viernes, 15 de junio de 2018

Un cántabro en el Mundial de 1938


Cuando se enumera a los futbolistas cántabros que han disputado una fase final de un Mundial quizá haya faltado siempre uno: Tomás Fernández Ruiz. Este centrocampista participó con la selección de Cuba en el Mundial de Francia de 1938 y además marcó un gol decisivo.


Es más que probable que naciese en Santander, pero no hay apenas datos sobre su vida o son contradictorios. Explicamos sus más que probables orígenes cántabros y logros futbolísticos.

Debido a los estragos de la Guerra Civil y al aislamiento internacional en el que quedó sumido el país a causa régimen franquista, España no participó en aquella cita mundialista organizada por los galos, pero sí que hubo varios futbolistas españoles que jugaron aquel torneo con la selección cubana. Es una historia muy desconocida que revelaba Fernando Arrechea en ‘Cuadernos de fútbol’ en 2014.

Ha sido la única participación en un Mundial de Cuba y la primera de un país caribeño. Su clasificación tuvo poca épica, ya que la lograron porque el resto de selecciones renunciaron a participar como medida de protesta y apoyo a Argentina, que iba a ser la sede del evento aquel año. Jules Rimet se saltó la rotación Europa-América prometida inicialmente para los Mundiales –Italia había acogido la edición anterior– y se decantó por su país en una decisión controvertida… Solamente Brasil y Cuba rompieron este boicot americano y acudieron a Europa.

La selección caribeña estaba principalmente formada por jugadores de clubes fundados por españoles: el Centro Gallego, la Juventud Asturiana, el Iberia y el Hispano América. Los cuatro de La Habana. El gallego José Tapia, nacido en Vigo, ejerció de entrenador. Cabe recordar que Cuba había sido una provincia española hasta su independencia en 1898.

La expedición viajó a Nueva York desde La Habana y desde allí a Francia. El viaje de regreso a América lo hicieron nada menos que en el famoso transatlántico Queen Mary.

El control de registros aduaneros de Nueva York es el que ha permitido conocer a los futbolistas nacidos en España, aunque tuviesen nacionalidad cubana todos ellos.



Entre los futbolistas figura Tomás Fernández –Thomas en la lista del Queen Mary– nacido en Santander según el registro del barco SS Orizaba –en la travesía de ida– y en San Sebastián, según los datos que figuran en el Queen Mary. Son errores típicos de la época y el mismo aduanero que escribió Thomas en lugar de Tomás pudo “simplificar” Santander escribiendo San Sebastián.

Su edad también varía de un registro de embarque a otro, 30 y 28 años. En otras fuentes, de la propia expedición cubana, aparece con 22 años e incluso con 21. Los apellidos Fernández Ruiz y el nombre, Tomás, parecen más cántabros que vascos, pero tampoco hay muchos más datos para asegurar que realmente era santanderino, aunque en Cuba sí que se cree que era montañés y no vasco. De hecho, indagando en la Casa de Cantabria de La Habana aparece entre sus socios –todavía viva en 2014– una anciana natural de Cantabria llamada María Fernández Ruiz. Seguramente hermana menor de Tomás. Revisando listados de vascos en Cuba no figura ningún Tomás Fernández Ruiz ni nadie con esos apellidos. Por eso resulta prácticamente seguro afirmar que el futbolista era cántabro y no guipuzcoano… Ya si era nacido en Santander ciudad o en otra localidad del resto de la región es misión complicada de averiguar debido a que entonces la capital daba nombre a toda la provincia.


En aquellos años era algo común en los listados de embarque este baile de fechas y lugares de nacimiento, por ejemplo a Manuel Berges, otro de los futbolistas de la selección antillana, le dan como nacido en Vigo y en Barcelona. “Los errores y erratas en nombres de personas y localidades eran habituales en la época en estas listas y dependían del oído, la cultura general o la rigurosidad de la persona que tomaba los datos. Pero es improbable el error en el nombre del país de nacimiento, por ello podemos aportar como exclusiva que tanto el seleccionador cubano en Francia 1938 José Tapia como tres o cuatro de los jugadores (Fernández, Bergés, Chorens y la duda de Arias) habían nacido en España. Todos los jugadores pertenecían a clubs vinculados a la emigración española a la isla”, relata Fernando Arrechea.

Tomás Fernández habría nacido en 1908, 1919, 1915 o 1916 en Santander según los diferentes registros. Poco más se sabe de su trayectoria y no figura en equipos montañeses de la época. Tampoco en los donostiarras. Si emigró joven es algo lógico y hay casos parecidos también en el fútbol cántabro, por ejemplo el de Fabri Salcedo. Este delantero triunfó en el soccer más primitivo y entró a formar parte del Museo de la Fama de este deporte en Estados Unidos. Salcedo nació en Santander en 1914 y se marchó a Nueva York con 15 años, por tanto no llegó a jugar a cierto nivel en España. El caso de Tomás Fernández podría ser similar, aunque sí pudo estar en un Mundial, algo que le faltó a Salcedo y que pudo haberle dado un mayor reconocimiento internacional.

