jueves, 17 de mayo de 2018

Los Pulpi de Madera 2018


Con el final de la temporada llegan nuestros premios Pulpi, sin galardón ni euros en metálico, destacando lo mejor y lo peor de la campaña. Tres cosas positivas para los Pulpi de Oro y tres cuestiones negativas para los Pulpi de Madera…


Planificación deportiva
Repetir y repetir errores resulta inaceptable y desesperante. El Racing volvió a estrellarse contra las mismas piedras de campañas anteriores, pero a más velocidad. Se confeccionó otra vez una plantilla descompensada sin delantero centro, exceso de centrocampistas, falta de centrales y con un único lateral izquierdo. Se realizaron fichajes incompresibles y con la cantera se contó de manera testimonial. El fracaso deportivo empezó en la pretemporada. Viadero comenzó lastrado por la campaña anterior y el relevo que le dio Pouso tampoco funcionó bien.

‘Los retornados’ parece un título de serie mala de Netflix y podría rodarse con Juanjo, Álex García, Antonio Tomás y Rivero. A todos ellos se les firmaron contratos largos, algo poco habitual en Segunda B, y que se había evitado realizar tras la liberación del club por consejo de Quique Setién. Ahora el Racing tiene una carga extra enorme con futbolistas cántabros que no han rendido lo esperado y que continúan… Un problema para las dos partes.

La temporada pasada el equipo se había reforzado con oro, incienso y mirra en Navidad. Los aficionados racinguistas degustaron los goles de Abdón Prats, el golpeo de balón de Santi Jara o el oportunismo de Carlitos Álvarez. El mercado invernal de esta campaña ha sido calamitoso. Ni el cedido Franco Acosta ni Adán Gurdiel han logrado mejorar lo que había. En el caso del berciano además se incendió el vestuario con el despido de Córcoles y al final, el lateral nuevo fue pagano de una manera de hacer las cosas nefasta e inapropiada. La mala planificación deportiva en un club de fútbol hace naufragar la nave por muy bien que controlen el resto de aspectos de la empresa.

Enfrentamientos y desunión
El racinguismo estaba unido e ilusionado, pero esta temporada se ha perdido el espíritu de la liberación de entidad y han regresado los fantasmas y los malos rollos, los enfrentamientos y la guerra de guerrillas. La espiral de desconfianzas y conspiranoias ha vuelto con fuerza. Jugadores realizando cortes de manga a la grada, vestuario con bandos, capitanes a su aire, insultos varios, declaraciones fuera de lugar, ortigas por las pelotas, una grada contra el director general y una larga lista de pequeñas batallas. Del barco de Chanquete no nos moverán… Hasta que explote. Los malos resultados fueron gasolina para esas pequeñas hogueras. Un ambiente nada sano, que es, sin duda, una de las peores cosas de este curso que acaba. Los incidentes en Barakaldo pueden resumir este entorno de volcán hawaiano a punto de erupcionar.


Hartazgo de la Segunda B
Al principio todo tenía un puntito divertido en el infrafútbol: los viajes exóticos rural-chic, jugar a campeón, los pinchos baratos y los campos de barro en vetustos estadios con sorteo de jamón al descanso. Este verano hay que hacerse a la idea de una cuarta temporada consecutiva en Segunda División B –quinta en seis años– y el asunto ha perdido la gracia. Muchos hinchas fieles aseguran ahora que no repetirán como abonados...

Firmar con escaso sudor y poca sangre la peor temporada de la historia del club santanderino en sus 105 años de historia echa para atrás a cualquier racinguista con más cabeza que corazón. Hubo una campaña, la 68/69, en la que el Racing no disputó fase de ascenso en Tercera –el equivalente a la actual Segunda B, aunque con ochos grupos de 20 clubes–, pero terminó segundo en el grupo y solamente se clasificaba uno para disputar el play-off de ascenso y fue un filial del Athletic muy potente. Ahora se ha quedado quinto en una división con menos nivel. El fracaso, la debacle, hará un daño enorme, un boquete gigantesco, en el racinguismo más allá de un puesto y unos números en una tabla.

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