viernes, 6 de abril de 2018

La presión de Pouso: Muerte en La Maruca



Carlos Pouso siempre llamó la atención en las ruedas de prensa. Es una máquina de titulares y chascarrillos. El técnico vasco-gallego maneja un refranero particular muy especial capaz de dejar con la boca abierta a un auditorio, arrancar carcajadas o indignar a media afición.

No a todos los aficionados les gusta. Utiliza un lenguaje muy directo, a veces hasta chabacano. Dice claro lo que le interesa y guarda bien sus cartas. Desde luego en un vestuario es un gran motivador. Las ortigas en las partes íntimas quedarán para siempre en el acervo del racinguismo.

Hoy el entrenador del Racing habló durante 25 minutos a los medios en la rueda de prensa previa al partido en Villaviciosa. Cuestionado por la presión ambiental que se vive en el club santanderino Pouso lo tiene claro, lo entiende y no tiene nada que ver con la que se vive dentro: “Nunca he estado en un club tan grande como el Racing. Nunca. La gente me habla de Benayoun, de Aitor Aguirre, de Maguregui y de Marcelino… Ya, pero estamos en Segunda B. Ya sé que si estuviéramos en Primera no estaríamos ninguno en el equipo. Y esa gente tiene razón y tiene en la retina toda esa historia. Nosotros tenemos que luchar por devolver al Racing un peldaño más arriba de donde estamos. La presión de fuera la entiendo, cuando perdemos un partido tengo ganas de atarme una piedra al cuello e irme a La Maruca en marea alta y que no se sepa nada más de mí. La vida del entrenador no es una vida de rosas, con lo que bien que estaba yo en mi despacho en Logroño… Alguno dirá que ya me podía haber quedado allí, cabrón. pero me muevo por impulsos e ilusión y voy a morir en el intento de ascender con el Racing”.

El técnico siguió desgranando ese factor de la presión externa, que comprende, pero su exigencia personal va todavía más allá: “Nunca he estado en un club con 8.000 socios y menos en Segunda B, ni con el Mirandés en Segunda A. ¿Cómo no va haber presión? Ya lo sabía. Esta afición me merece veneración… ¿Cómo no iba a venir aquí? ¡Sí es que no me va a volver a llamar el Racing en la puñetera vida! Yo mato por ellos y con toda la ilusión del mundo, con la montera, dos cojones y la bandera de Tafalla… Igual hemos empeorado en resultados, admito la culpa”.

Con vehemencia Pouso reconocía que “ha entrenado a grupos con más agresividad” y que eso es “algo que va en el carácter de los futbolistas, aunque hemos mejorado en ese aspecto pese a que todavía somos a la hora de quitar la pelota al rival algo blandos”. El técnico se echa todas las culpas:  “El número uno de todo lo malo  soy yo, el entrenador siempre se tiene que sentir el responsable de todo lo malo y en la victoria uno más. El grupo tiene ganas de sacar esto adelante”.

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