domingo, 18 de febrero de 2018

Mogollón Segunda B


Celebrar 105 años con Borja Granero fingiendo lesión para perder tiempo en un Racing 1 - Izarra 0. Eso resume el estado actual del Real Racing Club de Santander.

Y es que en Segunda B se pueden perder partidos, pero no se puede perder la dignidad. Y que el Izarra arañe minutos al reloj es normal, pero que el Racing lo haga es de taparse la cara con la bufanda.

El problema no es estar en Segunda B por tercer año consecutivo. El problema es que nos estamos empezando a acostumbrar a vivir en Segunda B. A ser de Segunda B.

Hoy en El Sardinero hubo cosas que a los de "Odio Eterno Al Fútbol Moderno" les habrían encantado.


Para empezar, era puro fútbol antiguo el atuendo del Izarra, que por falta de previsión tuvo que salir a jugar con los pantalones y medias azules del Racing que hizo Kelme (uno se pregunta en qué estaba pensando Kelme para hacer una equipación azul). Camiseta negra y verde con pantalón y medias azules. Un cromo.

Mención aparte merece el dorsal 3 del Izarra, Alejandro Cacho. Un calvo de los de antes, de los que llevan su alopecia por bandera como la llevaban el Tato Abadía o el búlgaro Letchkov en USA 94. Sin raparse, ni afeitarse. Asumiendo. Era Cacho, además, un lateral izquierdo a pie cambiado, lo que hacía de él –y de cualquier lateral izquierdo que la pegue con la derecha- una versión fea de Paolo Maldini.

Incluso tuvo el detalle el Izarra de meter en la recta final a un delantero africano random llamado Saihou Gassama, de esos que se dejan el alma en cada balón, y de hecho en un balón largo tuvo la ocasión de empatar el partido pero le pegó con tanto alma que la mandó a tribuna norte.

Casi al final también vivimos otra novedad, ésta ya no del equipo visitante sino de la afición local. El caso es que, conforme se iba haciendo de noche en El Sardinero algunos aficionados en los fondos empezaron a sostener sus móviles con la linterna encendida. Más y más linternas se fueron encendiendo sin motivo aparente, meneándose de derecha a izquierda como si de un concierto de música pop se tratara.

No hay nada de malo en las linternas, si no fuera porque cuando uno sostiene el móvil en alto le es físicamente imposible aplaudir a su equipo. Y eso sí que es merecedor de Segunda B.

Adrián Mediavilla

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