Alineación del Club Deportivo Centro Gallego

Tomás jugaba de centrocampista y t
enía regate, gol, velocidad y buen disparo. Era el lanzador de penaltis de la selección. Militaba en el Club Deportivo Centro Gallego, que antes del Mundial se había proclamado campeón de Cuba. Era el club más potente de esos años en la isla centroamericana, ganó el campeonato de manera consecutiva desde 1937 a 1950. Ya en 1930 aparece un Tomás Fernández en las alineaciones del equipo jugando junto a Pepe Tapia, el gallego que luego sería seleccionador en Francia. Ese año jugó por primera vez la selección cubana con motivo de los II Juegos Centroamericanos, aunque el cántabro no formó parte de ella. Seguramente todavía sería demasiado joven. Se estrenaron ante Jamaica y vencieron 3-1. También ganaron 7-0 a Honduras y a Puerto Rico 2-1 en la final. En aquella época había afición al balompié en Cuba y los conjuntos locales se medían en amistosos contra clubes de Europa y América de igual a igual. En 1931 Tomás jugó en México ante el Nexaca y doblegaron a los aztecas 0-3. En el verano de 1937 en un amistoso ante la selección de Bogotá Tomás anotó cuatro goles en el segundo tiempo. El partido acabó 2-7. En este enlace tiene una magnífica historia del fútbol cubano de aquellos años.

Una curiosidad, en agosto de 1931 visitó Cuba el Racing Club de Madrid con la intención de jugar tres partidos, pero al final disputó solamente dos al negarse el Centro Deportivo Gallego a jugar el choque contra los madrileños. Aquella gira terminó costando la desaparición al conjunto de la capital de España.



Pero volvamos al Mundial de Francia 1938. Allí la selección de Cuba fue una de las sorpresas del certamen ya que superó la primera ronda, algo con lo que pocos contaban eliminando a una curtida Rumanía. Eran eliminatorias directas, sin margen de error.
El tiempo reglamentario se agotó con empate a dos en el marcador. Bindea había adelantado a los rumanos y Héctor Socorro empató la contienda. Después los centroamericanos se pusieron por delante gracias a un tanto de Magriñá y Baratky logró el milagro de disputar la prórroga. En el minuto 103 Socorro volvió a poner por delante a los caribeños, pero casi de forma inmediata Stefan Dobay niveló el marcador. El reglamento ordenaba disputar otro partido completo cuatro días después. Rumanía logró marcar primero, pero después Socorro y Tomás Fernández dieron la vuelta al resultado. El cántabro anotó el gol decisivo en el minuto 58.

Tras vencer a los rumanos con un juego vistoso, los cubanos se convirtieron en favoritos en la siguiente ronda y en el combinado revelación. 
El desgaste le pasó factura a Cuba tenía menos futbolistas de los 20 permitidos y en la fase de cuartos de final, fueron goleados por la selección que a la postre terminó en cuarto lugar, Suecia, que no había tenido ni que jugar el primer encuentro ante Austria, ya que los centroeuropeos no habían podido acudir a causa de la anexión nazi de su territorio. El marcador final fue un escándalo, 8-0, pero es que además del cansancio los caribeños se enfrentaron a un enemigo inesperado: la lluvia. El terreno de juego del Stade de Fort Carree de Antibes era un barrizal y eso perjudicaba especialmente a los antillanos, que practicaban un juego de pases cortos y rasos. Todo el infortunio se cebó con los cubanos. Bolillo se retiró lesionado y no había sustituciones y Tomás Fernández no convirtió un penalti, que atrapó el guardameta nórdico, Abrahamsson.

“Sucedió algo que no esperábamos, llovió mucho y el campo se inundó. No estábamos acostumbrados a eso, nos resbalamos una y otra vez, y terminamos perdiendo 8-0”, recordaba Juan Tuñas para la FIFA en 2010.
Al volver a Cuba la selección tuvo un gran recibimiento. Eran héroes. Allí les esperaba también el famoso Euzkadi, el fabuloso conjunto de exiliados vascos que contaba con Lángara, Blasco, Luis Regueiro, Ángel Zubieta –hermano de Santi, que jugó en el Racing– o el también exracinguista Larrinaga. Perdieron 0-4 agotados por el viaje y el Mundial.  Tomás no jugó. Sí lo hizo en otro duelo ante el Euzkadi con el Centro Gallego y en ese ganaron los isleños 4-2. El primer gol lo logró el cántabro de penalti.


Fran Díez

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