las amenazas de un directivo local y la presión de la grada. En Santander los racinguistas golearon 7-0 a los leoneses sin tantos apuros y con el estómago vacío.

Esa misma temporada la expedición racinguista y cientos de aficionados quedaron atrapados en la nieve en Aguilar de Campoo regresando de un partido ante la Cultural Leonesa, que eso sí acabó con triunfo santanderino 1-2. Algunos jugadores, que tenían permiso pare volver por su cuenta, y seguidores racinguistas pasaron la noche en el Valentina, un conocido restaurante, esperando a que se despejara la carretera al día siguiente. Entre los futbolistas estaba Santi Gutiérrez Calle con la que era entonces su novia y después sería su mujer. Dos kilómetros más allá de Aguilar se quedaron atrapados con un Seat 600 en la nieve y tuvieron que regresar andando al pueblo.

Historias de la nieve y el Racing que le vienen a la cabeza a uno viendo a un Pouso polar atravesar el campo 2 dejando sus huellas sobre la nieve.

Fran Díez

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