Un Pernía y otro Pernía


Pernía marcó un gol en propia puerta al Racing, pero nadie fue consciente de las dimensiones siderales de aquel tanto que rompió redes y creó un agujero negro que todavía sigue en los espesos tribunales cántabros.

Pero no hablemos del expresidente racinguista y exconsejero del Gobierno regional, que en 2003 todavía decía no saber nada de fútbol y odiar el deporte del balón. Recordemos al otro Pernía, al bueno. Un argentino que llegó a ser internacional con España. Cosa extraña, lo mismo que las cuentas del panadero de Cóbreces. El sudamericano se llamaba Mariano y al cántabro le gustaba Mariano… Le dio muchas veces la mano a Rajoy delante de las cámaras de televisión. Los dos tienen más cosas en común. El futbolista era hijo de un piloto de carreras, Vicente Pernía, y al político español le hubiera gustado serlo.

Retrocedamos a la temporada 2002/2003 con el Racing en Primera División. Mariano Andrés Pernía Molina acababa de llegar a España con 25 años procedente del Independiente. El lateral izquierdo jugaba en el Recreativo de Huelva con Lucas Alcaraz en el banquillo, aunque no era fijo ni mucho menos con el técnico granadino. Era la jornada 30 y los onubenses llegaban con apuros a los Campos de Sport de El Sardinero. Los cántabros tampoco andaban sobrados con Chuchi Cos y Piterman en el banquillo y pululando por los despachos. Estaban tan apurados que habían pedido consejo a Nando Yosu y el veterano salvador regresaba extraoficialmente al banquillo a poner orden.

Un gol en propia puerta de Pernía le dio tres puntos de oro al Racing. Luego otro Pernía robaría el alma del club y la cartera. Lo primero se ha recuperado y lo segundo se sigue pagando. Los santanderinos se salvaron, los andaluces descendieron… Aunque antes llegaron nada menos que a la final de la Copa del Rey, que perdieron ante el Mallorca de Goyo Manzano, otro habitante del banquillo cántabro.


Aquel partido de 2003 fue un partido bastante aburrido con tres minutos de locura, con Bodipo logrando que expulsaran a un rival por una supuesta agresión y autoexpulsándose poco después por un cabezazo a Pernía… Sin duda, se equivocó de Pernía.

La suerte acabó sonriendo al Racing en la segunda parte, normal con Nando Yosu en el banquillo. El zorro de Munguía tenía flor. Un balón despejado por Espínola tras un saque de esquina rebotó en Pernía y se introdujo en la portería de Luque. Lo que un Pernía da, otro Pernía te lo quitará. Tras el gol, los cántabros se replegaron dejando el control del esférico a los onubenses. El Recre fue perdiendo fuelle e ideas y el Racing dejó de tener problemas para amarrar los tres puntos.

Buceando en los archivos secretos del Pentágono verdiblanco que es mi armario encontré un viejo reportaje en un CD, casi como si fuera ya una casete de gasolinera. Un vídeo de curiosidades y detalles de aquel encuentro sin mayor trascendencia… Nadie se acuerda ya del autogol de Pernía y todos recuerdan al otro Pernía, aquel que pisó el césped con zapatos italianos de superlujo mirando a alguna chavaluca de la grada. Se ven los viejos videomarcadores funcionando –más o menos–, a Moratón, a Arpón, a Diego Alonso... Otros tiempos.


A Pernía, el lateral genial lanzador de faltas, no le fue mal: Getafe, Atlético y selección española. Luego el argentino, como hizo su padre antes, colgó las botas y se dedicó a las carreras de coches. Del otro Pernía sabemos poco, aunque todavía se deja ver por Cantabria bajando la mirada cuando nota que alguien le observa fijamente. Su autogol será eterno.

Fran Díez

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